sábado, 20 de mayo de 2017

Robando el Fuego del Cielo XVIII

Por Stephen Mace
(Traducido por Manon de Stealing the Fire from Heaven)

XXI. Problemas y Algunas Soluciones

Con el Sabbat de las Brujas tenemos la última de las técnicas mágicas de Robando el Fuego del Cielo. El técnico competente debería ser capaz de adoptarlas como son o si no, adaptarla a sus circunstancias y después usarlas para llevar a cabo su voluntad. Pero ¿qué queremos decir por competente?
Queremos decir alguien que tiene consciencia de sus pasiones internas (y a las que puede tender a dominar durante momentos de estrés), tiene control sobre sus propios pensamientos y la habilidad para mantener un pacto –establecer un curso de acción y llevarlo a cabo hasta su finalización.
Él (o ella) también necesita prudencia.
Para conocerse a sí mismo, controlar la mente y desarrollar la voluntad hay ejercicios. Para tener prudencia, está la Ley.
El conocimiento de sí mismo, por supuesto, es lo más difícil de todo, pero entre la proyección astral, el trabajo con los sueños, la meditación, la honestidad y la psicoterapia (para los casos especialmente difíciles y suculentos), deberías ser capaz de descubrir la fuente de cualquier punto doloroso existente en tu alma. Después solo será un caso de excavar la podredumbre durante un periodo de años, usando cualquier procedimiento que funcione para ti, esté basado en el sentido común o en los métodos de la magia. Suficiente es decir que los puntos dolorosos generalmente son quemaduras/reflejos de la infancia. Sea miedo, ira, culpabilidad o autocompasión, todos parece que tenemos al menos uno (he estado trabajando con la ira durante años), y no pueden ser ignorados. Carlos Castaneda los llama indulgencias, y ya sea que Juan Matus existiera o no, sus enseñanzas en Journey to Ixtlan y Tales of Power son relatos clásicos sobre cómo tratar con la indulgencia. Los recomiendo encarecidamente.
Otro acercamiento de valor aquí es trabajar con tus propios sueños, uno que recién estoy iniciando y por ello no intentaré explicar. Suficiente es decir que The Dream Game de Ann Faraday (Harper & Row, Perennial Libray, 1976) es un texto accesible y no dogmático, útil para hechiceros y legos por igual.
Controlar el pensamiento es más fácil que manejar la indulgencia, simplemente porque una indulgencia nos ayuda a hacer frente a su propia enfermedad, y por ello cuando la abandonamos perdemos una muleta. (¡La ira es tan divertida!) Pero cuando podemos controlar nuestros pensamientos ganamos un poder y esto sin ningún tipo de disfrute neurótico. Así que no hay inhibición por conquistar, solo inercia. Esta inercia puede ser considerable, pero los ejercicios son poderosos si se hacen correctamente. Los que ofrecemos son los que Aleister Crowley extrajo del arte hindú del yoga, y la siguiente destilación está basada en la Parte Uno de su Book Four (Weiser, 1980), que también recomiendo.
Yoga significa unión y como se practica en la India, significa unión con Dios. Hay muchos diferentes yogas. Algunos dan unión con Dios a través del conocimiento, otros a través del amor y la devoción, otros a través del trabajo. En el que los hechiceros están interesados –el raja yoga– da unión con Dios a través de la disciplina mental. La idea es que si puedes echar un vistazo lo suficientemente profundo dentro de tu Yo, encontrarás a Dios en el fondo, pero hay tantas distracciones entre medias que generalmente no podemos Verle. Las disciplinas del raja yoga están diseñadas para eliminar las distracciones. Los mundos del comercio y la sociedad humana son distracciones, por ello los yoguis viven como monjes. El cuerpo del yogui es una distracción, por ello le impone posturas hasta que dejen de dolerle. La respiración del yogui perturba su concentración, por ello impone sobre ella una rutina. La mente del yogui deambula, por ello la ejercita para permanecer quieta hasta que se queda quieta. Y así hasta que finalmente encuentra al Dios en el fondo y logra el Samadhi. Bendición.
Pero el hechicero no lo hace de esa forma.
