domingo, 6 de diciembre de 2015

Introducción a la Magia Goética

Por Asenath Mason
(Traducido por Shaagar de Glimpses of the Left Hand Path)


La evocación de espíritus es un viejo arte mágico, que se remonta a lo más antiguo. Podemos hallar referencia a las evocaciones necrománticas y demoníacas en muchas obras de la literatura antigua, como p.ej. la famosa conjuración del espíritu de Samuel por la Bruja de Endor. El arte de la evocación de espíritus también fue ampliamente usado en la Edad Media y compilado en un sistema ritual completo entre los siglos XIV y XVII, cuando la mayoría de grimorios salomónicos fueron puestos en circulación. Entre todos estos libros de magia, el Goetia es único entre todos ellos. No hay otro libro de tal temible notoriedad, no habiendo otro catálogo de espíritus que tuviera una popularidad igual de grande en la Europa Occidental desde el siglo XV en adelante. En este artículo trataremos acerca de los orígenes de este infame sistema mágico y su interpretación en el mundo moderno.

El Origen del Goetia y la Visión Antigua
de la Demonología

La palabra Goetia deriva del término griego Goēteia que es el arte de invocar a los demonios malvados y se relacionaba con la antigua práctica de la necromancia. La etimología de Goēteia también se relaciona con las raíces goēs (“hechicero,” plural: goētes) y goos (“canción de lamento”), o goaō (“canta una canción de lamentación”). Goēteia puede haber recibido su denominación de los espíritus de los muertos que rondaban alrededor de las tumbas, los gooi y lo thrēnoi. Fue el arte asociado con el levantar a los muertos, convocar a las personas muertas por medio de invocar sus nombres, y se creía que el nombre derivado de las lamentaciones (goōn) de la gente alrededor de la tumba. De ahí su asociación con “gimiendo, lamentando” como fue sugerido por Aleister Crowley cuando publicó su famosa obra, The book of the Goetia of Solomon the King en 1904, con un completo catálogo de setenta y dos demonios de la tradición salomónica. Volvamos, de todas formas, por un momento a las antiguas asociaciones con la necromancia. En la literatura griega a menudo encontramos fragmentos que narran el rol mágico del goēs, “el lamentador” como la persona que evocaba los espíritus de los muertos, ya fuera para obtener información de los difuntos o para darles la paz. Estos conjuros se hicieron por medio de canciones o lamentos. En Los Persas de Esquilo, el fantasma de Darío es invocado por medio de fuertes chillidos y luctuosas lamentaciones. Del mismo modo el fantasma de Aquiles es evocado en su tumba en Polixena de Sófocles. También Platón habló de un poder que un goēs poseía sobre las almas de otra gente. Y tales referencias pueden ser encontradas en muchas otras fuentes. Hay teorías que dicen que los poderes de los goēs podrían haber sido incluso mayores que resucitar a los muertos y comunicarse con ellos. Fue un chamán el que hizo un extático viaje para conducir el alma de una persona muerta al inframundo por medio de lamentaciones y música, realizando también el rol de psicopompo1.

En un periodo posterior este significado original de Goēteia se perdió y fue asociado con la magia y la brujería malvadas. El necromante se convirtió en un hechicero que osaba violar las leyes naturales del universo por medio de evocar espíritus con el objeto de influenciar a toda la gente que le rodeaba. La Goēteia se convirtió en un fatal, oscuro arte, reservado a aquellos que no temían manipular los destinos de los otros y el suyo propio, lo que era considerado algo prohibido porque los antiguos creían que cada ser humano vive para cumplir su propio destino y no le es permitido cambiarlo. También había una nueva distinción entre un goēs, “hechicero” y un magos, “mago”, teniendo el último un mayor estatus, a menudo considerado un sacerdote o un sabio. Los magoi no trataban de cambiar el orden natural del mundo y su función fue la de explicar e interpretar sus fenómenos. Disfrutaban de un gran respeto y fueron considerados como los sucesores de los Magi de la antigua Persia, los seguidores de Zoroastro y su doctrina. Sus prácticas incluían adivinación e interpretación de los sueños, y también mantuvieron el orden social por medio de proveer bases metafísicas para las estructuras sociales, mientras que los goētes se creía que actuaban contra este orden por medio de usar prácticas tales como necromancia, encantos, maldiciones y engaños. Esta distinción se menciona en muchos escritos antiguos y en obras literarias. Por ejemplo, en el segundo siglo, Apuleyo en su Metamorfosis escribe acerca de dos clases de magia contemporánea: la primera originándose en Egipto y disfrutando de muchos favores de los dioses y la otra, despreciada y prohibida por estos, funcionando contra la naturaleza y practicada por las brujas de Tesalia.

