sábado, 17 de junio de 2017

Robando el Fuego del Cielo XX

Por Stephen Mace
(Traducido por Manon de Stealing the Fire from Heaven)

XXIII. El Ritual del No Nacido

A lo largo de este ensayo, la magia que hemos ofrecido ha sido extremadamente individual, con leyes solo del æon y la psique para guiar el enfoque personal de cada hechicero. Por ello puede parecer extraño para mí escribir sobre un ritual tan gastado como lo es el No Nacido –más aún ya que tiene al menos 2000 años de antigüedad y fue muy querido por Mathers, Crowley y todos sus camaradas rosacruces. Lo hago así porque funciona. El Ritual del No Nacido funciona tanto porque su estructura está bellamente armonizada para producir el necesario efecto psíquico, como porque es tan antiguo como es. Su antigüedad le da un cierto aire venerable y también nos asegura que no necesitamos adoptar el enfoque rosacruz del mismo como dogma. Puedes estar seguro de que el antiguo alejandrino que lo escribió, o copió de un texto incluso más antiguo, no sabía nada de Christian Rosenkreutz –ni de Qabalah, la cual no se había inventado todavía. Así que igual que la gente del tipo Aurora Dorada adaptaron el Ritual del No Nacido a sus propósitos, podemos hacerlo encajar con los nuestros, ya que nos da lo que la persona que recorre este sendero necesita: una forma de mantener a sus espíritus obedientes y en su lugar.
Aunque los orígenes del Ritual del No Nacido se extienden hacia atrás al Egipto helénico, el texto no fue conocido entre los ocultistas europeos hasta 1852, cuando Charles Wycliff Goodwin publicó una traducción de él en su Fragment of a Graeco-Egyptian Work upon Magic. Unos cuarenta años después el rito fue parcialmente reimpreso por E. A. Wallis Budge en su Egyptian Magic, y de esta forma atrajo la atención de los miembros de la Aurora Dorada. Aleister Crowley lo adaptó para usarlo como una invocación preliminar para su Lesser Key of Solomon: Goetia, y haciéndolo así transformó una pieza indigesta de erudición en un hechizo que huele a poder.
Conforme Crowley avanzaba en su carrera mágica, encontró que esta “Invocación Preliminar del Goetia” era de gran efecto práctico, especialmente para el propósito de invocar al Santo Ángel Guardián de uno. Mientras adquiría más experiencia con él, Crowley adaptó aún más el ritual dándole a sus largas cadenas de intraducibles “nombres bárbaros de evocación” atribuciones qabalísticas, y también escribió un comentario línea a línea sobre los varios estados mentales que deberían establecerse conforme uno se desplaza a través de su media docena de fases. Todo esto lo publicó bajo el título Liber Samekh, que es el Apéndice IV de Magick in Theory and Practice.
En este punto algunos de vosotros podríais estar preguntándoos “¿Quién lo necesita?” Después de todo, cualquier hechicero que use el método de Spare será capaz de hacer contacto con su Ángel a través del uso de sigilos, dibujo automático y letras sagradas, así que ¿por qué molestarse con el No Nacido? Dos razones: 1) aporta una unión más intensa con el propio Ángel de la que por otra parte sería posible, y 2) sirve como herramienta para llamar a los poderes psíquicos para inspección, sometiéndolos a la disciplina de la voluntad de uno. Es este segundo propósito el que es más relevante para la técnica de Spare. Mientras que un mago qabalístico empieza su trabajo con toda su cadena de mando espiritual en buen orden –dioses gobernando a arcángeles, arcángeles sobre ángeles y así hacia abajo hasta las inteligencias y espíritus– y solo necesita introducirse a sí mismo y tomar su propio lugar en ella, el que trabaja esta magia debe organizar su caos personal sin ayuda, y necesita toda herramienta que pueda conseguir. Por ello doy el Ritual del No Nacido tal y como aparece en Liber Samekh. El rito en sí es intencionado, mi comentario no. El texto empieza con el pacto:

Yo te invoco, el No Nacido.
A ti, que creaste la Tierra y los Cielos.
A ti, que creaste la Noche y el Día.
A ti, que creaste la oscuridad y la Luz.
Tú eres ASAR UN-NEFER (“Yo mismo hecho Perfecto”),
A quien ningún hombre ha visto en ningún tiempo.
Tú eres IA-BESZ (“la Verdad en la Materia”).
Tú eres IA-APOPHRASZ (“la Verdad en Movimiento”).
Tú has diferenciado entre lo Justo y lo Injusto.
Tú hiciste al Macho y a la Hembra.
Tú produjiste Semillas y Fruto.
Tú hiciste que los Hombres se amasen unos a otros, y se odiasen unos a otros.