¿Por qué? Porque es aburrido, principalmente, y cualquier idiota puede pensar en mejores formas de pasar su vida que sentarse absolutamente inmóvil durante seis horas cada día, y jugar a sacerdote durante las otras dieciocho. Incluso así, los métodos que los yoguis han desarrollado funcionan bastante bien, y podemos usarlos para entrenar nuestras mentes para nuestro trabajo hechiceril, incluso si no intentamos encontrar a Dios con ellos. Pero aunque no lo hagamos tanto como los yoguis, aun así debemos hacerlo, ya sea que queramos realmente o no. Media hora al día (15 minutos por la mañana y otros por la noche) es bueno para empezar, trabajando hasta una hora diaria más o menos. Este tiempo debería invertirse cada día (excepto cuando se está realmente enfermo), y continuar los ejercicios al menos durante dos años. Este trabajo es el fundamento de tu pirámide. Si lo descuidas, toda tu estructura puede caer como el Ojo de Dios está a tu alcance. 
Las ocho ramas (disciplinas separadas) del raja yoga son: 1) Yama, 2) Niyama, 3) Asana, 4) Pranayama, 5) Pratyahara, 6) Dharana, 7) Dhyana y 8) Samahdi. Las primeras dos son preparaciones, las siguientes cuatro son técnicas y las dos últimas son resultados.
1) Yama significa control. Incluye cualquier cosa que puedas necesitar reordenar en tu vida para que puedas meditar apropiadamente, desde apagar la radio a encontrar una novia menos cínica. Puede incluir dejar de fumar para que puedas respirar de forma más completa, o rechazar ciertos alimentos para que tu digestión te dé algo de paz. En la tradicional práctica hindú, Yama incluye cosas como la no aceptación de regalos y el celibato, pero eso es solo una tontería para las mentes simples y no tiene nada que ver con nosotros los hechiceros. Lo que Yama implica es que el trabajo es lo primero y si por alguna razón no lo es, has fracasado en Yama.
2) El “Ni” en Niyama es un contrario, por lo que si Yama es enfocarte en tu trabajo, Niyama es expulsar lo que necesitas para conquistar la dificultad del yoga en sí, así como las barreras del mundo y de tu mente erigidas contra tu propósito. Y habrá barreras. Aunque la experiencia inicial en meditación será eufórica, pronto se asentará en una resistencia real. La única forma de triunfar contra ello es continuar hasta que triunfes por fin y la euforia regrese redoblada. Niyama es perseverancia, aceptación, fuerza y entendimiento –todas las cualidades que le permiten a uno hacer caso omiso del dolor y salir adelante en el mundo con un mínimo de alboroto.
3) Asana es la primera práctica real de yoga, y es un entrenamiento para el cuerpo por el que lo sentarás y no te molestará mientras hagas tu meditación y trabajo astral. Haces Asana sentándote en una posición y no permitiéndote moverte durante tu meditación. Una vez domines una postura, tendrás una forma de sentarte que te permitirá disminuir la consciencia de tu cuerpo a voluntad. Esta habilidad es vital si vas hacer algún progreso en la hechicería.
Para empezar Asana, elige una postura. La posición real que tomes no importa, en la medida en que tu espalda esté recta y tu cabeza erguida, porque debes asegurarte de que puedes mantenerlas estables y también, que no caerás dormido. Los hindúes han inventado miles de posturas para Asana, pero puedes desperdiciar tu vida estudiándolas, no como la mayoría de los hechiceros. La posición del loto es magnífica si tienes tendones flexibles, si no, puedes simplemente sentarte en una silla. 
Asumiendo que has decidido tu postura (incluyendo la forma más placentera de poner tus manos, tobillos y pies), ahora estás preparado para empezar. Para hacerlo, siéntate adoptándola tanto tiempo como hayas decidido estar sentado así, y no te muevas. No te remuevas para rascar tu ingle. No pellizques la comezón de tu cuello con tu dedo pequeño. No cambies tus piernas para aliviar un calambre, o sacudas tu hombro para estirar un tendón. Los únicos movimientos que deberías permitirte son los necesarios para una respiración profunda y pequeños cambios de la mano para escribir en tu diario mágico y quizá operar un cronómetro. Solo manteniendo tu cuerpo absolutamente inmóvil puedes vencer a tu sistema nervioso hasta la sumisión –al menos para esta postura– permitiéndote así empezar un serio esfuerzo por controlar tu mente.
El progreso del estudiante medio de Asana pasa a través de tres fases, a las que podemos llamar simplemente inicio, media y final.
El inicio de Asana es bastante placentero. Notarás inmediatamente que sentarte inmóvil te hace consciente de la actividad de tu mente –de cómo tu cuerpo normalmente te impide darte cuenta de que tus pensamientos tienen mucho en común con una jaula llena de monos– y estarás ansioso por empezar a entrenarlos. Tus esfuerzos iniciales en Asana también tendrán un efecto calmante, y estará claro que uno debería ser capaz de sentarse inmóvil antes de que se pueda realizar cualquier ejercicio mental.