De hecho, hubieron tres tipos de magia mencionados en las fuentes antiguas: goēteia, mageia, y teúrgia. Aparte de los puntos de vista ya mencionados, goēteia también fue la más baja y fácil forma de magia, a menudo siendo referida como “puro engaño”, o el arte de los malabaristas. El hechicero que practicaba goēteia estaba usando elementos del universo objetivo para afectar la voluntad generada en su propio universo subjetivo. Esto se hacía por medio de convocar dioses, ángeles, daimôns, fórmulas, operaciones mágicas y todos los otros medios a su alcance de modo que estos realizaran la voluntad del brujo. La Mageia era el arte practicado por un mago que había alcanzado un cierto nivel de iniciación personal y era capaz de actuar a un nivel divino. No le pedía a ninguna fuerza objetiva que hiciera su voluntad porque había conseguido unidad con ‘dios’ como parte de sí mismo. Así, sus trabajos no necesitaban la intervención de ningún espíritu sino que funcionaban por medio de la propia voluntad. Esta forma de magia se denominó a veces “obradora de maravillas”. El tercer tipo de magia fue la teúrgia, o “trabajo divino.” Las obras de la teúrgia estaban del lado de los dioses y permanecieron en armonía con las leyes del universo objetivo. Había ciertas similitudes entre este tipo de magia y la goēteia, pero lo que hizo única a la teúrgia, fue su preocupación por ser “filosóficamente correcta – y armoniosa con la naturaleza - más que solo ser efectiva y poderosa”, como era la obra del goēs.2

Demonios

La distinción entre magia “buena” y “mala” se remonta a la filosofía medieval y a la teoría de las artes ocultas. Con el surgimiento de la cristiandad y el crecimiento de la Iglesia, todos los espíritus paganos de las antiguas religiones se convirtieron en malvados demonios y agentes del Diablo, constantemente tratando de llevar al alma humana a la condenación y a las torturas eternas del Infierno. De todas formas, los antiguos “demonios” no fueron los malvados espíritus de la tradición medieval cristiana. La palabra “demon” tiene un origen antiguo y deriva del daimôn griego, un espíritu que representaba el concepto de una consciencia más alta. Un daimôn era una especie de semidiós o casi-divinidad de cualidades buenas o malas, que podía ser vinculado a un individuo por medio de técnicas mágicas. A través de esto, una persona podía mezclarse con la esencia del daimôn y asumir sus poderes. En la magia hermética a este espíritu se le llamaba daimônion y fue considerado como un intermediario entre los dioses y la humanidad. En la antigua Grecia se creía que un daimôn podía ser bueno y servicial (el agathodaimon) o cruel y malvado (el kakodaimôn). Estos daimôns buenos posteriormente fueron identificados con ángeles (angelos – mensajeros de los dioses). Aunque más a menudo se les mencionaba en un sentido neutral, ni buenos ni malos. Eran independientes, relativamente inmortales y poderosas entidades, a veces incluso consideradas una especie de semidioses. Un equivalente romano fue el genius, un espíritu familiar heredado a lo largo de las líneas genéticas de la familia. Uno de los trabajos más importantes de la magia contemporánea fue la absorción y unión con el daimôn personal. A través de esta unidad, un mago podía convertirse en “un hijo de dios” y ejercer su voluntad sobre el universo entero.3

La visión medieval del concepto “demonio”, muy influenciado por las doctrinas cristianas, fue la del ángel caído, un espíritu que fue castigado por dios y exiliado del Cielo, forzado a vagar por regiones infernales por toda la eternidad. Estos espíritus se habían opuesto a la voluntad de dios, ya fuera por medio del pecado original de cohabitar con mujeres mortales, o por orgullo y desobediencia. Ellos vagaban en la oscuridad, privados de la más alta de las recompensas que es la presencia de Dios y de la Luz, pero aparecían sobre la tierra, en el mundo de los humanos, y podían ser convocados por un mago que actuara en nombre de Dios. Dado que sus caras angélicas fueron deformadas por la atrocidad de los pecados que cometieron contra Dios, se convirtieron en abominables y repulsivas criaturas, odiosas y malvadas con los seres humanos – las amadas creaciones de dios. Estas viven en un reino infernal, divididas en jerarquías dependiendo de sus poderes y cualidades, las más poderosas presidiendo sobre muchas legiones de espíritus inferiores.