Yo soy ANKH-F-N-KHONSU tu Profeta, A Quien Tú confiaste Tus Misterios, las Ceremonias de KHEM. 
Tú produjiste lo húmedo y lo seco, y lo que nutre a toda la Vida creada. 

Óyeme, porque yo soy el Ángel de PTAH-APO-PHRASZ-RA: este es tu verdadero nombre, transmitido a los Profetas de KHEM.

El pacto en un ritual define el poder a ser invocado, identifica al hechicero, y afirma su derecho a invocarlo. Al aplicar el epíteto “El No Nacido” a su Ángel, Crowley lo identifica con lo Superior –sea que a esto lo llames Dios, Ain Sof, Kia o Tao. Con las tres siguientes líneas el Adepto declara que su Ángel creó el Universo para servir a su Autorrealización, y la quinta lo define como él mismo hecho perfecto. Pero ya que esto solo es un título para el Ángel, Crowley aconseja que tan pronto como el Adepto conozca el verdadero nombre de su Ángel, debería sustituirlo aquí en lugar de ASAR UN-NEFER.
El mismo pensamiento se aplica a las palabras ANKH-F-N-KHONSU y KHEM. En la traducción original de Goodwin “Moisés” es dado como el nombre del mago e “Israel” como la fuente de los misterios. Crowley sustituye ANKH-F-N-KHONSU como un nombre para sí mismo y KHEM como el antiguo nombre de Egipto, reflejando el trasfondo egipcio del Liber Legis. Yo personalmente uso uno de mis propios nombres mágicos en lugar de “Moisés” y “Kia” en lugar de “Israel”, reflejando así mi tendencia hacia Spare.
PTAH-APO-PHRASZ es una elaboración de ASAR UN-NEFER y puede ser tratado de acuerdo al Adepto que posee un arsenal bien surtido de letras sagradas.
Las siguientes cuatro secciones empiezan cada una con un mandato seguido por una lista de nombres bárbaros. Destinados estos a inflamar la mente del mago con poder, y después de cada conjunto viene una “Carga” a ese poder, el mandato del propio hechicero dirigido a él. Para el registro lo daré todo como Crowley, aunque sin su interpretación de los nombres. Mientras lo hojeas, intenta tener en cuenta que estas cuatro secciones son las que más se abren a la adaptación personal. Crowley las atribuye a los Cuatro Elementos –Aire, Fuego, Agua y Tierra respectivamente– e interpreta los nombres bárbaros de acuerdo a los mismos. En mi versión personal descarté los nombres bárbaros por completo y los sustituí por mis letras sagradas –ordenadas estas en cuatro categorías. Pero más sobre ello más adelante.
Crowley empieza con Aire:

Óyeme:–
AR, ThIAF, RhEIBET, A-ThELE-BER- SET, A, BELAThA, ABEU, EBEU, PhI-ThETA-SUE, IB, ThIAF
Óyeme: y haz que todos los Espíritus se sometan a Mí, de modo que todo Espíritu del Firmamento y del Éter, sobre la Tierra y bajo la Tierra, sobre Terreno seco y en el Agua, del Aire en Torbellino y del Fuego que se precipita, y todo Hechizo y Azote de Dios Me guarde obediencia.

Y después va el Fuego:

Yo Te invoco, Dios Terrible e Invisible: Que moras en el Lugar Vacío del Espíritu:–
AR-O-GO-GO-RU-ABRO, SOTOU, MUDORIO
PhALARThAO, OOO, AEPE.
El No Nacido.
Óyeme: y haz que todos los Espíritus se sometan a Mí, de modo que todo Espíritu del Firmamento y del Éter, sobre la Tierra y bajo la Tierra, sobre Terreno seco y en el Agua, del Aire en Torbellino y del Fuego que se precipita, y todo Hechizo y Azote de Dios Me guarde obediencia.

Después Agua:

Óyeme:–
RU-ABRA-IAF, MRIODOM, BABALON-BAL- BIN-ABAFT, ASAL-ONAI, AphEN-IAF, I, PhOTETh, ABRASAX, AEOOU, ISChURE. 
¡Podero y No Nacido!
Óyeme: y haz que todos los Espíritus se sometan a Mí, de modo que todo Espíritu del Firmamento y del Éter, sobre la Tierra y bajo la Tierra, sobre Terreno seco y en el Agua, del Aire en Torbellino y del Fuego que se precipita, y todo Hechizo y Azote de Dios Me guarde obediencia.