Este estado eufórico puede durar unos pocos días, pero no mucho.
La parte media de Asana es un reino en el que manda el dolor. La práctica se vuelve tediosa. Empiezas a notar que no estás realmente manteniendo la posición elegida – que estás permitiendo que tu cabeza se hunda, tus muslos cambien, tus pies se muevan de la posición. Así que te corregirás, y acertarás en tus correcciones, pero también te harás más sensible al dolor. Te picará, pero si rompes la disciplina para rascarte, instantáneamente empezará a picarte en otros tres sitios. Tus músculos tendrán calambres. Te volverás tan tenso que necesitarás diez minutos después de que ya sea hora de levantarse para poder realmente hacerlo, y eso aunque solo hayas estado sentado en una silla. Pero no debes intentar evadir este dolor, ya que solo lo prolongaría. Simplemente debes hacer los ejercicios que te hayas asignado y perseverar –hasta que los termines.
Y hay un final definido. Habrá un momento en el que el dolor se desvanecerá y serás capaz de decirte que has triunfado. Ni te picará ni tendrás calambres. Serás capaz de levantarte de tu meditación sin preocuparte de si tus miembros te sostendrán. Tu cuerpo simplemente ya no te molestará, y cualquier tiempo que te sientes en esa postura, al levantarte estarás renovado. Ahora tendrás una posición en la que realizar tu meditación y tu trabajo astral.
4) Pranayama es control de la respiración y está destinado a forzar la misma hacia un ritmo estable, un hábito que no perturbe la concentración. También, si la respiración es intencionalmente profunda, el meditador disfruta los beneficios de la hiperventilación, aunque no debería hacerlo a tal extremo que se pase.
En cuanto al recuento específico, para los principiantes se recomienda la respiración cuádruple: inhalar durante la cuenta de cuatro, retener durante la cuenta de cuatro, exhalar durante la cuenta de cuatro, estar vacío durante la cuenta de cuatro. Posteriormente puede que te guste respirar en una proporción de 1:4:2, inhalar:retener:exhalar. Recuerda, mientras más puedas retener tu respiración, más tendrás que hacer tu trabajo mental sin la distracción de la respiración.
Puede que tiendas a sudar mucho durante Pranayama y puede que descubras que tu cuerpo tiende a ponerse rígido, lo cual te ayudará a hacer tu Asana. No es algo por lo que preocuparse, pero trata de no caerte.
Asana y Pranayama son por ello los dos extremos mecánicos de raja yoga. Cuando puedas realizarlos adecuadamente, estarás preparado para intentar los siguientes dos fines, los ejercicios mentales de Pratyahara y Dharana. Se debería recalcar, no obstante, que la regularidad en la práctica es lo esencial, ya sea que te sientas como que estás meditando o no. Si te has decidido por dos medias horas de Asana cada día, entonces debes dedicarlas a sentarte inmóvil, o intentarlo, no importa el qué. Si te dices que harás solo media hora, treinta nerviosos minutos serán mejores que 25 sólido como una roca, y ni viajar o el funeral de una relación cercana deberían interferir con ello.
5) Pratyahara es meditación en sí, introspección en los porqués de que pienses en la forma en la que lo haces, de que respondas a las cosas en la forma en la que lo haces, por qué tu tren de pensamiento se mantiene en una pista en lugar de otra. Puedes meditar sobre la gente, las situaciones, los sueños, los objetos –restringiendo tu pensamiento a tu objeto hasta que no quede nada en todo el universo, y entonces expandiendo tu perspectiva hasta que veas la relación del asunto con todo lo demás en el universo, y cómo depende lo uno de lo otro para su existencia. Es una forma de encontrar tu lugar en el Todo Cósmico, ganando así perspectiva sobre cuál es la mejor manera de encontrar la Totalidad de Él.
