viernes, 9 de junio de 2017

Robando el Fuego del Cielo XIX

Por Stephen Mace
(Traducido por Manon de Stealing the Fire from Heaven)

XXII. La Ley

La ley es el gran baluarte contra el caos. Sea tribal, común, estatutaria o religiosa, la ley modera, conduce y preserva el orden, amortiguando el caos y evitando que nadie pise los dedos de otro. Dependiendo de cómo de bien la ley se adecue a las personas que regula, triunfará en ese intento. Cuando una cultura es segura, sus leyes son un mero bordado sobre un sólido tejido social. Cuando una cultura está en la agonía del cambio, sus leyes se vuelven por turno defectuosas, fútiles, fatuas y tiránicas. A la larga cada hombre y cada mujer –desde el más inferior al más superior– en algún sentido se convierte en un criminal, hasta que la autoridad se colapsa y un nuevo orden tiene la oportunidad de surgir.
Hubo un tiempo no demasiado lejano en el que la ley no era tan dudosa como lo es ahora. La ley era la forma de mantener el statu quo –el estado en el que la propiedad y la clase eran la señal del rango, y el rango era algo a ser perpetuado dentro de una familia a través de las generaciones. Las leyes que ordenaban esta organización eran invariablemente manejadas por ancianos hombres sabios: Moisés, Mahoma y Alberto Magno, Hamurabi, César y Napoleón Bonaparte, los Padres Fundadores. De una forma u otra todos establecieron o mantuvieron un orden social. La gente sabía su lugar, sabían cuándo estaban fuera de lugar, y sabían que todos los demás lo sabían también. Y así fue durante 5000 años.
Pero ya no. Económicamente, la revolución tecnológica se ha condenado a un espacio y ha logrado una órbita estable. Políticamente, los viejos imperios son solo estampas en álbumes y monedas en cajones de escritorios, e incluso los superpoderes parecen incapaces de mantener sus esferas de influencia intactas. En religión, todo está al extremo. Si eres cristiano, estamos entrando en los Últimos Días. Si eres marxista, las masas de todo el mundo se levantan para quitarse las cadenas. Si eres hindú, es el fin del Kali Yuga. Si eres judío ortodoxo, puede que esperes al Mesías pronto y si eres astrólogo, la Era de Acuario está justo a la vuelta de la esquina. Y si eres un hechicero, puede que pienses que es el advenimiento del æon de Horus.
Sé quien soy.
 
Sea como se mire, las viejas normas ya no sirven por más tiempo. Ni tienen mucha relevancia sobre cómo podemos vivir prudentemente nuestras vidas como hechiceros. El tiempo del patriarcado, de los ancianos sabios que nos dicen lo que hacer, ha terminado. Las cosas solo suceden con demasiada rapidez ahora como para conservarlas y si queremos sabiduría prudente, tendremos que encontrarla por nosotros mismos. A este fin ofrecemos la visión apocalíptica de Aleister Crowley, que realmente no es apocalíptica en absoluto, ya que solo anuncia un cambio de fase, no un fin de todas las cosas. La nueva fase requiere una nueva ley, que es lo que Crowley ofrece, y habiendo sido un hechicero tan significativo como él fue, nos corresponde al menos tenerla en consideración.
El advenimiento del æon de Horus fue anunciado por primera vez en abril de 1904. La anunciación fue hecha por Aiwass, una inteligencia no material y desencarnada que se manifestaba a través de una voz a Crowley, que estaba visitando el Cairo con su esposa embarazada, Rose. Esta anunciación no fue activada por algo que Crowley hiciera. Más bien, Rose insistió en que Horus tenía un mensaje para él, en el que le decía que debía invocarLe para recibirlo, dándole suficiente información simbólica como para convencerle de que algún poder superior estaba actuando a través de ella. Así que llevó a cabo sus instrucciones rituales y como resultado recibió el dictado del Liber AL vel Legis, el Libro de la Ley.
El Liber Legis consiste de tres capítulos, uno para cada uno de los tres dioses que gobiernan este nuevo æon: Nuit, el espacio infinito; Hadit, el punto de vista; y Heru-Ra-Ha, la consciencia, el orgasmo resultante de la unión de Nuit y Hadit. Heru es una deidad doble, con un aspecto activo y otro pasivo. El activo –voluntad o intención– es denominado Ra-Hoor-Khuit, que para los egipcios era una personificación del sol en su mayor calor. El pasivo –percepción– es Hoor-paar-kraat, el Niño en el Huevo, a quien los romanos llamaban Harpócrates, el dios del Silencio. Naturalmente Ra-Hoor toma la iniciativa al dictar el capítulo de Heru, aunque referencias a Hoor-paar-kraat pueden encontrarse a lo largo de todo el libro.
Pero no es nuestro propósito aquí ahondar en el profundo simbolismo interior del Liber Legis. Todo lo que haremos es ofrecer sus más fundamentales preceptos y mostrar que sirven como adecuadas guías para el hechicero mientras cae a través del Espacio Infinito.
1) “Cada hombre y cada mujer es una estrella”.

