lunes, 31 de octubre de 2016

HEYOKA: el Payaso Sagrado y la Sabiduría Loca


Traducción de Shaagar Snekkerson



Habiéndose planteado en uno de mis últimos post el tema de la interesante figura del Heyoka o Payaso Sagrado he indagado en varías fuentes de Internet y aquí os presento una introducción al personaje y su rol. En cierto sentido recuerda mucho al bufón shakespeariano, impertinente y descarado con todos, especialmente con su amo el rey.
Esta publicación, más que de magia trata de chamanismo y antroplogía... y también algo de psicología.

El heyoka (heyókȟa, también expresado como "haokah," "heyokha") es una especie de payaso sagrado de la cultura Lakota, tribu de las grandes llanuras de Norteamérica (Sioux). Es bufón, satírico, contrario (en el sentido de alguien que lleva siempre la contraria a los de su entorno), habla, se mueve y reacciona de modo opuesto a la gente de su alrededor. Solo aquellos que tienen visiones de los seres del trueno del oeste, los Wakíŋyaŋ, y que son reconocidos como tales por la comunidad, puede tomar el rol ceremonial de heyoka.
El hombre medicina lakota Black Elk (Alce Negro), se describía a sí mismo como tal, diciendo que de niño había sido visitado por seres del trueno (pájaros del trueno).
Rol social
Se le considera un ser reverso, cabeza abajo, un contrario por naturaleza. Esto se manifiesta al hacer las cosas al revés o de modo no convencional –cabalgar un caballo sentado al revés, vestir ropas con la parte interna en el exterior o hablar a la inversa. Por ejemplo, si la comida es escasa puede sentarse y quejarse de lo harto que está; durante una intensa ola de calor puede estar temblando de frio, ponerse guantes y cubrirse con una gruesa manta. Igualmente, cuando hay heladas, puede rondar por ahí desnudo, quejándose del calor excesivo. Un ejemplo singular es el famoso heyókȟa llamado “el Straighten-Outer” (algo así como El Enderezador Exterior):
“Siempre rondaba por ahí con un martillo tratando de aplanar objetos redondos y curvados (boles de sopa, huevos, ruedas de carro, etc.) haciéndola, de este modo, rectas.” (John Fire Lame Deer)

El heyókȟa simboliza y muestra muchos aspectos de los seres sagrados llamados Wakȟáŋ. Sus sátiras presentan asuntos importantes bromeando. Hacen preguntas difíciles y dicen cosas que otros temen decir. Su conducta plantea cuestiones al estilo de los koan zen. Al leer entre líneas, la audiencia es capaz de pensar en cosas en las que habitualmente no se piensa, o mirar las cosas de un modo diferente.
Principalmente, el heyókȟa funciona tanto como espejo como profesor, usando comportamientos extremos para reflejar a otros y forzándolos a examinar sus propias dudas, miedos, odios y debilidades. Él tiene el poder de sanar el dolor emocional; tal poder viene de la experimentación de la vergüenza –cantan acerca de hechos bochornosos de su vida, mendigan la comida y viven como payasos. Provocan la risa en angustiosos momentos de desesperación, y provocan el miedo y el caos cuan la gente se siente complaciente y segura, para evitar que se tomen a ellos mismos demasiado en serio o creyendo que son más poderosos de lo que realmente son.
Además, los payasos sagrados tienen un importante papel a la hora de dar forma a los códigos tribales. Al no estar ligados a las restricciones sociales, los heyókȟa son capaces de violar libremente tabús culturales y, así, criticar las costumbres establecidas. Paradójicamente, de todos modos, al violar estas normas y tabús, ayudan a definir los límites aceptados, las reglas y pautas de la conducta moral y ética. Son los únicos que pueden preguntar “¿Por qué?” acerca de temas delicados; usan la sátira para cuestionar a los especialistas y portadores del conocimiento sagrado que están en posiciones de poder y autoridad.
“Para gente como nosotros, que lo ha perdido todo, que tiene que soportar tanta muerte y tristeza, la risa es un regalo precioso. Cuando estábamos muriendo como moscas debido a las enfermedades del hombre blanco, cuando nos estaban conduciendo a las reservas, cuando las raciones del gobierno no llegaban y nos estábamos muriendo de hambre, observar las bromas y cabriolas del heyókȟa eran una bendición” (John Fire Lame Deer)
“Solo aquellos que han tenido visiones de los seres del trueno del oeste pueden actuar como heyokas. Ellos tienen un poder sagrado y comparten algo de él como toda la gente, pero lo hacen por medio de actos divertidos. Cuando llega una visión procedente de los seres del trueno del oeste, esta llega con terror, como una tormenta de truenos; pero cuando la tormenta de la visión ha pasado, el mundo es más verde y feliz; ya que allí donde sea que la verdad que conlleva la visión llega al mundo, es como una lluvia. El mundo, ves, está más feliz tras el terror de la tormenta.” (Black Elk)

En la mitología lakota, Heyókȟa es también un espíritu de truenos y relámpagos. Se dice que usa el viento como palillos para golpear el tambor del trueno. Sus emociones se describen como opuestas a la norma; ríe cuando está triste y llora cuando está alegre, el frio lo hace sudar y la calor temblar. En el arte, se le representa como teniendo dos cuernos, lo que lo etiqueta como un espíritu de la caza.


