domingo, 11 de mayo de 2014

Introducción a los Rituales Satánicos

Por Anton Szandor LaVey
(Traducido por Jose Cadaveria de The Satanic Rituals)


Los rituales que figuran en este documento representan un grado de franqueza que no suele encontrarse en un curriculum de estudios mágicos.

Todos ellos tienen un lenguaje en común, los elementos realmente representativos del otro lado. El diablo y sus trabajos se han asumido por un largo tiempo de muchas formas. Antes de la actualidad, para los católicos, los protestantes eran diablos. Para los protestantes los diablos eran los judíos y los católicos. Para los orientales los occidentales eran los diablos. Y para los americanos ubicados en el viejo oeste el “hombre rojo” era el Diablo.

Una fea costumbre del hombre es elevarse a sí mismos para difamar a los demás, es un fenómeno lamentable, pero aparentemente necesario para su bienestar emocional. Pocos desean llevar el estigma del villano. Pero esperen. Estamos viviendo uno de esos periodos singulares de la historia en que el villano se convierte en héroe constantemente. A pesar de estos preceptos su poder ha disminuido y casi en todo el mundo se representa la encarnación del mal. Sin embargo, si un ser humano siempre piensa que alguien más lo considera malvado, o el mal como tal, ese pensamiento es desterrado rápidamente. Pocos quieren cargar con el estigma del villano. Pero esperen hay… Estamos pasando por uno de esos periodos de la historia en el que el villano lógicamente se convierte en un héroe. El culto al anti-héroe ha exaltado a los rebeldes y al malhechor.

Debido al hecho de que el hombre no hace nada moderadamente, una aceptación selectiva de nuevas y revolucionarias corrientes es inexistente. En consecuencia, todo se torna caótico, y todo tiene un valor, aunque irracional, estando en contra de la política establecida. Las causas son un montón de monedas de diez centavos. La rebelión por el bien de la rebelión tiene como precedente una verdadera necesidad de cambio. Lo opuesto se volvió deseable, y esta se convirtió en la era de Satán.

Esto puede parecer terrible, aún cuando el polvo de las batallas descienda, revelando que lo que precisaba ser cambiado lo fue. Los sacrificios se han ofrecido, tanto humanos como de otro tipo, a fin de que el desarrollo a largo alcance pueda continuar, y la estabilidad retorne.

Así de grande es la odisea del siglo XX.

La aceleración del desarrollo del hombre ha llegado a un punto épico. Las evasivas teológicas del pasado fueron necesarias para mantener a la raza humana, mientras que el hombre superior realizó sus sueños y materializó sus planes, hasta que el esperma congelado de su descendiente mágico pudiese nacer sobre la tierra. Este descendiente emergió bajo la forma de Satán -El opositor-.

El frio y el hambre del pasado producían proles para arar los campos y trabajar en los molinos. Su frio desaparecerá y el frio acabará, pero producirán menos hijos, pues el derivado de de la helada semilla del mago que ha nacido sobre la Tierra realizará las tareas de la prole humana del pasado. Ahora es el hombre superior el que debe de tener la responsabilidad de producir los niños del futuro. La calidad es ahora más importante que la cantidad. Un niño que se estima que pueda crear, será más importante que diez que puedan reproducir algo - ¡o que cincuenta que puedan creer!-. La existencia del hombre-Dios será visible incluso para el más ignorante y tonto de los hombres que verá los milagros de su creatividad. La vieja creencia de que un ser supremo creó al hombre y al cerebro pensante del hombre será vista al fin como una ficción más que ilógica.

Es demasiado fácil decir que el satanismo es una total invención de la Iglesia Cristiana. Pues se dice, que en un principio el Satanismo no existía, antes de que la propaganda sectaria inventara a Satanás. Históricamente, la palabra Satán no tenía un malvado sentido antes de la cristiandad.