6) Dharana. Pero para hacer progreso en Pratyahara, debes tener suficiente concentración como para seguir un pensamiento hasta cualquier dios o demonio que pueda yacer en sus raíces. Para obtener esta concentración, tenemos Dharana, que es concentración pura y simple y también es un trabajo duro. Es de valor no solo para la meditación, sino que ayuda a los poderes de concentración y también al trabajo astral, porque le da a uno la habilidad de mantener la propia presencia de mente durante un viaje –para mantener el paisaje astral enfocado y terminar en general lo que se ha empezado, cerrar lo que se ha abierto y no dejar nada sin hacer que deba ser hecho. La práctica de Dharana es la visualización de una única imagen mental. Para empezar, siéntate en tu Asana y realiza Pranayama de tal forma que tu respiración ni te distraiga ni te excite indebidamente. Después visualiza una forma geométrica simple y ¡no la dejes fluctuar! Podría ser un cuadrado rojo, una cruz verde, una campana azul –pero una vez hayas decidido su color, forma, tamaño y el tipo de telón de fondo, mantenla y no permitas ni cambios ni añadidos. No consientas que los brazos de la cruz verde encojan, o que el cuadrado rojo cambie a amarillo y naranja. No permitas que florezcan flores blancas sobre la campana azul, o que el telón de fondo gris se convierta en verde. Mantén la imagen estable en tu mente, no permitas otras cosas y no consientas que la imagen cambien de ninguna manera.
Al principio, si realmente estás bien disciplinado, podrías ser capaz de mantener la concentración nueve décimas partes de un segundo. Después la imagen cambiará de alguna u otra forma, la obligarás de vuelta y después te distraerás con algún extraño pensamiento y dejarás la imagen por completo, hasta que te des cuenta y te arrastres de vuelta.
La fuente más obvia de distracción son las sensaciones de tu cuerpo, pero después de que perfecciones tu postura se desvanecerán. A continuación vendrán los sonidos del mundo exterior, pero con el uso asiduo del principio de la hiperventilación, toman su lugar en un exagerado bombardeo de ruido, pudiendo así ser ignorados. Después de eso vienen los pensamientos generados por recuerdos del pasado reciente –lo que Reagan dijo en la tele, lo que hiciste en el jardín hoy, lo que parecía el centro de la ciudad la última vez que condujiste por él. Es sorprendente lo intricados que pueden volverse estos recuerdos, dejando claro que nuestras mentes absorben mucha más información de la que nos damos cuenta mientras la absorbemos.
La forma más engañosa de distracción es la simple y vieja ensoñación. Estarás haciendo Pranayama en tu Asana y decidirás concentrarte en una estrella naranja. Lo conseguirás, sus puntas cambiarán un poco y su color se tornará verdoso, pero en general lo conseguirás. Lo harás tan bien que serás capaz de mantenerla con solo parte de tu mente mientras otra parte empieza a pensar en algo más interesante, como dónde fuiste el último fin de semana con la dama en cuyos pantalones intentabas meterte. Eso te llevará a pensamientos sobre cómo será cuando finalmente lo hagas, o tu siguiente paso a dar y antes de que lo sepas olvidarás tu estrella naranja.
