lunes, 31 de marzo de 2014

Realidades Alternativas: El Mundo del Sueño, el Reino de la Imaginación

Por Robert A. Johnson
(Traducido por Manon de Inner Work)



Nuestros patrones verbales traicionan muchas de nuestras suposiciones automáticas: si uno comenta un sueño con un amigo, el amigo probablemente va a preguntar algo como, "¿Ocurrió ese detalle realmente, o sólo en el sueño?" La implicación es que lo que sucede en un sueño no es "real". De hecho, sería más adecuado preguntar, "¿Ocurrió en la realidad onírica, o en la realidad física? ¿En el mundo de los sueños, o en el mundo ordinario?"

Ambos son mundos genuinos, ambas son realidades que existen realmente. Pero el mundo de los sueños, si nos damos cuenta de ello, tiene un efecto más práctico y concreto sobre nuestras vidas que el que tienen los eventos exteriores. Porque es en el mundo de los sueños que el inconsciente está llevando a cabo sus poderosas dinámicas. Es ahí que las grandes fuerzas batallan o se combinan para producir las actitudes, ideales, creencias y compulsiones que motivan la mayor parte de nuestra conducta.

Una vez nos sensibilizamos a los sueños, descubrimos que toda dinámica en un sueño está manifestándose de alguna forma en nuestras vidas diarias - en nuestras acciones, relaciones, decisiones, rutinas automáticas, impulsos y sensaciones. Pero esta creencia es la gran ilusión del control del ego. Estos aspectos de nuestras vidas son realmente determinados a partir de un lugar mucho más profundo. Es en el mundo de la ensoñación que sus fuentes raíces son reveladas de una forma que podamos ver y entender.

Los sueños expresan al inconsciente. Los sueños son mosaicos dinámicos, compuestos de símbolos, que expresan los movimientos, conflictos, interacciones y desarrollos de los grandes sistemas de energía que se encuentran dentro del inconsciente.

El inconsciente tiene una capacidad particular para crear imágenes y usar esas imágenes como símbolos. Son estos símbolos los que forman nuestros sueños, creando un lenguaje por el que el inconsciente comunica sus contenidos a la mente consciente.

Igual que un fuego ardiente, inheremente exuda calor, el inconsciente inherentemente genera símbolos. Es simplemente la naturaleza del inconsciente hacerlo así. Conforme aprendemos a leer esos símbolos ganamos la habilidad de percibir el funcionamiento del inconsciente que hay dentro de nosotros. Esta habilidad de producir símbolos afecta a más cosas que sólo a nuestros sueños: toda vida humana está nutrida por el flujo de la imaginería simbólica surgida en los manantiales del inconsciente:

La imaginería simbólica del inconsciente es la fuente creativa del espíritu humano en todas sus realizaciones. No sólo han surgido la consciencia y los conceptos de su comprensión filosófica del mundo a partir del símbolo, sino que también la religión, el rito, el arte y la costumbre. Y dado que el proceso inconsciente de formación de símbolos es la fuente del espíritu y el lenguaje humanos, cuya historia es casi idéntica a la génesis y desarrollo de la consciencia humana, siempre empieza como un lenguaje simbólico. Por eso Jung escribe: "Un contenido arquetípico, se expresa a sí mismo primero y principalmente, en metáforas." (Neumann, Great Mother, p. 17)

Los símbolos-imágenes del inconsciente encuentran su camino al nivel de la consciencia principalmente a través de dos rutas: los sueños y la imaginación. Es más fácil entender la cualidad simbólica con los sueños, porque los sueños a menudo presentan criaturas míticas y situaciones sobrenaturales que serían imposibles en la vida física diaria. Generalmente las personas se sienten confundidas por las imágenes de sueño hasta que aprenden que las imágenes son simbólicas y no deben ser tomadas literalmente.

Ya que las imágenes de sueño no tienen sentido en términos ordinarios, la gente las desecha como "extrañas" o sin sentido, pero en realidad, los sueños son completamente coherentes. Si nos tomamos el tiempo necesario para aprender su lenguaje, descubrimos que todo sueño es una obra maestra de comunicación simbólica. El inconsciente habla en símbolos, no para confundirnos, sino que simplemente porque es su idioma nativo.