Y finalmente Tierra:

Yo Te invoco:
MA, BARRAIO, IOEL, KOThA, AThOR-e-BAL-O, ABRAFT. 
Óyeme: y haz que todos los Espíritus se sometan a Mí, de modo que todo Espíritu del Firmamento y del Éter, sobre la Tierra y bajo la Tierra, sobre Terreno seco y en el Agua, del Aire en Torbellino y del Fuego que se precipita, y todo Hechizo y Azote de Dios Me guarde obediencia.

Como debería ser obvio para cualquiera que pueda contar, el rasgo más conspicuo en todas estas es la Carga: “Óyeme: y haz que todos los Espíritus se sometan a Mí, de modo que... todo Hechizo y Azote de Dios Me guarde obediencia”. Y aunque pueda ser tedioso leerlo cuatro veces, contiene poder, especialmente cuando estás en el astral (donde se debe realizar este ritual) e imponiendo los nombres bárbaros sobre cualquier espíritu al que hayas dado a luz. Si puedes mantener tu voluntad en la Carga, vibrando cada palabra con absoluta concentración e intención, entonces los espíritus estarán atados a ella, sujetos a tus deseos dentro de los límites de tu voluntad.
Podría ser útil si ofreciera algo de lo que Crowley escribió sobre cómo atraer a estos espíritus a una posición en la que la Carga pueda afectarles directamente. Crowley aconseja que el Adepto asigne su voluntad a una forma fálica y después la lance más allá de su círculo astral, brillando con “la Luz apropiada al Elemento invocado”. Conforme pronuncia cada palabra, el sonido debería correr a lo largo de la vara para que se expanda en el éter y adquiera “autoridad” añadida. “Además, que el Adepto arroje toda su consciencia allí. Después, en la Palabra final, que traiga de vuelta su voluntad hacia su propio interior, fluyendo constantemente y que se ofrezca a sí mismo en su punto, como Artemisa a PAN, que esta concentración perfectamente pura del Elemento le purgue por completo, y le posea con su pasión”. Así, en unidad con el Elemento, el Adepto pronuncia la Carga, afirmando dominio sobre él y toda la libertad y responsabilidad que va con él.
Pero no estamos trabajando en términos de los cuatro Elementos aquí, o al menos yo no. Personalmente encuentro que Fuego, Agua, Aire y Tierra son tan arbitrarios como el Árbol de la Vida, por lo que tienen poco que ver con mi alfabeto del deseo.
Incluso así, encontré la división en cuatro útil. Pero en lugar de los cuatro Elementos, ordené mis letras sagradas en cuatro categorías generales: 1) estructuras de mi inconsciente, 2) poderes pasivos, 3) poderes activos y 4) aspectos del mundo externo. En cada una de estas secciones en el rito llamaba a uno de estos grupos –vibrando los nombres y visualizando las letras– y una vez sentía la presencia del poder, usaba otra letra para reunirlos para la Carga. Así ataba mis diversos aspectos –poderes positivos y demonios por igual– bajo el único mandato de mi voluntad, poniéndome en disposición para poder ser digno de invocar la bendita singularidad de mi Ángel. 
La invocación del Ángel ocupa el resto del rito. Empieza con otra lista de nombres.

Óyeme:–
AFT, ABAFT, BAS-AUGMN, ISAK, SA-BA-FT.

Crowley nos dice que el mago debería recitar estos nombres a manera de adoración, no de mandato. Expande su voluntad hacia arriba, pero con la última palabra no la trae de vuelta. En su lugar imagina que en “la Cabeza de su Voluntad, donde su consciencia está fijada, se abre una fisura (el Brahmarandra Cakkra, en la unión de las suturas craneales) y exuda una gota de claro rocío cristalino, y que esta perla es su Alma, una ofrenda virgen a su Ángel, exprimida de su ser por la intensidad de su Aspiración”.
Para el poseedor de un alfabeto del deseo, el problema aquí es la composición de una secuencia para reemplazar a los nombres bárbaros. Quizá lo mejor sería simplemente que preguntara a su Ángel (en entrevista iniciada a través de un medio como el que ofrecemos en el Capítulo XV) para describir (en términos de letras sagradas) Su concepción de la conexión entre el Ángel y el Hombre. Después el hechicero puede disponer los nombres de las letras en un canto mántrico que pueda colocar en esta sección para repetir mientras se esfuerza en elevarse, su figura astral en la forma de la letra sagrada de su Ángel. Debería seguir intentándolo hasta que empiece a sentir la presencia de su Ángel. Debería entonces solidificar esta percepción recitando la siguiente sección del rito:

Este es el Señor de los Dioses,
Este es el Señor del Universo,
Este es Él, a quien los Vientos temen.
Este es Él, Que habiendo hecho la Voz de Su mandato es Señor de todas las Cosas; Rey, Gobernante y Auxiliador.
Óyeme, y haz que todos los Espíritus se sometan a Mí, de modo que todo Espíritu del Firmamento y del Éter, sobre la Tierra y bajo la Tierra, sobre Terreno seco y en el Agua, del Aire en Torbellino y del Fuego que se precipita, y todo Hechizo y Azote de Dios Me guarde obediencia.