El modelo de las relaciones humanas en el nuevo æon es el de las estrellas en una galaxia. Cada una tiene su propio curso y movimiento, no hay estrellas jefe o instituciones estelares –ni gobiernos de las estrellas, por las estrellas y para las estrellas– para decirle al individuo que orbita cómo moverse. Lo que las estrellas humanas deben hacer es ganar la capacidad de percibir nuestros entornos humanos con la misma precisión desapasionada que las estrellas usan para responder a la gravedad de sus vecinas, y después aplicarla para guiar nuestro progreso a través de nuestro espacio humano.

2) “Hacer lo que quieras será el todo de la Ley”.

Entonces la ley para cada uno de nosotros es encontrar nuestros propios movimientos y seguirlos. Adhiriéndonos a nuestras órbitas respectivas, lo que Crowley llamó nuestra Verdadera Voluntad, estaremos en sincronía con el movimiento del Infinito, y todas las cosas –incluso el viento y los árboles– trabajarán para asistirnos.

3) “La palabra del Pecado es Restricción...“

No tienes otro derecho sino el de hacer tu voluntad. Hazlo y nadie se opondrá. Porque el puro querer, carente de propósito, liberado de la lujuria de resultado, es en toda forma perfecto. El Perfecto y el Perfecto son un Perfecto y no dos ¡no, no son ninguno!”

No tenemos más derecho que el de ser nosotros mismos, y esa es la mejor de nuestras habilidades. No tenemos derecho a alejarnos de nuestro poder en el alcohol, los deportes en la TV y el trabajo sin fin. No tenemos derecho a perder nuestras almas y la economía en una persecución sin sentido de la riqueza por su propio bien (como opuesta a la riqueza como premio a una vida productiva). No tenemos derecho a esperar que otros se conformen a nuestra idea de lo que deberían o no hacer con sus vidas. Pero una vez encontremos nuestras voluntades y las sigamos, no debemos temer a las interferencias. Si las circunstancias se nos oponen, tenemos el conocimiento seguro de que el impulso del universo está con nosotros, y solo necesitamos perseverar para ganar. Si se nos oponen individuos, personas bien conscientes de sus formas entrometidas, entonces el Liber Legis aprueba cualquier medio que pudiera ser necesario para eliminar su interferencia. Como dice Ra-Hoor en su Capítulo Tres:

4) “No temáis en absoluto, ni a hombres ni a Destinos, ni a dioses, ni a nada. No temáis al dinero, ni a la risa de gente loca, ni a ningún otro poder en el cielo o sobre la tierra o bajo la tierra. Nu es vuestro refugio así como Hadit vuestra luz, y yo soy la fortaleza, la fuerza, el vigor de vuestros brazos”.