Las jerarquías demoníacas medievales abarcaban una extensa variedad de espíritus de las mitologías y religiones del mundo, especialmente dioses y entidades menores griegas, romanas, semíticas y del Oriente Medio. Deidades antiguas tales como Astarté, la diosa semita de la fertilidad que se convirtió en el aborrecible demonio Astarot. El antiguo dios Ba’al fue el prototipo de dos poderosos demonios de la jerarquía infernal: el lascivo y arrogante demonio de las mentiras, Belial, y Belcebú, el Señor de las Moscas. Incluso Fénix, el mítico pájaro sagrado de fuego de las mitologías egipcia y griega, es mencionado en el catálogo infernal del Goetia como uno de los demonios. Estos son solo unos pocos ejemplos de cómo los antiguos espíritus fueron demonizados por la nueva doctrina. También recibieron una nueva forma: algunos de ellos eran criaturas peludas y parecidas a sátiros, otros se parecían a Jinn del desierto de la tradición arábiga o se convirtieron en cabrunos demonios de los páramos. Espíritus de la naturaleza, antiguos dioses, entidades domésticas – todos encontraron su lugar en la recientemente fundada estructura demoníaca.

Tradición Salomónica

El Goetia es uno de los libros supuestamente atribuidos al legendario Rey Salomón. Salomón fue un personaje histórico, el gobernante de Israel en el siglo X A.C. Se le atribuye la construcción del Primer Templo de Jerusalén, realizado con la ayuda de demonios que fueron sojuzgados con este propósito. Él poseía talismanes, anillos mágicos y poderosos hechizos por medio de los cuales podía ordenar a los demonios que hicieran cualquier tarea por él, y finalmente se rumoreó que había legado todos sus libros secretos de magia. La vida del rey Salomón fue el tema de muchos relatos y leyendas en renombradas obras tales como la Biblia, el Corán, Las Mil y una Noches, y una enorme colección de escrituras, textos apócrifos, así como en obras de la literatura qabalística y talmúdica. Su poder, la gloria, su relación con la mítica bruja, la Reina de Saba, sus habilidades mágicas y su caída final, ocurrida en circunstancias extrañas, todo esto contribuyó a engrandecer su reputación como el mago más grande de todos los tiempos.

Una de las leyendas acerca de su poder sobre los demonios cuenta una historia de cómo aprisionó a espíritus malvados en un recipiente de bronce que lanzó a un profundo lago en Babilonia. Creyendo que el recipiente contenía un tesoro escondido, los babilonios lo recuperaron y rompieron el sello por el que los demonios quedaban atados. Cuando el sello fue roto, todos los espíritus se escaparon y dispersaron hacia sus respectivas moradas, excepto Belial, que penetró en una estatua y se convirtió en un oráculo para sus adoradores. De acuerdo a la leyenda, había 72 demonios principales en el recipiente y estos fueron los mismos espíritus que fueron posteriormente incluidos en la lista que se convirtió en la parte principal del Goetia.

Este libro y varios grimorios similares aparecieron entre los siglos 14 al 17 y han sido usados por muchos magos desde entonces. Es, de todos modos, muy poco probable que el verdadero Rey Salomón escribiera en realidad alguno de estos textos, aunque parece justificado que tal figura legendaria fuera escogida por el autor de los grimorios demoníacos. Era común al final de la Edad Media y en la época del Renacimiento escribir tales libros o grimorios anónimamente o atribuirlos al Rey Salomón. Vale la pena recordar que estos eran tiempos muy difíciles para los magos: la época de la quema de brujas, la Inquisición y la severa represión de los “herejes”. Era natural que los eruditos, monjes y hombres de ciencia ocultaran sus prácticas de magia demoníaca bajo el disfraz de otros campos de estudio. Y así, incluso aunque el ciclo de grimorios salomónico halló su modo de llegar a las manos de los magos contemporáneos, fue solo por medio de canales “subterráneos”, y los autores escogieron permanecer anónimos para proteger su reputación y su vida.