Nunca fui capaz de estar de acuerdo... en que el sueño es una "fachada" detrás de la que su significado yace escondido - un significado ya conocido pero maliciosa-mente, por así decir, negado a la consciencia. Para mí, los sueños son una parte de la naturaleza, que no alberga intención de engaño, sino que expresa algo como mejor puede, igual que una planta crece o un animal busca su alimento como mejor puede. Estas formas de vida, tampoco tienen deseo de engañar a nuestros ojos, pero estamos sujetos a engaño porque nuestros ojos son cortos de vista. Tiempo antes de que encontrara a Freud consideraba al Inconsciente y los sueños, que son sus exponentes directos, como procesos naturales a los que ninguna arbitrariedad puede ser atribuida, y por encima de todo, ninguna intención engañosa. (Jung, MDR, p. 161)

Podemos comparar un sueño a una pantalla en la que el inconsciente proyecta su drama interno. Vemos allí las varias personalidades interiores que componen la mayor parte de nuestro carácter total, las dinámicas entre las fuerzas que crean el inconsciente. Estas fuerzas invisibles y sus actividades emiten cargas, por así decir, que son transmitidas hacia la pantalla. Toman la forma de imágenes y la interacción de las imágenes de sueño nos da una representación exacta de esas dinámicas que llevamos dentro de nosotros.

Para aprender a entender estas imágenes, nuestro punto de inicio perceptivo es nuestra toma de consciencia de que no deben ser tomadas literalmente: aprendemos a buscar una actitud, una personalidad interior, un desarrollo o conflicto interior que se viste en la forma y color de esta imagen para que pueda ser visible para nosotros en la Tierra de los Sueños.

Imaginación y Símbolos

Hemos dicho que los sueños son el primero de los dos grandes canales de comunicación con el inconsciente; el segundo es la imaginación.

Desconcierta a mucha gente al principio, oír que la imaginación es un órgano de comunicación coherente que emplea un altamente refinado y complejo lenguaje de símbolos, para expresar los contenidos del inconsciente. Además, es verdad que si aprendemos a observarla con un ojo entrenado, descubrimos que la imaginación es un verdadero flujo de energía e imaginería significativa fluyendo desde el inconsciente la mayor parte del tiempo.

Podemos imaginar dos conductos que corren desde el inconsciente hasta la mente consciente. El primer conducto es la facultad de soñar; el segundo es la facultad de imaginar. El sueño y la imaginación tienen una cualidad especial en común: su poder para convertir las formas invisibles del inconsciente en imágenes que sean perceptibles para la mente consciente. Esta es la razón de que algunas veces sintamos como si la ensoñación fuera la imaginación en funcionamiento durante el sueño y la imaginación fuera el mundo de sueño fluyendo a través de nosotros mientras estamos despiertos.

Igual que el inconsciente emite cargas de energía en la noche que crean patrones sobre la pantalla de la mente-de-sueño, el inconsciente también funciona durante las horas de vigilia. Emite una corriente continua de pulsos energéticos que encuentran su camino hasta la mente consciente en la forma de sensaciones, estados de ánimo y en su mayor parte, las imágenes que aparecen en la imaginación. Igual que en los sueños, los significados simbólicos de las imágenes pueden ser entendidos por las personas que desean aprender.

El material que fluye a través de la imaginación toma muchas formas, desde lo frívolo hasta la visionario. En la parte baja de la escala está la fantasía pasiva: esta es la ensoñación fantasiosa que revolotea a través de la mente en raros momentos durante el día o algunas veces nos distrae por largos periodos de tiempo. Tales fantasías son meros entretenimientos o distracciones que no añaden nada a la consciencia.

En la parte alta de la escala está la experiencia visionaria, en la que la Imaginación Activa y los encuentros religiosos se funden. La Imaginación Activa es una forma de usar la imaginación constructivamente para aproximarse al inconsciente; hay muchas otras maneras, incluyendo profundas formas de meditación.