La única forma de luchar con esto es mantenerte estrictamente responsable de lo que estás haciendo. Aleister Crowley no dice que el hechicero debería hacer su Dharana con un bloc, lápiz y cronómetro para poder saber precisamente lo estable que se ha vuelto su mente. “Una de las dificultades esenciales en la práctica es que precisa una gran habilidad y experiencia volverse realmente alerta de lo que está sucediendo. Puedes seguir soñando despierto durante largos periodos antes de darte cuenta de que tus pensamientos han vagabundeado por completo”.
Crowley también subrayó que uno debería tener cuidado de evitar forzar la propia mente. “En mis primeros días a menudo estaba satisfecho con un minuto o dos a la vez, tres o cuatro de dichos periodos dos o tres veces al día”. Si empieza a molestar, regresa a Pratyahara –intenta quizá averiguar por qué los niños eran malos contigo en segundo grado.
Una fuente mayor de distracción que la mera ensoñación es cuando tu esfuerzo en la concentración interfiere con el objeto. Puedes distraerte pensando lo bien que lo estás haciendo, o cómo de más fácil sería hacerlo al norte de Maine. Este tipo de interrupción no es tan malo, una ligera variación en la unidireccionalidad de tu deseo.
Crowley menciona otras dos fuentes de distracción –alucinaciones auditivas (una variedad de interferencias psíquicas) y también el resultado deseado de la práctica, Dhyana y Samadhi.
7 y 8) Dhyana y Samahdi son los resultados de realizar las previas seis disciplinas con tal dedicación que no te dejes tiempo para otra cosa. No es mi sugerencia que debieras hacerlo, solo que uses la práctica para aprender de tus hábitos mentales de pensamiento y llevarlos bajo el control de tu voluntad. Por lo tanto puede que nunca experimentes Dhyana o Samahdi a través de las prácticas yóguicas. Será suficiente con decir que Dhyana es ver a Dios y Samahdi es la unión con Él.
Para acabar este capítulo tenemos una disciplina más de las de Crowley. Es una técnica para desarrollar la voluntad, un método incluso más mecánico que el yoga. Crowley lo llamó Liber III vel Jugorum y puedes encontrarlo en la página 427 de Magick in Theory and Practice. Consiste en que el estudiante haga pactos prohibiéndose la realización de acciones arbitrarias –por ejemplo tocarse la cara con la mano izquierda durante una semana, decir la palabra “de” por espacio de un mes, pensar en la primavera durante Enero y Febrero, o cualquier otra cosa. Ya que es virtualmente seguro que violará este pacto durante el periodo que esté en vigor (incluso docenas de veces), también debe prestarse a un castigo que le obligará a enmendar sus hábitos. La elección de castigo es arbitraria, pero ya que debe ser fácil de repetir a menudo (tan a menudo como tres veces en un minuto si ha jurado no decir “y”, “o” o “yo”), que reduce prácticamente el dolor físico. Crowley recomendaba el uso de una navaja de afeitar en el antebrazo, pero eso es excesivo(1). Un alfiler oculto en un dobladillo puede ser bueno para pincharte en la pierna, o si prefieres no agujerear tu piel, pon una gruesa gomilla alrededor de tu muñeca y date un buen “gomillazo” siempre que hagas la cosa prohibida.
Es importante que subrayemos que los actos que te prohibas deben ser arbitrarios. Si tuvieran algún valor moral o emocional, por ejemplo si te prohibieras tentempiés entre comidas o pensar en tu exmarido, estarías corrompiendo tu voluntad con tu deseo y también arriesgándote a la enfermedad mental que puede sobrevenirte cuando se reprimen oscuridades desagradables. Es mejor reforzar tu voluntad primero con prohibiciones que son enteramente inocuas. Después, cuando estés en forma, puedes usarla para evocar tus oscuridades desagradables para que aparezcan en toda su oscura malignidad, determinar sus nombres y letras y entonces atarlas a tu propósito.