La historia y el origen de los espíritus que ahora constituyen las famosas Clavículas puede ser trazada tal vez hasta el primer siglo de nuestra era, cuando Josefo mencionó un libro de hechizos para conjurar demonios y que circulaba bajo el nombre de Salomón. Describió cómo un judío llamado Eleazar usó el libro para curar la posesión demoníaca. El misterioso texto nunca ha sido encontrado, pero hubieron muchos otros escritos ‘Salomónicos’ mencionados en las fuentes medievales, tales como el Salomonis libri de gemmis et daemonibus, Le Livre de Salomon, Sigillum Salomonis, o la Clavicula Salomonis, listados entre las “obras de necromancia” en boga en esa época. La mayoría de ellos era una amalgama de textos mágicos judíos, comúnmente disponibles en los primeros siglos de nuestra era en la parte helenística de Europa, muy influenciados por la magia hermética y los papiros mágicos griegos. Los hechizos eran una mezcla de salmos bíblicos, encantamientos populares, fórmulas latinas, griegas y hebreas, en las cuales anónimos autores habían entremezclado los nombres de los “demonios”, la mayoría antiguos espíritus y deidades paganas, ahora apareciendo bajo nuevos y distorsionados nombres .

Grimorios

Se supone que el grimorio más antiguo que se conoce es The Testament of Solomon fechado entre los siglos I y III D.C. La palabra grimorio deriva de la raíz griega “grammatikos” y se refiere al término "gramática", el sistema de lenguaje. Así, un grimorio es una “gramática de magia”, un libro de texto para un mago, conteniendo fórmulas, sellos e instrucciones de cómo invocar a los espíritus elegidos, la mayoría de las veces “malos”, demonios infernales. Se creía que aunque Dios creo el mundo y era el gobernante supremo de todas las criaturas, era en realidad Satán el que tenía dominio sobre la tierra, sus tesoros y sus fenómenos. Un mago, a menudo un sacerdote, o al menos un cristiano pío, tenía el poder de convocar a los espíritus caídos desde su morada infernal al actuar como representante de Dios. Era un intermediario entre el Infierno y el Cielo, y podía conjurar, atar y mandar a todos los espíritus, tanto celestiales como infernales, solo si era lo bastante casto y pío como para representar el poder divino sobre la tierra. Asumiendo que incluso los demonios del Infierno tenían que obedecer las órdenes de Dios, el mago los podía forzar por medio de nombres divinos y oraciones para que hicieran cualquier tarea para él. Y aunque incluso era muy difícil ser un mago y vivir la vida de acuerdo a las normas de los libros de magia, la popularidad de estos textos fue creciendo rápidamente en la Europa occidental.

La primera lista de demonios con autoría atribuida apareció en el siglo XVI en la Pseudomonarchia Daemonum (1577) de Johann Wyer, y más tarde en el Discoverie of Witchcraft (1574) de Reginald Scot. Estos primeros catálogos de demonios incluían sesenta y nueve espíritus con sus oficios y funciones. La lista completa de setenta y dos demonios aparecida en el grimorio del siglo diecisieteavo The Lesser Key of Solomon o Clavicula Salomonis, también conocido como Lemegeton. El libro está dividido en cinco partes, y como se explica en el manuscrito original:

  • La primera parte es un libro de espíritus malvados llamado GOETIA; estableciendo cómo atar a estos Espíritus, usándolos en diversas tareas, obteniendo con ello gran fama.
  • La segunda parte es un libro de Espíritus parcialmente Buenos y parcialmente Malvados, pero todos Espíritus del Aire; llamado THEURGIA-GOETIA.
  • La tercera parte es acerca de Espíritus Gobernantes de las horas planetarias, y de qué Espíritus corresponden a cada Grado de los Signos y a los Planetas en los Signos; llamado ARS PAULINA.
  • La cuarta parte de este Libro es llamada ALMADE[L] de Salomón, el cual contiene 20 Espíritus principales, los cuales gobiernan las cuatro Altitudes, o los 360 grados del Zodíaco.
  • Estas dos últimas órdenes de Espíritus son de los buenos y es llamada TEURGIA, y ha de ser Buscada por Divina Indagación.