El camino del Payaso Sagrado: Donde el Trickster[1] y el Chamán convergen

“Si el loco persistiera en su locura, se volvería sabio.” – William Blake
La mayoría de nosotros estamos familiarizados con los payasos prototípicos: payasos de nariz roja, bufones de la corte y el bufón o loco del tarot. Pero los payasos sagrados llevan la payasería a un nivel completamente diferente. Los Ne’wekwe “comedores-de-lodo” eran los equivalentes Zuni al payaso sagrado. Los Cherooke tenían payasos sagrados conocidos como Booger, quienes realizaban sus “danzas booger” alrededor del fuego de la comunidad.
En el budismo tibetano se refieren a ello como Sabiduría Loca, que es la que adopta el gurú con el propósito de conmocionar los cimientos de los patrones psicológicos y culturales de sus estudiantes. Pero, tal vez, el tipo más popular de payaso sagrado es el heyoka lakota, un contrario chamán del trueno que enseñaba por medio de humor reverso.
Casi todos los tipos de payaso sagrado combinan un espíritu de trickster con la sabiduría chamánica para crear una especie de payasada sagrada que mantiene en revisión al clima cultural de esa época. Sus métodos no son convencionales y habitualmente antitéticos al status quo, pero extremadamente efectivos. Indirectamente refuerzan las costumbres sociales al reforzar directamente el propio y poderoso sentido del humor de la dinámica social. Muestran por medio del mal ejemplo cómo no comportarse.
La función principal de un payaso sagrado es desinflar el ego del poder al recordar a aquellos que lo poseen su propia falibilidad, mientras recuerdan a aquellos que no lo tienen que dicho poder tiene el potencial de corromper si no está equilibrado con otras fuerzas, a saber, el humor. Pero los payasos sagrados no deducen cosas de un modo rotundo. No son comediantes per se, aunque pueden serlo. Son más unos tricksters, hurgando en asuntos que la gente se toma demasiado en serio.
Por medio de sátiras y vistosas exhibiciones crean una disonancia cultural nacida de su Sabiduría Loca, a partir de la cual la ansiedad es libre de colapsarse sobre si misma derivando en risa. La seriedad sagrada se convierte en ansiedad sagrada la cual se convierte más tarde en risa sagrada. Peor sin la valiente sátira del payaso sagrado, solo habría el predefinido y excesivamente serio estado de condicionamiento cultural.
Para no llevar a nuestras vidas a tales estados de estancamiento, debemos convertirnos en algo que tiene el poder de vencerse a sí mismo perpetuamente. El payaso sagrado lo tiene. Buda fue uno de ellos, burlándose del apego a lo material. Cristo lo fue, burlándose de la ortodoxia. Incuso Gandhi fue un payaso sagrado, burlándose del dinero y el poder.
Como escribió Thomas Merton: “En un mundo en tensión y descomposición, es necesario que existan aquellos que buscan integrar su mundo interior no evitando la angustia y alejándose de los problemas, sino plantándoles cara en su cruda realidad y ordinariez.” Los payasos sagrados son el epítome de tal integración.
Los heyokas, por ejemplo, le recuerdan a su gente que Wakan Tanka, el gran misterio, está más allá de lo bueno y lo malo; que su naturaleza primordial no se corresponde con los tópicos humanos de lo que está bien y lo que está mal. Actúan como espejos, reflejando las misteriosas dualidades del cosmos en su gente. Caminan el Sendero Rojo, siguiendo las sangrientas huellas dejadas por sus antepasados heyokas.
Van hacia delante, al lugar donde la vacuidad está llena y la plenitud está vacía. “Como representante del Pájaro de Trueno y el Trickster”, escribe Steve Mizrach, “el heyoca le recuerda a su gente que la energía primordial de la naturaleza está más allá del bien y del mal. No se corresponde con las categorías humanas de lo bueno y lo malo. No sigue siempre lo preestablecido acerca de lo que es propio y ha de esperarse. Verdaderamente no le importan nuestras aflicciones y preocupaciones humanas. Al igual que la electricidad puede ser mortalmente peligrosa, o aprovechada para grandes usos. Si somos demasiado estrechos de mente o cerrados al tratar de entenderlo, se desvanecerá en mitad de la noche.”
Los payasos sagrados son aficionados a mezclar la alegría con el dolor, actuando en los más altos e inescrutables imperativos del Gran Misterio. Tienden a gobernar las transiciones, introducir paradojas, difuminar límites y mezclar lo sagrado con lo profano. Hacen un llamamiento a reestablecer el puente entre el mundo físico y el espiritual. Se atreven a plantear las preguntas que nadie quiere responder.
Son avatares incontrolables del arquetipo del trickster, evocadores constantes de la contingencia y la arbitrariedad del orden social, hurgando en todo aquello que es tomado demasiado en serio, especialmente aquello que asume el disfraz del poder. Son un conducto para fuerzas que desafían la comprensión, y por su absurdidad, la conducta inversa, están simplemente las irónicas, misteriosas dualidades que existen dentro del propio universo.
Los payasos sagrados entienden que los humanos fallan y fallar significa que a veces necesitamos realizar un cambio. Nos recuerdan que el objetivo no es pisar el mismo viejo camino, sino abrazar las vicisitudes de la vida y descubrir nuevos caminos y la valentía que ello supone de adaptar y vencer. Tomar el universo en consideración profunda, dejándolo que sea, y dejando que discurra es, de lejos más superior a adherirse a una ‘creencia’ y quedar atrapado en una visión particular. Se dan cuenta que la más alta sabiduría yace en este tipo de desapego contraintuitivo, aceptando de que nada permanece igual, siendo después proactivo en cuanto al cambio que ello significa.
Lo que es más importante, nos enseñan que no hay tal cosa como un maestro iluminado. Todos estamos espiritualmente atontados. Lo más lejos que podemos llegar jamás a estar “iluminados” es, simplemente, entender que somos demasiado ingenuos para ello y después reírnos de ello todos juntos como comunidad. Los payasos sagrados tienen la capacidad de plantar esta semilla de humor sagrado. Están constantemente en la agonía de la metanoia (retractarse de alguna explicación para expresarla de mejor manera), perturbando lo imperturbable, confortando lo inconfortable y liberando lo que no lo es. Nos recuerda, como hizo Rumi, que “el ego es simplemente un velo entre los humanos y Dios”.