(1) Es también un ejemplo del sentido del humor de Crowley y puede haber estado destinado como pantalla, un absurdo pretendido para asustar a aquellos aspirantes no talentosos con el sentido común.
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viernes, 5 de mayo de 2017

Robando el Fuego del Cielo XVII

Por Stephen Mace

(Traducido por Manon de Stealing the Fire from Heaven)

XXa. Elementales y Lugares de Poder

La asunción básica en el enfoque hechiceril de la magia, es que cualquier aspecto de tu vida o del mundo que te rodea y que puedes definir como distinto o separado, también tendrá un aspecto etéreo que puedes definir como un espíritu distinto o separado. Y una vez definas a un espíritu, puedes entrar en relación con él –conjurándolo, nombrándolo y atándolo con un ritual de Carga para que así obedezca tu voluntad.
Esto se aplica a aspectos específicos del mundo externo así como a aspectos de nuestras mentes inconscientes o espíritus independientes o demonios en el plano astral. Cada lugar, estructura o fenómeno ecológico o geológico, tendrá un espíritu propio –conocido como elemental o genius loci– que el hechicero puede hacer que le asista en la medida en que lo permita su naturaleza. Por supuesto que no para todo lugar sobre la superficie de la tierra valdrá esto en absoluto. El lugar estará físicamente durmiente, con ningún conocimiento o poder, un lugar detrás de otro sin ninguna distinción psíquica en particular, así que no tendrá sentido tratar con él mágicamente. Por otra parte, hay lugares significativos a nuestro alrededor que muestran su poder a cualquiera que esté buscándolo. Ríos y cadenas montañosas, colinas y colinas boscosas, lagos y prados y mares interiores –todos estos puede tener un potencial para proveer conocimiento y poder que pude usarse para promover nuestros propósitos.
Por supuesto que reconocer el valor de un lugar es una cosa, y encontrar, nombrar y atar a su elemental es otra. Que un principiante encuentre el espíritu de un lugar requiere que emprenda una proyección astral a gran escala, lo cual no es lo difícil si el lugar está un poco aislado, especialmente de noche. Pero con práctica y especialmente después de haberte familiarizado con tu Santo Ángel Guardián, un estado mental de tipo astral puede conseguirse a través de una simple meditación para entrar en contacto con el estado anímico del lugar –especialmente si añades una bocanada de cannabis para hacer que el poder fluya con más claridad. Una vez entras en este estado mental, pregúntale a tu Ángel el nombre de los espíritus del lugar y cualquier detalle que necesites para invocarlo, después usa ese nombre como un cántico o mantra para llamarlo a aparición en tu imaginación. Cuando el espíritu esté delante de ti en el ojo de tu mente, haz todo lo que puedas para percibir su esencia, después átalo con una Carga ritual. El control que consigas sobre el elemental, seguramente estará más limitado de lo que podrías esperar de un espíritu que reside en tu inconsciente, pero al menos será suficiente para permitirte trabajar con su poder sin riesgo de obsesión.
Una vez el espíritu de un lugar ha sido atado apropiadamente, puedes confiar en su apoyo dentro del reino de su competencia. De un océano podrías obtener el poder para lograr tu verdadero nivel, quiero decir, para lograr tu destino. De un río podrías tomar el movimiento implacable  (especialmente si está en inundación), o la habilidad para percibir en al menos un modo acuático sobre la extensión de su cuenca. Una escarpadura podría proveerte con el acceso que abre al poder en el centro de la tierra. Una torre de oficinas podría suministrarte con el conocimiento de las corporaciones en las que están sus inquilinos, ayudándote para conseguir un trabajo o una cuenta de ellas, y ayudarte a tratar con los desafíos que encuentres mientras estés a su servicio. O podrías usar el espíritu de un lugar para promover un propósito benéfico mutuo. Por ejemplo, para hacer que tu grupo musical favorito toque con mayor habilidad y empuje, podrías invocar al genius loci del sitio donde estén tocando y de la tierra en la que están sus cimientos. Esto te dará una experiencia musical inspiradora y también ayudará a la organización a amortizar su parte.
Cualquier localización lo suficientemente potente para tener una presencia digna de encontrarse, bien puede incluir un lugar de poder, un lugar no más de pocos metros cuadrados donde el poder puede ser absorbido directamente desde el tejido espiritual del planeta. A menudo, estos sobresaldrán de su incongruencia, como un estanque que surge de una roca elevada, o una formación rocosa en medio de un pantano. Otros llamarán la atención por su carisma, por ejemplo un asiento rocoso en la cima de un acantilado, o por su simple belleza. Pero incluso los sutiles son bastante fáciles de encontrar si le preguntas al elemental por la localización en general. Puedes tratar a la energía que emana del lugar como un espíritu, pidiéndole a tu Ángel que la invoque y te diga su nombre para que puedas atarla y usarla como puedas. Dependiendo de qué tipo de lugar es, podrías ser capaz de extraer la energía para un uso posterior, o quizá servirá como una entrada a los intestinos de la tierra dentro de la que puedes colocar talismanes para que cumplan mejor tus propósitos.
Por otra parte, debería hacer notar que los lugares varían en sus cualidades desde completamente benéficos (cuyo poder puede tomarse dentro de tu aura y ser almacenado directamente) a los perniciosos (que deberían evitarse por completo). Incluso si las diferencias obvias en el carisma no te dan una clara advertencia, tu Ángel fácilmente te lo dirá con solo pensar en preguntárselo.