La primera edición moderna del Lemegetón fue publicada en 1904 por Aleister Crowley y S.L. MacGregor Mathers bajo el título de The Book of Goetia of Solomon the King. Desde entonces ha sido republicado muchas veces, en diversas versiones, compilado y editado por aún más ocultistas, más o menos conocidos de los siglos XX y XXI y aún es uno de los más populares y renombrados libros de magia ritual.

De todas formas el término “magia Goética” no se refiere solo a la Lesser Key of Solomon sino a un amplio abanico de otros grimorios de la tradición salomónica, tales como el Grimorium Verum, The Grand Grimoire, True Black Magic, The Grimoire of Honorious y otros, los cuales incluyen un sistema mágico similar al presentado en el Lemegeton.

Magia Tradicional Goética

El Goetia contiene descripciones de setenta y dos demonios, listados con sus sellos, títulos, rango en la jerarquía infernal y el número de espíritus inferiores, habitualmente expresados en legiones. Casi la mitad de los espíritus enseñan ciencias y artes liberales: astrología, astronomía, aritmética, matemáticas, geometría, la ciencia de la medición, filosofía, lógica, retórica, ética, o geomancia. Muchos otros enseñan lenguajes, incluyendo la comprensión del lenguaje de animales y pájaros, el conocimiento de las hierbas, piedras preciosas, maderas o las virtudes de los planetas. Muchos otros de nuevo revelan el pasado, el presente y las cosas por llegar. Pueden dotar al mago con el conocimiento de cosas escondidas y secretas, de la creación del mundo, de la caída de los ángeles, y de las almas de los muertos. Algunos pueden responder todas las cuestiones acerca de materias secretas, humanas o divinas. Pero también hay muchos espíritus que tratan con materias más mundanas, tales como la revelación de tesoros escondidos y su entrega al mago – en dos de los casos el tesoro en cuestión ha de ser robado por el demonio encargado. Otro poder de varios demonios es procurar amor, e incluso hacen que la mujer se desnude delante del mago. Otros otorgan al operante los favores de amigos y enemigos, los reconcilian o incitan al odio mutuo. Otros poderes de los demonios goéticos incluyen el don de la invisibilidad, el transporte de hombres y cosas a todas las partes del mundo, la transformación en varias formas, la transformación del agua en vino, la transmutación de metales en oro, o el procurar ilusiones.

El libro también lista días y horas apropiados para conjurar demonios. Los espíritus determinados están adscritos a los cuatro elementos, a los doce signos estelares y a los siete planetas. Los sellos de demonios deben ser confeccionados en metales que correspondan a los siete poderes planetarios y al rango de los espíritus: Los Reyes Principales en Sol (Oro); los Marqueses en Luna (Plata); los Duques en Venus (Cobre); los Prelados en Júpiter (Estaño); los Caballeros en Saturno (Plomo); los Presidentes en Mercurio (Mercurio); los Condes en Venus (Cobre) y Luna (Plata). Los setenta y dos espíritus están bajo el poder de los cuatro Grandes Reyes gobernando los cuatro cuadrantes: Amaimon, Corson, Zimimay y Gaap. Estos cuatro Grandes Reyes no han de ser convocados, excepto en ocasiones muy importantes.

La magia tradicional del Goetia es el arte de la evocación, conjurar a los espíritus en el plano material en una forma y manifestación visibles. Da instrucciones exactas de cómo el mago ha de preparar la operación, cómo dibujar el círculo mágico y qué requisitos y talismanes debe tener el operador durante la evocación. También hay ruegos especiales y encantamientos por medio de los cuales el mago atrae a un espíritu elegido y lo despide después de que la tarea haya sido completada. Los grimorios salomónicos habitualmente proporcionan tres conjuros de convocatoria combinados con maldiciones y a veces también con la flagelación del demonio, si este no está deseando colaborar con el oficiante. El mago permanece en el círculo mágico con nombres de Dios y ángeles inscritos en su interior, lo que le protege a él de la ira y los engaños del demonio, mientras el espíritu aparece y se manifiesta afuera del círculo o el triángulo mágico (apuntando a la dirección correspondiente a los atributos del espíritu), a menudo asumiendo la forma de un humo denso o de un incienso especial.