Nuestra cultura en el siglo veinte tiene un tremendo prejuicio colectivo contra la imaginación. Reflejada en las cosas que la gente dice: "Sólo estás imaginando cosas," o, "Eso es sólo tu fantasía, no es real."

De hecho, nadie "crea" algo en la imaginación. El material que aparece en la imaginación tiene su origen en el inconsciente. La imaginación, apropiadamente entendida, es un canal a través del que este material fluye a la mente consciente. Para ser incluso más exactos, la imaginación es un transformador que convierte el material invisible en imágenes que la mente consciente puede percibir.

La raíz de la palabra imaginación es la palabra latina imago, cuyo significado es "imagen"; la imaginación es la facultad formadora de imágenes de la mente, el órgano que tiene el poder de vestir a los seres del mundo interno con la imaginería para que podamos verlos. La imaginación genera los símbolos que el inconsciente usa para expresarse a sí mismo.

Una larga serie de desarrollos históricos y psicológicos a través de los siglos ha producido nuestro actual malentendido de lo que son realmente la fantasía y la imaginación. No tenemos aquí el espacio para evocar todos esos desarrollos, pero ya que el prejuicio están tan generalizado, será de valor mientras tanto echar un vistazo brevemente a cómo la fantasía y la imaginación eran entendidas por nuestros ancestros intelectuales, los antiguos griegos.

Nuestra palabra fantasía deriva de la palabra griega phantasía. El significado original de esta palabra es instructivo: significa "una creación visible." Derivaba de un verbo que significa "hacer visible, revelar." La correlación es clara: la función psicológica de nuestra capacidad para la fantasía es hacer visibles las por otra parte invisibles dinámicas de la psique inconsciente.

Encontramos aquí en la psicología de los griegos una intuición fundamental que la moderna psicología profunda ha tenido que redescubrir: la mente humana está investida con un poder especial para convertir el reino invisible en formas que puedan ser vistas en la mente y contempladas. Nosotros llamamos a este reino invisible el inconsciente: para Platón era el mundo de las formas ideales; otros antiguos pensaban de él que era la esfera de los dioses, la región del espíritu puro. Pero todos sentían una cosa: sólo nuestro poder para crear imágenes nos permite verlo.

Para los griegos, la phantasía denotaba esta facultad especial de la mente para producir imaginería poética, abstracta y religiosa. La phantasía es nuestra capacidad para "hacer visibles" los contenidos del mundo interior dándoles forma, personificándolos. Los griegos tomaron por cierto que la realidad del mundo interior, se expresaba como formas ideales o cualidades universales que se vestían a sí mismas en las imágenes divinas de sus dioses. Para ellos, la phantasía era el órgano por el que ese mundo divino hablaba a la mente humana1.

En la psicología europea hasta al menos los tiempos medievales, se pensaba que la capacidad formadora de imágenes llamada imaginación o phantasía era un órgano que recibe significados desde los mundos espirituales y estéticos y les da forma en una imagen que puede ser mantenida en la memoria y hecha el objeto del pensamiento y el razonamiento. En la religión, la facultad imaginativa era el sendero legítimo de la inspiración religiosa, la revelación y la experiencia. El hecho de que la información entrara en la mente consciente a través de la imaginación no hacía a ningún sabio desacreditarla, porque "una experiencia de imaginación poética [era] considerada conven-cionalmente como acompañada por una creencia en la realidad de lo que es imaginado (Oxford English Dictionary).

Fue quizá en tiempos isabelinos que el otro significado paralelo de fantasía, empezó a arraigar - una ensoñación ficticia, algo fantasioso e irreal. La palabra fantasear fue acuñada - derivada de fantasía - para significar algo que ha surgido caprichosamente en la imaginación como un mero entretenimiento. Desafortunadamente, este es el malentendido de la naturaleza de la imaginación que hemos heredado en la mente popular de nuestro siglo.

