domingo, 8 de enero de 2017

Robando el Fuego del Cielo I

Por Stephen Mace
(Traducido por Manon de Stealing the Fire from Heaven)

I. Hechicería

La Hechicería es el arte de capturar espíritus y entrenarlos para que trabajen en nuestro provecho, de ordenar los poderes que hay en nuestras mentes para que podamos manipularlos y hacer que causen cambios tanto dentro de nuestras mentes como más allá de ellas.

II. Espíritus y su Dominio

Los espíritus son poderes, poderes de la mente, y su dominio es el inconsciente. Así que para la persona media permanecen inaccesibles, y por ello nuestros encuentros con ellos pueden ser vagos y poco convincentes. Los espíritus pueden aparecer como hábitos, como talentos y como emociones. Los espíritus pueden esconderse en los complejos que disparan respuestas automáticas para las situaciones que encontramos. Los espíritus se muestran en los sueños y nos desafían a entenderlos. Pero un hechicero usa técnicas que hacen el inconsciente accesible, y por ello puede reunirse con sus espíritus cara a cara. Si tiene la fuerza, puede averiguar sus verdaderas formas y amarrarlos para que hagan lo que quiere. Si no, hay un riesgo muy real de obsesión. Todos los poderes portan riesgos. Ya sea que las ruedas giren por la caída de agua o la electricidad provenga de la división de átomos, la energía tiene que ser mantenerse en su lugar o puede dañar a alguien. No podemos esperar que el poder existente en la hechicería sea algo diferente, pero puedes tener la seguridad de que hay métodos para mantener a los espíritus bajo control, y ejercicios para darte la fuerza para usarlos.
La mente inconsciente, siendo el dominio de los espíritus, también es su medio, así que su naturaleza determina la naturaleza de ellos. El inconsciente es el depósito de imágenes por debajo de nuestras mentes de vigilia; todos nuestros pensamientos conscientes vienen de él, todas nuestras experiencias del mundo exterior se sumergen en él. Con el paso de los eventos, aquellos de poco poder se desintegran después de un tiempo, pero las experiencias repetitivas y las de gran poder o emoción construyen estructuras psíquicas –espíritus– que tienen vidas propias. Por lo que un leñador encontrará que guarda dentro de su psique el espíritu del bosque, un adolescente germinará (a través de las emociones generadas por su torrente de hormonas) un espíritu de lujuria, y un neurótico sexualmente reprimido creará un demonio para mantener su lujuria 'bajo control'.
Así vemos que podemos crear espíritus propios, y cuando todos los hacemos en conjunción, pueden volverse como dioses. El deseo del neurótico por apaciguar (digamos) a su posesiva madre, crea su demonio, un ser que se refugia solo en su mente. Pero las aspiraciones de un grupo de personas pueden producir un poder común que afectará al pensamiento y acción de todos en él. El deseo fenicio de seguridad en un mundo peligroso creó su terrible dios Moloch. El deseo judío por mantener su tribu unida trajo al celoso Yahvé. Y el deseo humano por mantener al 'Yo' intacto más allá de las puertas de la muerte generó los espíritus redentores diversamente conocidos como Osiris, Orfeo, Mitra y Cristo.
Ahora debo insistir en que al decir esto no denigro a estos dioses, ni al come niños Moloch, ni al Jesús cuyo Cuerpo y Sangre los cristianos consumen. Estos dioses tienen el poder que sus adoradores les dan –sea a través de la devoción, el ritual o el derramamiento de sangre. Si esta energía es dada con sinceridad y dirigida con competencia, provocará cambios. Esto sucede más obviamente dentro de la mente inconsciente del adorador, pero también –ya que el inconsciente tiene su raíz en la Mente del Absoluto– en el mundo externo. Este es el mecanismo detrás del poder de la oración. Pero hay un problema con el uso de espíritus preexistentes. Invariablemente vienen equipados con enormes cantidades de bagaje moral y teológico, manojos de creencia y rectitud que debes portar contigo mientras haces tu camino a través del mundo. Si crees en Moloch, sabrás que no puede ser satisfecho ni con oraciones ni con incienso ni con un vivir de forma honesta –solo tu primero hijo lo hará. Si crees en Cristo, tu sacrificio será más sutil, debes abandonar tu voluntad 'humana' y someterte a la suya divina si vas a salvarte de la Condenación Eterna. E incluso muchos hechiceros tienen que rendir alguna libertad para practicar su arte. En Occidente la más conocida escuela de magia es la de los Rosacruces. Los magos rosacruces estructuran los poderes de sus mentes de acuerdo a un mapa de poder llamado el Árbol de la vida, una ordenación geométrica proveniente de hace siglos, de los místicos judíos devotos de la tradición conocida como Qabalah. Antes de que puedas trabajar la magia rosacruz debes marcar este esquema dentro de tu mente inconsciente, definiendo todas tus percepciones y poderes de la mente en sus términos. Por ello, ya sea que reces al sangriento Moloch o te esfuerces por ser un mago místico, todavía estarás encallado en la antigua fórmula, y si encontraras cosas verdaderamente diferentes, tu problema puede ser insoluble.