Las “prudentes” escuelas de Brujas, con una rígida adhesión al síndrome del dios cornudo símbolo de la fertilidad, consideraran las palabras Diablo o Satanás anatemas. Ellos niegan cualquier asociación. Ellos no quieren comparaciones de sus creencias “neopaganas-tradicionales” con lo diabólico. Han borrado de su árido vocabulario las palabras Satanás o Diablos y por el contrario han lanzado una campaña incansable para dignificar la palabra bruja, a pesar de que siempre ha sido sinónimo de maldad ya sean llamadas; bruja, hexe, venifica, u con otro nombre. Ellas de todo corazón acepta la valoración cristiana de la palabra Satanás y se ignora el hecho de que el término pasó a ser sinónimo de maldad simplemente porque:

a) Es de origen hebreo, y se consideraba que todo lo que era de origen judío estaba estrechamente relacionado con el diablo.

b) Porque significa adversario lo contrario.

Con todo el debate sobre el origen de la palabra bruja, y el claro origen de la palabra Satanás uno pensaría, que por lógica, Satanás sería razonablemente aceptado y explicado como una etiqueta, más injustamente colocada, que la palabra bruja1. Incluso, si se reconoce el carácter de la inversión empleada en la modificación de Pan (el bueno) en Satanás (el malo), ¿por qué rechazar a un viejo amigo sólo porque lleva un nombre nuevo e injustificado estigma? ¿Por qué tantos, se sienten todavía obligados a rechazar cualquier relación con lo que se podría clasificar como satánico, pero cada vez son más usadas, todas y cada una de las artes que durante siglos fueron consideradas de Satanás? ¿Por qué el científico, académico y de laboratorio cuyos antepasados sufrieron por la acusación de herejía gritada por los estúpidos cristianos, rechazan la palabra Satán, cuando el hombre de ciencia debe su patrimonio a lo que durante cientos de años se relegado a su majestad infernal?

Las respuestas a estas preguntas se pueden reducir a una única y pesada carga: Ellos no pueden darse el lujo de admitir una afinidad con todo lo que conlleva el nombre de Satanás, pues para hacer eso tendrían que girar sus insignias de buenos chicos. Y lo que es aún peor, los seguidores de la ¡Brujería No-Satanismo”! que vienen de la escuela de la necesidad de elevarse denigrando a los demás, exactamente como hacen sus ex-inquisidores cristianos, a quienes ellos piden que los dejen en paz.

Los ritos en este libro llaman a los demonios –demonios de todas las formas tamaños e inclinaciones. Los nombres se usan con deliberación y conciencia, porque, si uno puede tirar de lado, la cortina del miedo y entrar en el reino de las sombras, pronto los ojos se acostumbran y muchas extrañas y maravillosas verdades se verán.

Si uno es verdaderamente bueno dentro de él podrá llamar por sus nombres a los Dioses del abismo, de la libertad de culpabilidad y de la inmunidad de daño la sensación resultante será más gratificante. Pero no hay vuelta atrás. Estos son los Ritos de Lucifer… para los que se atreven a deshacerse: de sus mantos de bondad.

Anton Szandor LaVey La Iglesia de Satanás 25 de Diciembre VI ANNO SATANAS



1 La controversia sobre el origen de la palabra bruja en ingles es válido cuando se considera la etimología de la palabra en otros idiomas: Venifica (Latín), hexe (alemán),Streghe (italiano), etc. Solo en su forma inglesa la palabra ha asumido un origen benigno: Wicca, que supuestamente significa “sabio”. Cualquier debate debe centrarse en los últimos reclamos que promueven una actitud positiva y socialmente aceptada para el sentido de un término que tiene en todas las edades y en la mayoría de idiomas significados como: “envenenador”, “asustador”, “encantador”, o “mujer malvada”. Los antropólogos han demostrado que incluso en las sociedades primitivas en particular la Azande, la definición de bruja posee connotaciones malévolas. Por tanto, ¿Vamos a suponer, que la única bruja buena en el mundo, es la witchet inglesa? Esto sin embargo, se vuelve difícil de aceptar cuando se considera la etimología de la palabra que deriva del Medievo ingles Wysard= Sabio, frente al Ingles Antiguo Wican= doblar, de donde supuestamente la palabra bruja procedía. Con todo, esto, sólo parece ser un vano intento de legitimar una palabra que probablemente se originó por una onomatopeya. La formación de una palabra, ¡Que suena como se entiende!


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