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Robando el Fuego del Cielo XVI

Por Stephen Mace

(Traducido por Manon de Stealing the Fire from Heaven)

XX. El Círculo Mágico y la Evocación
El lector con alguna experiencia previa puede en este punto estar sorprendido de que cualquier cosa pueda acabar convirtiéndose en el círculo mágico. Bien, quizá no como tal, pero lo hemos hecho –en el capítulo sexto , cuando hablamos sobre cómo tienes que desterrar y que has de hacerlo antes y después de cualquier trabajo mágico. El hecho es que un destierro adecuadamente realizado crea un círculo astral, uno que te servirá incluso en las operaciones más poderosas. Si estás trabajando en el astral o usando cualquiera de las técnicas no tradicionales que hemos dado, un círculo mágico es innecesario.
Los círculos físicos son requeridos, no obstante, en dos tipos específicos de trabajo: en sacrificios de sangre y en la evocación de un espíritu a aparición visible. Con el sacrificio de sangre la energía vital de la víctima es propensa a atraer entidades desde el exterior. Cuando evocas a un espíritu a aparición visible, le das tanto poder que si tuviera la oportunidad de tocarte, tu identidad personal podría ser arroyada o (al menos) tu sistema nervioso jodido. Pero entonces esta precaución es más relevante para la magia tradicional, ya que dicha evocación puede ser necesaria para cargar un talismán.
Aún así, Spare es conocido por haber hecho este tipo de trabajo al menos una vez, esto a petición de dos aficionados que querían ver un elemental. Según Kenneth Grant, Spare les dijo que tales poderes eran “autómatas” profundamente enterrados en el subconsciente, que lo mejor era dejarlos donde están y solo manipularlos a través de sigilos y letras sagradas. Pero insistieron, así que Spare consintió.
Empezó a trabajar dibujando un sigilo sobre una tarjeta en blanco y poniéndola sobre su frente mientras repetía un mantra. En unos cinco minutos una niebla verdosa empezó a entrar en la habitación, concentrándose en un lugar y espesándose hasta que estuvo lo bastante densa para ver (como Grant lo describió) “dos puntitos de fuego, brillando como ojos,  parpadeando en una cara idiota”. En este punto los dos espectadores se asustaron e insistieron a Spare que lo desterrara, lo cual hizo revirtiendo el hechizo. Según Grant, uno de estos diletantes murió en dos semanas, y el otro tuvo que ser internado en un asilo. Spare sintió que el elemental que había llegado era un aspecto limítrofe de la psique de una de las víctimas. Había visto su oportunidad de salir y tomar el control, y cogió fácilmente a los desafortunados amateurs por el cuello.
Spare, por supuesto, no fue afectado, porque su aura de hechicero era todo lo que necesitaba. A través de continuos destierros y años de trabajo mágico, la tuya puede ser igual de fuerte. ¡Según lo que siembres, así cosecharás!


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