Los empáticos son individuos con los que puede ser difícil relacionarse, pero tienen respuestas emocionales compartidas con los otros. Leen el lenguaje corporal e inflexiones especiales, extrayendo más información de lo que sería capaz de percibir la persona promedio.
En el mundo moderno, la apatía y la afinidad son las reinas supremas, dado que el individuo intenta ser selectivo con la información en la que enfoca su atención.
Todos disponemos de los mecanismos biológicos para sentir aquello que siente otra persona, pero hemos de estar abiertos a la experiencia. El reconocimiento de los sentimientos de los demás, requiere un tipo especial de honestidad con nosotros mismos. No todo el mundo tiene un sentido de la empatía muy desarrollado. Aquellos que sí lo poseen tienen un lugar especial en la sociedad como empático. El arquetipo más valioso de empático que se conoce es conocido como Heyoka.
Los heyokas son espejos emocionales vivientes de aquellos que están a su alrededor. El vocablo significa ‘payaso sagrado’ o ‘loco’. Ellos revelan nuestras carencias y debilidades. Muestran nuestros fallos y añaden un modo de desarrollarlos.
La brusca interrupción de nuestro status quo espiritual no debe ser visto nunca como algo malo, solo desean ayudar a aquellos que están a su alrededor. Si abandonas a un heyoka sintiéndose irritado y enfadado acerca de un aspecto negativo de su personalidad (por ejemplo, la arrogancia), date cuenta que te estás molestando con él porque está resaltando esta característica que se está formando en ti. Tal vez dejes a un heyoka lleno de una sensación de amor. Puede estar tratando de transmitirte la importancia del autoamor y la aceptación. Este ‘reflejo’ no es siempre una decisión consciente, pero aun así es un tema consistente en tus interacciones con él. Está tratando de enseñarte cómo abrir tus ojos de algún modo.
Esta constante e impredecible conducta puede llegar a irritarte enormemente. Ellos parecen saber lo que te molesta aun cuando ni tú mismo lo sabes y, mucho menos, hacerle frente. A pesar de ello no te dejarán solo frente a ello, de modo que, sin duda, te darán alguna pista para afrontarlo.
No huyas de la experiencia ni la apartes. Solo quieren ayudar y tu dolor les duele igualmente a ellos. Pon atención a tu espejo y aprende de ello. Tu amigo heyoka te molesta debido a la cruel manera de expresar su humor.
En vez de irritarte con ello, presta atención al modo en que tu propio humor se expresa y cómo afecta a otros. Probablemente estés haciendo lo mismo que el heyoka pero desde la ignorancia.




[1] He preferido dejar la expresión como el original, pues conlleva matices más amplios que una traducción literal como sería ‘tramposo’ (N. del T.)

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