A veces el mago ha de ofrecerle un regalo o un sacrificio. Los demonios son atraídos o bien en su verdadera forma o en una “atractiva forma humana”, y algunos grimorios asumen que la verdadera forma de los demonios es demasiado terrible como para soportarla. Después de que son dadas las órdenes, el demonio se supone que, o bien ha de realizar la tarea inmediatamente (p. ej. en el caso de tesoros), o se le despide y se espera a que haga el trabajo en el periodo de tiempo más corto posible. Hay muchas de tales instrucciones, conjuros, maldiciones y otros encantamientos en el Goetia y otros grimorios salomónicos.

Enfoque Moderno del Sistema Ritual del Goetia

El siglo veinte trajo muchas ediciones y alteraciones del sistema original de magia salomónica. Empezando por la traducción del Goetia publicada por Crowley y Mathers en los primeros años del siglo, los magos empezaron a adaptar la antigua tradición mágica a sus sistemas rituales personales. Con el surgimiento de la moderna psicología y las teorías junguianas acerca del Inconsciente, la percepción de los demonios de los sistemas antiguos cambió de la creencia en entidades objetivas a una nueva teoría, de acuerdo a la cual eran meras partes desconocidas de la mente, fragmentos de la Sombra personal. Ya no era necesario evocarlos por métodos tradicionales porque muchos magos creían que estos arquetipos podían ser activados por medio de despertar las capas dormidas de la propia psique.

Crowley y Mathers modificaron la estructura tradicional del Goetia por medio de introducir la Invocación Preliminar la cual atraía el divino aspecto personal del mago (“el Santo Ángel Guardián”) y lo ponía en la posición de Dios. Esto fue una separación importante del sistema Goético tradicional en el cual el operador era un mero agente de la fuerza divina y sus poderes solo eran “prestados” por Dios durante el tiempo que duraba la evocación. Crowley también introdujo elementos de las operaciones goéticas en otros rituales mágicos de evocación. A menudo los combinó con llamamientos enoquianos y unas pocas ceremonias thelémicas incluyendo, por ejemplo, el ritual de la “Estrella de Rubí”. Desde su punto de vista, los demonios de Salomón eran partes del cerebro humano y el Goetia solo era la estructura en la que cada cual podía construir su propio sistema mágico.

En el ocultismo moderno hay tres formas principales de magia goética: ortodoxa, arquetípica y el enfoque del Sendero de la Mano Izquierda. Cada método tiene sus ventajas y desventajas. El método ortodoxo está basado en el uso exacto de las instrucciones contenidas en los viejos grimorios. En otras palabras, esta es la antigua y tradicional magia, que incluye el sistema ceremonial completo de grimorios salomónicos: la preparación de prendas, accesorios, sellos, herramientas rituales, talismanes y otros accesorios, al igual que oraciones y conjuros pronunciados en nombre de Dios. Este método es muy poderoso y efectivo debido a su antigua técnica y tradición, practicada y verificada por muchos magos. De todas formas, es muy exigente, difícil y peligroso, debiendo tener el oficiante una gran determinación para trabajar satisfactoriamente con este método.

El enfoque arquetípico está basado en la creencia de que la estructura de la magia goética está construida alrededor de arquetipos universales los cuales pueden ser hallados en todas las tradiciones. Al practicante se le permiten eliminar o modificar ciertos elementos que no forman parte de su punto de vista, tal como los nombres de Dios y los ángeles, las inscripciones hebreas, o las citas bíblicas. Solo son efectivas si el mago es cristiano o vive de acuerdo con las leyes religiosas. De otro modo, el mago puede eliminar estos elementos y reemplazarlos con palabras e inscripciones que son parte de su propia imagen del mundo: p. ej. Inscripciones enoquianas, runas nórdicas, palabras de poder barbáricas, etc. La gran desventaja de este método es que requiere una enorme experiencia en la práctica de la evocación, al igual que un profundo conocimiento de los símbolos y su significado en varias tradiciones. Un oficiante inexperto podría no ser capaz de decidir qué debería dejar y qué eliminar y, o bien no obtendrán ningún resultado o los efectos de tales experimentos podrían ser contrarios a los esperados o devastadores para su vida y lo que lo rodea.