Los “Dioses” son los espíritus que componen la psique del Adepto. El “Universo” es todo fenómeno “externo” que pudiera imponerse a sí mismo sobre sus circunstancias. Los “Vientos” son sus pensamientos aleatorios, el “Yo” corriente que le mantiene encerrado en su existencia separada. La “Voz” es el medio para las palabras de poder –las letras sagradas– que el Ángel usa para manipular los varios mecanismos de manifestación, y que el Adepto puede usar para hacer su voluntad en la psique y, a través de ella, en el mundo.
La Carga se pronuncia en un tono de súplica, no de mando, y la voz del Adepto debería ser humana, no una vibración mágica.
Si el rito ha sido adecuadamente realizado, el Adepto debería ahora estar en la presencia de su Ángel (especialmente si ya se ha familiarizado con él a través de los sigilos y las letras sagradas y por ello ya conoce Su nombre), y la energía de esta presencia debería ser inmensa. Para elevar la intensidad, Crowley sugiere que el Adepto debería resistir el acercamiento a su Ángel hasta la última onza de fuerza, encerrándose dentro de su más íntimo santuario de la personalidad, debiendo así su Ángel destruirlo para acercársele, rodando sobre su ego con todo su poder. Mientras él se encuentra así sobrecogido, debería empezar a pronunciar el último conjunto de nombres bárbaros, que Crowley da así:

Óyeme:–
IEOU, PUR, IOU, IAFTh, IAEO, IOOU, ABRASAX, SABRIAM, OO, FF, AD-ON-A-I, DE, EDU, ANGELOS TON ThEON, ANLALA, LAI, GAIA, AEPE, DIATHARNA THORON.

Crowley interpreta estos como siendo una celebración de la unidad del Hombre con el Ángel, si usas letras sagradas, deberían significar lo mismo. De nuevo, deberías repetirlas como un mantra que no deja espacio para nada sino la Sagrada Unión.
Cuando la unión es completa, el Adepto tendrá la perspectiva de su Ángel, y por lo tanto será capaz de hablar desde su punto de vista. El rito continúa:

¡Yo soy Él! ¡El Espíritu No Nacido! que tiene vista en los pies, ¡Fuego Fuerte e Inmortal!
¡Yo soy Él! ¡La verdad!
¡Yo soy Él! ¡Quien odia que el mal haya sido obrado en el Mundo! 
¡Yo soy Él, que truena y relampaguea!
¡Yo soy Él, de quien Llueve la Vida sobre la Tierra! 
¡Yo soy Él, cuya boca siempre llamea!
¡Yo soy Él, el que Crea y se Manifiesta en la Luz!
¡Yo soy Él, la Gracia de los Mundos!
“El Corazón Ceñido con una Serpiente” es mi nombre.

El Adepto afirma su inmortalidad intrínseca, su libertad y su poder. Afirma que como dueño de su psique es dueño de su percepción y por ello puede ver la verdad. Afirma que es su deber redimir al mundo, a través de cualquier poder que su voluntad pueda permitirse. Afirma su unidad con la fuente de toda creación, y por lo tanto de toda creatividad y belleza. Desde esta posición es capaz de pronunciar la Carga de cierre a todos sus espíritus:

Ven aquí y sígueme: y haz que todos los Espíritus se sometan a Mí de modo que todo Espíritu del Firmamento y del Éter, sobre la Tierra y debajo de la Tierra: dentro del agua y sobre Terreno seco: del Aire en Torbellino, o de Fuego que se precipita, y todo Hechizo y Azote de Dios, Me guarde obediencia!
IAF, SABAF
¡Tales son las palabras!