III. Robando el Fuego del Cielo

En este ensayo ofrecemos una técnica que el individuo puede usar para crear sistemas de hechicería precisamente adaptados a sus propias realidades inconscientes. Siguiendo nuestras instrucciones, el lector puede hacer que su yo subliminal diseñe sus propios símbolos para representar los poderes que encuentra dentro de él. Su resultado será lo que es, esencialmente, un lenguaje de poder personal, uno que tiene sentido solo para él, pero repleto de potencia porque es la forma en la que su propia alma se expresa a sí misma.

IV. El Registro Mágico

Nuestra hechicería es por ello una psicotecnología –identificamos componentes dentro de nuestras psiques, descubrimos los mecanismos detrás de su movimiento, y usamos varias técnicas para manipularlos. Pero la mejor forma de abordar cualquier esfuerzo en tecnología es científicamente, y la esencia de la ciencia es mantener registros adecuados. Necesitas registrar lo que haces, así sabrás qué métodos funcionan para ti, qué métodos no y qué métodos funcionan después de practicarlos durante un tiempo. Necesitas registrar lo que sucede cuando triunfas para poder obtener la intuición de la naturaleza del poder que has encontrado, y cómo poder examinarlo más a fondo. Necesitas registrar los eventos mayores en tu vida mental y emocional para así conocer qué problemas tienden a recurrir y poder así tener un demonio en su fuente –sus nombres, símbolos y naturalezas aparentes. Necesitas un registro del efecto que tu hechicería tiene en tu vida como una totalidad.
Un cuaderno de espiral servirá.

V. Atravesando la Distancia

En este punto, el cuidadoso lector habrá concluido que la hechicería no es una operación nocturna y estará en lo correcto. Realmente es una cosa de toda una vida. Una buena analogía sería la música. Convertirse en un adepto en un instrumento musical toma un par de años, y después de eso vienen unas mesetas siempre ascendentes de maestría. Por supuestos, los maestros no hacen muchas cosas más aparte de música, y la hechicería puede ser también todo envolvente. Pero ya que la hechicería toca cada aspecto posible de la existencia (incluyendo el tocar la flauta), no es en absoluto limitadora. Francamente.
Por ello puede tomar años. Cuando ese sea el caso, un ritmo constante es importante –tienes que saber qué hacer, cuándo y cuánto te llevará lograrlo. Algunas cosas puedes hacerlas inmediatamente, como el ritual de destierro del siguiente capítulo y la conjuración con un sigilo y creencia libre, dada en el Capítulo VIII. Si estas son fáciles de hacer y consigues resultados, bien, Mozart hizo un estudio muy rápido del piano, también, y se dedicó a los asuntos más difíciles de inmediato. Pero si descubres que realmente no tienes la concentración para visualizar anillos brillantes, o tus pasiones son demasiado fuertes para desmembrarlas, o no tienes el poder de voluntad para olvidar algo, entonces deberías dedicar un año o dos en los métodos recomendados en el Capítulo XXI. Las he puesto allí porque son más control de la mente que hechicería, aunque eso no las hace menos importantes. Dominarlas es entrenar un buen caballo que puedes montar para reunir a todas las bestias salvajes en tu psique.



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Este texto ha sido extraído de un libro muy interesante que te recomiendo que compres para tu biblioteca personal en el siguiente enlace:




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