El tercer método es el enfoque del Sendero de la Mano Izquierda. Este método no requiere de largas y complejas preparaciones, el círculo con el nombre de Dios y los ángeles, elaborados conjuros, etc. Es una evocación por medio de experimentar directamente al espíritu conjurado – ya sea por medio de su entrada en el círculo o por medio de romperlo y permitirle entrar a la mente del oficiante. Así, aparte del objetivo básico de una evocación, p. ej. darle al espíritu una tarea que se supone que ha de hacer para el mago, él también absorbe la energía y las cualidades del espíritu – como en un ritual de invocación. El resultado deseado es también aprender a usar estos poderes mágicos sin la ayuda del espíritu. Un mago del Sendero de la Mano Izquierda no se aísla del demonio por medio de un círculo ritual sino lo encara y absorbe sus cualidades. Desde un punto de vista, esto puede parecer un método fácil, dado que no requiere métodos tradicionales que son normalmente muy difíciles de obtener. Las técnicas y métodos tradicionales a menudo parecen demasiado complicados e inalcanzables para un practicante moderno. No todo el mundo posee un templo especial para el trabajo con espíritus o no todo el mundo puede permitirse hacer talismanes en plata u oro. Esto no significa que sin ello uno no puede practicar de ningún modo el arte de la evocación. Cada método tradicional debe ser ajustado al contexto moderno, solo si el mago es creativo y tiene suficiente experiencia en este tipo de práctica. Además, si observamos a estos espíritus desde un punto de vista psicológico, no son otra cosa que encarnaciones internas de la Sombra, las partes rechazadas del Yo. Así, cuando el mago evoca estos oscuros aspectos de la personalidad y se enfrenta a ellos, ya no los percibe más como “demonios” y se convierten en una parte natural de su consciencia. Por otro lado, una abierta y amistosa aproximación a los demonios Goéticos no es suficiente como para estar capacitado para dar órdenes y controlar a estos poderosos y orgullosos líderes infernales. Por medio de evocar a cada uno de ellos, el mago también evoca a todas las legiones de sus espíritus subordinados. No es accidental que la evocación ha sido considerada siempre la más difícil y peligrosa de todas las artes mágicas.4

Unas Pocas Palabras de Conclusión

Para un practicante goético tradicional, la magia era una vocación que se desarrollaba a lo largo de la vida. Un solo ritual de invocación, junto a sus preparativos y el periodo de limpieza, llevaba de dos a tres meses. Mientras tanto, debía vivir su vida personal de acuerdo con las instrucciones mágicas y las bases del sendero espiritual. En el mundo moderno esta actitud parece ser diametralmente diferente. La mayoría de los ocultistas practicantes ya no siguen los métodos tradicionales de evocación. Las instrucciones y requerimientos son considerados demasiado confusos, demasiado difíciles, con un consumo de tiempo excesivo y, finalmente, completamente innecesarios. Muchos magos escogen el enfoque del Sendero de la Mano Izquierda porque ofrece una ilusoria convicción de ser “fácil” y relativamente “seguro”. Esto no puede estar más lejos de la verdad. Si la evocación es peligrosa y destructiva o no, depende mucho del que lo practica. La búsqueda de la autodeificación por parte del Sendero de la Mano Izquierda está tentando con su promesa de poder divino, pero es también el sendero espiritual más peligroso. Pasar más allá de la naturaleza humana y convertirse en uno con la Sombra puede ser un bello viaje espiritual, pero también puede ser una experiencia fatal y traumática. La clave para el arte de la evocación es un acercamiento con precaución, dedicación y responsabilidad por aquello que pueda ocurrir, y una profunda consciencia de nuestros propios poderes y debilidades.

1Daniel Ogden. Greek and Roman Necromancy
2Daniel Ogden. Greek and Roman Necromancy
3Stephen Edred Flowers. Hermetic Magic
4Thomas Karlsson. Qabalah, Qliphoth and Goetic Magic


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