sábado, 8 de abril de 2017

Robando el Fuego del Cielo XII

Por Stephen Mace

(Traducido por Manon de Stealing the Fire from Heaven)

XVI. Conjuración Avanzada

Una vez un hechicero ha determinado la letra y el nombre de un poder, tiene una forma de atraer a ese poder para servir a su voluntad. Puede usarlo para crear estados de ánimo, controlar pensamientos obsesivos, obtener conocimiento o cargar sigilos que necesiten ese tipo de energía para manifestarse. El método de invocar la energía variará de un hechicero a otro, pero la visualización de la letra combinada con el canto mántrico de su nombre, estará ciertamente en el centro de la operación. Quizá la danza y el incienso, el vino y extrañas drogas jugarán un papel, quizá el hechicero hará toda la operación en su cabeza mientras conduce a casa desde el trabajo. En cualquier caso entrará en un estado de vacuidad(1), usará la letra y el nombre para atraer al poder, después se centrará en su sigilo haciéndolo así arder en su imaginación. La diferencia entre esto y el nivel del principiante es que aquí el hechicero usa el poder específico que identifica con la letra en lugar de la potencia sin forma de la libre creencia, aunque la libre creencia siempre estimulará las cosas si está disponible.

Pero con los nuevos poderes vienen nuevas precauciones. El peligro es que tan pronto como empieces a usar tus letras sagradas para conectarte con un poder, te expones a la posibilidad de que el poder se apresure con solo la más ligera provocación. Por ejemplo, puedes estar conduciendo a lo largo de la autopista cuando alguien te corta el paso. Estás enfadado, disuelves tu ira con el Ni lo Uno-Ni lo Otro, y de repente estás cabalgando sobre un colchón de tensión indiferenciada: libre creencia. Así que usas la energía para visualizar el sigilo de tu actual deseo y también las letras sagradas asociadas con cualesquiera poderes relevantes. Pero entonces una letra parece venir a la vida y todo tu cuerpo se licua en un ataque de comprensión cósmica. La cuestión crítica ahora se convierte en: ¿puedes todavía conducir?

Para el verdadero adepto no hay duda. Sus pasajeros siquiera notarán como pone el coche en 'piloto automático' y trabaja para llenar con la energía su sigilo. El neófito puede encontrar prudente salirse a un lado de la carretera. El diletante está en riesgo de morir en llamas.

Aquí ningún problema tiene raramente que ver con el piloto automático en sí, sino más bien con un ego que se asusta y no lo pone en marcha. El piloto en sí se ofrece como un equipamiento estándar en prácticamente todo el mundo, úsalo cada vez que conduzcas mientras escuchas un partido de baseball. El pánico viene cuando se toma consciencia de la potencia sin adornos del poder y surgen segundos pensamientos. Estos pueden ser mortales, porque si luchas contra el poder, puede dividirte en trozos. La mejor opción es decirle simplemente al poder que tiene sus instrucciones, y usarlo para visualizar tu sigilo.
Pero nunca sueltes el volante.

(1) Con la práctica esto se puede hacer en un segundo o dos. Todo tiene que ver con la forma en que mantienes tus ojos y colocas la cabeza sobre tu espina.
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Este texto ha sido extraído de un libro muy interesante que te recomiendo que compres para tu biblioteca personal en el siguiente enlace:



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