Cuando encaramos una oposición directa y estamos seguros de nuestro fundamento y nuestro derecho a estar sobre él, podemos dejar que el poder de Ra-Hoor-Khuit explote contra ella con indiferencia del malestar de aquellos que golpea. Pero debe ser una oposición directa. Si es tu voluntad hacer ratoneras y alguien hace una mejor, para hacer tu voluntad debes trascenderte y a tus competidores para alcanzar nuevas alturas en el diseño de ratoneras. Pero no puedes conspirar para refrenar el negocio o sabotear las fábricas de tus competidores. Esto sería Restricción, la palabra del Pecado. De la misma manera, si quieres a una mujer (o un hombre), no puedes acosarla o conjurarla a sumisión. Por ello debes ser infinitamente sensible a lo que tu verdadero curso involucra, porque no tienes derecho sino a hacer tu voluntad.
Pero primero debes hallar lo que es.
Lo primero a considerar es que esto debe ser un esfuerzo. No hay nadie que te conozca mejor que tú, e incluso si alguien (digamos, tu madre) parece tener un mejor entendimiento de tu carácter que tú, eso cambiará tan pronto como empieces a usar las técnicas que damos aquí en Robando el Fuego del Cielo. Lo segundo es que puedes conocerte precisamente solo después de que hayas obtenido el Conocimiento y Conversación de tu Santo Ángel Guardián. Tu Ángel es el vínculo desde tu mente a la Mente de Dios, y solo cuando estás en comunión con ella (o él) sabrás precisamente lo que debes hacer para mantener tu equilibrio con el Todo Cósmico (o como desees llamarlo).
El tercer punto es que a menos que tengas algún indicio de antemano de lo que podría ser tu Verdadera Voluntad, nunca llegarás a encontrar a tu Ángel y mucho menos iniciar una conversación. Así que es necesario aproximarse al principio, para encontrar el ancho foso que se estrecha en el surco que se hace tan profundo que no podrías salir de él si quisieras, aunque no querrás porque el “puro querer, carente de propósito, liberado de la lujuria de resultado, es en toda forma perfecto”.
Y ¿cómo se empieza a bajar este foso?
Siendo tú mismo, principalmente, y descartando todos aquellos aspectos de tu vida que sean suficientemente placenteros, pero que no son realmente tú. Debes olvidarte de las burlas de tus colegas. Debes ser indiferente a los premios materiales que supones yacen al final de los varios senderos alternativos que puedes elegir. Pueden o no estar ahí, ya ves, e incluso si están, ¿en qué beneficia a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?
Una vez expulsado lo que no es tu voluntad, entonces, ¿cómo encontrar lo que es? Haciendo lo que te desafíe, encontrando lo que es divertido para ti y entonces haciéndolo. Cultivando el entusiasmo –que, incidentalmente, es una palabra cuya raíz griega significa ser inspirado o poseído por un dios. Según el Liber Legis, somos dioses y cuando hacemos nuestras voluntades nos comportamos como tales, y ganamos el derecho a reclamar prerrogativas divinas. Como Hadit nos dice:

5) “Recordad vosotros que la existencia es puro gozo, que todas las penas no son sino como sombras, pasan y concluyen, pero está aquello que permanece”.

Y también, del primer capítulo, lo que dice la diosa Nuit:

6) “Amor es la ley, amor bajo la voluntad”.

Debemos abrazar todo lo que encontremos mientras hagamos nuestras voluntades, no haciendo diferencia entre una cosa y cualquier otra cosa, y si estos hallazgos nos traen amor humano, podemos aceptarlo sin vacilación. Pero no podemos permitir que la integridad de nuestras voluntades sea emponzoñada por el sentimiento. Rendir lo que eres para gratificar a otro no solo es robarte a ti mismo el espíritu, sino cargar a ese otro con la responsabilidad de tu sostén emocional. A la inversa, rehuir aspectos del cuerpo de Nuit que encuentres en tu camino –sea el odio, la mojigatería, el miedo o el disgusto– es una tremenda debilidad. Cualquier cosa que encuentres, debes estar preparado para abrazarla, si esa es tu voluntad. Si no es tu voluntad debes abandonarla, no importa lo superficialmente atractiva que pueda ser. Si no puedes hacerlo, si tu visión está nublada por la lujuria hacia una cosa y la aversión hacia otra, tu pasión te sacará de tu sendero. Para fluir libremente a través de Nuit debes ser capaz de tolerar cualquier parte de su manifestación que pudieras encontrar, y ya que toda manifestación es parte de su exquisito cuerpo, debes volverte completamente desapasionado.