Si pensamos sobre ello aunque sea brevemente, debería estar claro lo estúpido que es denigrar a la imaginación. Los seres humanos dependen del poder formador de imágenes de la imaginación y sus imágenes-símbolos para la imaginería poética, la literatura, la pintura, la escultura y esencialmente todo funcionamiento artístico, filosófico y religioso. No podríamos desarrollar la inteligencia abstracta, la ciencia, las matemáticas, el razonamiento lógico e incluso el lenguaje, si no fuera por nuestra capacidad para generar estas imágenes-símbolos. Esta es la razón de que Neumann pudiera decir lo que se citó antes:

La imaginería simbólica del inconsciente es la fuente creativa del espíritu humano en todas sus realizaciones... Y dado que el proceso inconsciente de formación de símbolos es la fuente del espíritu y el lenguaje humanos, cuya historia es casi idéntica a la génesis y desarrollo de la consciencia humana, siempre empieza como un lenguaje simbólico. (Neumann, Great Mother, p. 17)

Imaginación Activa: El Uso Consciente
de la Facultad Imaginativa

La Imaginación Activa, como el inconsciente, siempre ha existido en la vida humana. Pero como con muchas facetas de nuestra vida interior, le tocó a Jung redescubrir este arte perdido y hacerlo disponible para el mundo moderno.

A primera vista, la Imaginación Activa puede parecer demasiado simple o infantil como para ser tomada en serio como técnica psicológica: consiste en ir a las imágenes que surgen en la propia imaginación y hacer un diálogo con ellas. Implica un encuentro con las imágenes. El ego-mente consciente realmente entra dentro de la imaginación y toma parte en ella. Esto a menudo significa una conversación hablada con las figuras que se presentan, pero también implica entrar dentro de la acción, la aventura o el conflicto que está hilando su historia en la imaginación de uno mismo.

Es este conocimiento, esta participación consciente en el evento imaginal, lo que lo transforma de una mera fantasía pasiva a Imaginación Activa. La unión de las mentes consciente e inconsciente sobre el fundamento común del plano imaginal nos da la oportunidad de romper algunas de las barreras que separan al ego del inconsciente, para establecer un genuino flujo de comunicación entre los dos niveles de la psique, resolver algunos de los conflictos neuróticos con el inconsciente, y por lo tanto aprender más sobre quienes somos como individuos.

Debido a la noción popular de que la imaginación es ficticia, mucha gente reacciona automáticamente pensando que tal experiencia en la imaginación no tiene sentido. Ellos piensan, "Sólo estaría hablando conmigo mismo." Pero si trabajamos con la Imaginación Activa pronto confirmaremos que dialogamos con partes genuinas internas de nosotros mismos. Confrontamos poderosas personalidades que viven en nuestro interior, en el nivel inconsciente y que están muy a menudo en conflicto con nuestras ideas y conductas conscientes. Realmente entramos en las diná-micas del inconsciente: viajamos al interior de una región a la que la mente consciente no sabía cómo ir.

Esta experiencia, ten por seguro, es simbólica. Las imágenes con las que interactuamos son símbolos, y las encontramos en un plano simbólico de existencia. Pero un principio mágico está en funcionamiento: cuando experimentamos las imágenes, también experimentamos directamente las partes interiores de nosotros mismos que están revestidas con las imágenes. Este es el poder de la experiencia simbólica en la psique humana cuando es llevada a cabo conscientemente: su intensidad y efecto sobre nosotros a menudo son tan concretos como lo sería una experiencia física. Su poder para realinear nuestras actitudes, enseñarnos y cambiarnos a profundos niveles, es mucho mayor que la de los eventos externos por los que podemos pasar sin llegar a notarlo.

Cuando experimentamos el símbolo, simultáneamente experimentamos el complejo, el arquetipo, la entidad psíquica interior que es representada por el símbolo. Cuando la imagen habla, es con una de nuestras propias voces internas. Cuando respondemos, es la parte invisible de nuestro propio sí-mismo la que escucha y registra. Está ante nosotros en la forma de la representación imaginal.

En la Imaginación Activa no estoy tanto "hablándome a mí mismo" como hablando a uno de mis yoes. Es en ese intercambio entre el ego y los varios personajes que surgen desde el inconsciente y aparecen en mi imaginación que empiezo a unir las piezas fragmentadas de mí en una unidad. Empiezo a conocer y aprender de las partes de mí que anteriormente no conocía.