Así tenemos el texto del Ritual del No Nacido y un relato de los efectos que este texto debería producir en la mente del Adepto mientras hace su camino a través del mismo. Pero los textos rituales no se mantienen por sí mismos, si lo hicieran, cualquiera que pudiera leer en alto sería omnipotente. El que recite el texto debe usarlo no como un fin último, sino como un apoyo para inducir los estados mentales que producen la magia real.
Por ello el que pronuncia el hechizo debe ser competente. Debe ser, como Crowley lo califica, un Adepto. Cualquier hechicero principiante puede diseñar un sigilo y –después de un año o tres de yoga y tal– empezar a hacer viajes astrales y hacer evolucionar su propio alfabeto del deseo. Pero solo después de que se vuelva competente en todos estos, debería intentar un ritual como el No Nacido.
Cuando el Adepto siente que está preparado, debería empezar un intenso estudio del ritual, leyendo el tratamiento que Crowley hace del mismo en Magick e incluso excavando en la versión de Goodwin, si se es de persuasión académica. Una vez se haya familiarizado con lo que otras personas han hecho con él, debería adaptar el ritual a su propia situación, haciendo que todas sus partes sean relevantes para su realidad interior, incluso si es cuidadoso para mantener su efecto general. Debería memorizar dicho texto personalizado, marcando cada frase y palabra de poder en su memoria, porque el ritual debe hacerse en el plano astral, un lugar en el que no se puede seguir una copia impresa.
Con el texto firme en su mente y sus pies astrales bien calzados, el Adepto está preparado para comenzar. Inmediatamente antes de empezar debería lavarse, ponerse cualquier vestimenta u ornamento (túnicas, anillos, coronas, etc.) que tenga poder para él, ungirse con aceite y encender el incienso. Si es experimentado en su uso, puede que quiera fortificar su estado anímico con vino y extrañas drogas. Después debería desterrar, entrar en el astral y empezar la invocación. Cuando haya acabado de pronunciar “Tales son las Palabras”, dará licencia para partir a cualquier espíritu presente, desterrará, retornará a su cuerpo en espera y desterrará una vez más. Después debería escribir todo lo sucedido en su diario.
Por supuesto nuestro Adepto podría no tener un éxito completo en su primer intento, sus poderes necesitarán una instrucción a largo término. Y mientras impone esta disciplina, puede que descubra que tiene demonios dentro de él de los que era inconsciente. Entonces necesitará preguntar a su Ángel sus nombres y letras para poder atarlos, y también los nombres y letras de los poderes que podrían ayudarle a contraatacar sus influencias. Resumiendo, uno debe hacer una serie de ritos. Crowley recomendó 560 repeticiones extendiéndose a lo largo del tiempo de diez lunas. Yo he conseguido buenos resultados con una décima parte de ese esfuerzo, en más o menos la mitad del tiempo. Pero conocer el nombre de mi Ángel supuso una tremenda ventaja.
Pero todavía tenía problemas vapuleando a todos mis espíritus para ponerlos en línea, incluso después de tener sus nombres y letras. Eran demasiado revoltosos, estaban demasiado atrincherados, eran demasiado poderosos. Esta falta de disciplina era más obvia cuando intentaba imponerles la Carga. El “Óyeme: y haz que todos los Espíritus se sometan a Mí...” se resbalaba por mis labios, pero no podía mantener mi mente en él, por lo que mi voluntad no podía ser muy vinculante. Los poderes eran demasiado perturbadores. Así que estando por debajo de los cuarenta y en buena forma física, decidí arriesgarme a preceder mi No Nacido con la Postura de la Muerte. Esto funcionó maravillosamente bien, despojando a mis demonios de su importancia y forzándoles a permanecer sujetos a la Carga. Por otra parte, descubrí que usándola imponía una desagradable irregularidad en mi ritmo cardíaco. No importaba cuándo hiciera la Postura, al acostarme a dormir esa noche mi corazón empezaba a patear como un potro salvaje. Todo estaba tranquilo, difícilmente notaría mi pulso y entonces lub-dub... lub-dub... … … PUM-PUM-PUM-PUM  lub-du blub-dub lub-dub... … … PUM-PUM-PUM y así hasta que me hiperventilaba un poco y la cosa se calmaba. Por ello dejé de hacer la Postura de la Muerte después de la novena, y en una semana mi corazón volvió a la normalidad.
Pero incluso las meras nueve Posturas de la Muerte fueron suficientes para dar a la Carga una oportunidad para hacer efecto, y los demonios que se habían aquietado por la Postura de la Muerte seguían así incluso sin ella. Hice tres o cuatro No Nacidos más, después lo abandoné porque se estaba poniendo demasiado visto.
Es correcto dejar una práctica porque la has hecho y se está poniendo aburrida. Es cuando es difícil, o da miedo, o es aburrida porque no puedes hacerla que tienes que forzarte a seguir adelante. Es seguir adelante o volver atrás, y si vuelves atrás demasiado lejos puede verte atrapado en la más tediosa trampa de todas.


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