El problema es, hay muchos en este mundo que se toman sus pasiones y prejuicios muy seriamente, tan seriamente que se sienten privilegiados por determinar lo que es correcto para otras personas y después las fuerzan a conformarse a sus conclusiones. Desde padres que quieren que sus hijos se casen en sociedad, a políticos que prefieren que todos sus ciudadanos sean trabajadores heterosexuales que siguen la línea marxista-leninista, nosotros que buscamos nuestros verdaderos caminos tenemos a muchos que nos restringirían. Y mientras es prácticamente imposible ignorar su torpe mal, aun así es difícil oponerse a él. Si dudas esto, intenta vender el New York Times en Moscú, o enciéndete un porro mientras esperas a que un policía de tráfico te permita cruzar la calle. Las fuerzas de la restricción están luchando para mantener su versión del orden, y sus esfuerzos son apoyados por la fuerza de millones de voluntades. Es verdad que mucha de esta fuerza se ejerce por costumbre y no por convicción, pero aunque irregular puede aplicarse, aun así es demasiado potente como para que podamos confrontarla directamente. Incluso así, estas fuerzas son poderes del patriarcado y como tales van contra la corriente del nuevo æon, contra todo el movimiento del poder cósmico, que las romperá en trozos y las barrerá.
Por ello lo que Liber Legis ofreces es anarquía. Como toda anarquía, presume que la naturaleza humana es en última instancia benévola, aunque admite que en su presente estado está completamente corrupta. Con el fin de limpiarla, la hechicería ofrece disciplinas como las que hemos dado en Robando el Fuego del Cielo. Su aplicación llevará tiempo, sin embargo, por ello no propondremos ninguna de las opciones anarquistas tradicionales –lanzar bombas y similares. En su lugar sugerimos que cada persona empiece a buscar su propia Verdadera Voluntad y entonces, conforme comience a encontrarla, haga lo mejor que pueda sin consideración por la ley civil o la convención social. Hacer una oposición activa sería innecesariamente peligroso, ni Nuit ni Hadit ni Ra-Hoor-Khuit tienen nada bueno que decir de los mártires.
Otra razón para la no oposición violenta al viejo orden es que hay riesgos en la victoria así como derrotas. Las viejas formas nos protegen incluso mientras nos restringen y amenazan. Toma, como ejemplo, nuestra moderna organización económica. En su mayoría desanima la adquisición de poder en los individuos, simplemente porque sus mecanismos requieren engranajes complacientes y no hechiceros, esclavos en lugar de cazadores tras el poder. Por ello podemos ser tentados a derrocar esta organización en espera de construir algo más en tono con la nueva era. Esta es una buena motivación, pero los resultados del triunfo serían intolerables. No solo nuestra existente economía se alimenta, viste y ampara en los cientos de millones de personas que estarían muertas sin ella, sino que dependemos de ella para rechazar a extraños tiranos cuya lealtad al ídolo EL ESTADO mantiene toda libertad individual como un desacato. Ni, en el análisis final, los æones cambian de dichas formas catastróficas. Del segundo capítulo del libro, el de Hadit:

7) “¡Y es más! No creáis en el cambio: seréis como sois y no de otra manera. Por lo tanto los reyes de la tierra serán Reyes por siempre: los esclavos siempre servirán. Nadie será derribado ni levantado: todo siempre es como fue. Sin embargo, los hay enmascarados mis sirvientes: puede ser que ese mendigo sea un Rey. Un Rey puede elegir su ropa como desee: no hay una prueba segura, pero un mendigo no puede ocultar su pobreza”.

Por ello los capitanes de la industria no se preocupan por el relato de Hadit. El cambio en los æones no nos ha dado una raza intrínsecamente mejor de la humana. Ha cambiado meramente las normas por las que los humanos pueden mejorarse a sí mismos. Cuando un esclavo rehúsa servir, es cuando empieza a convertirse en un Rey. Pero los Reyes tienen que ganar sus tronos, y eso puede llevar años. Lo que la nueva ley hace es eliminar el sostén divino de las restricciones patriarcales y transferir ese sostén a la búsqueda individual de su propia individualidad. Su única barrera ahora es su propia concepción de lo que él es, y los hábitos de vida que la mantienen.
Por ello es claro que nuestra prescripción del cambio social es personal, haciendo la presencia del æon extremadamente subjetiva, existiendo como una realidad solo para aquellos que la han aceptado. Los otros permanecen esclavos, atados por cualquier remanente del patriarcado que todavía les mantenga en la esclavitud. La responsabilidad para iniciar la nueva era yace solo en cada uno de nosotros.
Lo que ofrecemos, entonces, es una selección natural. La Magia(k), en la definición de Crowley, es la ciencia y el arte de causar cambios que ocurran en conformidad con la voluntad. Por lo tanto todo el mundo es un mago, es solo que algunos tienen más habilidad en ello que otros. Esta habilidad puede aprenderse y Robando el Fuego del Cielo es uno de los muchos textos disponibles que ofrecen instrucción. El número de personas que desean obtener dicha pericia se ha multiplicado en recientes años, un signo obvio del advenimiento del nuevo æon. Podemos esperar que este número continúe creciendo y mientras lo hace estos competentes causantes de cambio, o al menos los efectos que ellos producen, deberían hacerse bastante patentes. A la larga deberían ser capaces de hacer evolucionar cualquier institución que la nueva era requiera –instituciones que no seré tan presuntuoso como para intentar describir. Solo digamos que si tenemos la habilidad, vendrá un tiempo en el que aquellos que siguen sus propios senderos equilibrados, serán una mayoría sobre el planeta. Cuando eso suceda –no importa qué tipo de cultura humana haya asumido– el poder en la raíz de todos nosotros, debería estar satisfecho y contento de que llegara a todos los que se molestaron por ponerlo en marcha en primer lugar.


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Este texto ha sido extraído de un libro muy interesante que te recomiendo que compres para tu biblioteca personal en el siguiente enlace:



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