Cuando la gente me pregunta si la Imaginación Activa es "real" o si los sueños son "reales", siempre pienso en un detalle de la historia de Don Quijote de la Mancha. Don Quijote decía que estaba buscando "pan hecho de más que sólo trigo." Quería decir, por supuesto, la Hostia, el pan que es comido como parte del ritual cristiano. La Hostia está hecha de trigo, aunque también está hecha del arquetipo, del cuerpo de Cristo, de espíritu, hecha de más que sólo trigo.

En el mismo sentido figurativo puedo decir que la Imaginación Activa es "más real que lo real." No sólo es real en el sentido de que tiene una relevancia práctica y concreta sobre nuestras vidas, sino que también nos conecta a un mundo de fuerzas que son superpersonales y transcendentes. Nos permite participar en la formación del flujo de las principales corrientes de energía que se juntan en cada uno de nosotros para formar los patrones de largo alcance de nuestras vidas, nuestras relaciones, y nuestras actitudes. Nos afecta en el nivel de las realidades que profundizan más, y nos afectan más profundamente que cualquier evento local en nuestras vidas diarias.

Por comparación con estas grandes fuerzas internas, y los contornos y direcciones de largo alcance que establecen en nosotros, las preocupaciones y decisiones de la vida diaria resultan ser en su mayoría olas sobre la superficie del gran río de la vida que se mueven lenta e inexorablemente hacia su destino. El trabajo con los sueños y la Imaginación Activa nos sintoniza con una mayor visión de la vida, en la dirección de ese gran río. Sacan nuestras mentes brevemente de las olas y contracorrientes locales que nos preocupan la mayor parte del tiempo.

Con lo que llegamos a sentir que el sueño y la imaginación nos conectan a un nivel de existencia que no sólo es "real" en el sentido externo de realidad, sino que es más que real.


1Los romanos aparentemente no tenían palabra en Latín para esta idea exacta de imaginación poética, espiritual o religiosa que producía una representación simbólica de la verdad interior. La palabra imaginación significaba en Latín clásico "ficticio", en el sentido de que la imagen no es lo mismo que el objeto externo que representa. Los escritores romanos vinieron a usar la palabra griega phantasía cuando querían hablar de la facultad humana por la que expresamos los contenidos del alma al usar la imaginería poética o espiritual. Cicerón usaba los caracteres griegos para escribir la palabra (Nota del Traductor).


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Este texto ha sido extraído de un libro muy interesante que te recomiendo que compres para tu biblioteca personal en el siguiente enlace:



2 comentarios:

  1. Conocí a Jung al poco de empezar mi andadura en el Sendero Siniestro; pero no profundicé en su psicología hasta hace poco más de un año y, ciertamente, cuánto me habría ayudado haberlo hecho antes.
    Me refiero a que, lejos de las fabulaciones e invenciones de muchos autores, creo que Jung buscó profundizar e investigar la parte "espiritual" del ser humano desde una forma lo más pragmática posible (en la medida en que la materia lo permite) analizando desde procesos psicológicos, sueños de innumerables pacientes, estudios antropológicos y análisis simbólico y artístico para, con todo, sintetizarlo y formular lo que es la Psicología Junguiana.
    Conocer esta psicología, en mi opinión, debería ser uno de los primeros pasos para todo aspirante a mago, ya que por un lado, le haría más sencillo al practicante la tarea de "distinguir el trigo de la cizaña", y, por otro, le dotaría de buenas referencias a la hora de cómo orientar sus prácticas. Eso sí, estudiando, siempre que sea posible, las obras del propio Carl Jung o de sus principales discípulos, pues desafortunadamente, esta psicología tampoco se libra de la charlatanería y fabulación.

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    1. Anónimo, estoy de acuerdo contigo en la necesidad de que la psicología y si es una escuela de psicología profunda como lo es la junguiana más todavía, deba ser un aspecto necesario a entender y contemplar dentro de cualquier práctica espiritual, si bien no estoy de acuerdo con interpretarlo todo desde la óptica psicológica, no obstante sí que la veo necesaria para entender con más sutileza y profundidad la respuesta del practicante ante su sendero espiritual. Un abrazo y gracias por compartir tus reflexiones al respecto.

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