viernes, 7 de marzo de 2014

DARSE CUENTA DEL INCONSCIENTE

Por Robert A. Johnson
(Traducido por Manon de Inner Work)


Una mañana una mujer iba en su coche como era usual, conduciendo varios kilómetros hasta su oficina. A lo largo del camino su imaginación empezó a producir una gran aventura. Se vio a sí misma en tiempos dorados, una simple mujer viviendo en medio de guerras y cruzadas. Se convirtió en una heroína, salvó a su pueblo usando de la fuerza y el sacrificio, y encontró a un fuerte y noble príncipe que la amaba.
Con su mente consciente así totalmente ocupada, condujo a través de varias calles, paró en los semáforos, señaló apropiadamente en cada esquina, y llegó segura al aparcamiento de su oficina. Cuando volvió en sí, se dio cuenta de que no podía recordar nada del camino hasta la oficina. No recordaba ni una sola intersección o esquina. Su sorprendida mente se preguntó: "¿Cómo puedo haber conducido esta distancia sin ser consciente de ello? ¿Dónde estaba mi mente? ¿Quién estaba conduciendo mientras yo ensoñaba?" Pero cosas como esa le habían ocurrido ya antes, así que dejó el asunto y entró en la oficina.
En su escritorio empezó a planificar su día de trabajo, pero fue interrumpida por un compañero que la asaltó en su despacho, lanzándole un memorándum que ella había hecho circular, enfurecido por algún detalle menor con el que estaba en desacuerdo. Ella estaba atónita. ¡Su ira era tan desproporcionada al tamaño del asunto! ¿Qué se había apoderado de él?
Él, a su vez, oyendo sus propias voces, se dio cuenta de que estaba haciendo una montaña de un grano. Avergonzado, farfulló una disculpa y se fue. En su propio despacho se preguntó a sí mismo: ¿Qué se apoderó de mí? ¿De dónde vino eso? Generalmente no me enfado por cosas pequeñas. ¡Simplemente no era yo!” Sentía una ira hirviendo en su interior que nada tenía que ver con el memorándum de su amiga pero que repentinamente había subido a la superficie por ese asunto sin importancia. De dónde vino la ira, no lo sabía.
Si estas dos personas tuvieran tiempo para pensar en ello, podrían darse cuenta de que ya habían sentido la presencia del inconsciente en sus vidas esa mañana. En docenas de maneras en el flujo y reflujo de la vida diaria, experimentamos al inconsciente conforme actúa en nosotros y a través de nosotros.
Algunas veces funciona junto con la mente consciente y toma el control del automóvil mientras la misma está enfocada en alguna otra cosa. Todos hemos tenido la experiencia de conducir unas pocas manzanas en “piloto automático” como la mujer de nuestro ejemplo hizo. La mente consciente está en algún otro lugar, brevemente, y la mente inconsciente simplemente lleva a cabo cualquier cosa que estemos haciendo. Nos hace parar ante las luces rojas, nos hace andar ante las luces verdes, y nos mantiene dentro de la ley hasta que la mente consciente regresa al aquí-y-ahora. Esta no es la forma más segura de conducir, pero el inconsciente nos provee con un excelente y crucial sistema de apoyo incorporado, que todos tomamos por concedido.
Algunas veces el inconsciente genera una fantasía tan llena de vívidas y simbólicas imágenes, que cautiva la mente consciente totalmente y mantiene nuestra atención un largo rato. La fantasía de aventura, peligro, sacrificio heroico y amor que cautivó a la mujer en su camino al trabajo, es un ejemplo primario de la forma en la que el inconsciente invade nuestras mentes conscientes e intenta expresarse – a través de la imaginación, usando el lenguaje simbólico de las imágenes cargadas de sentimiento.
Otra forma en la que experimentamos el inconsciente es a través de repentinos impulsos y emociones, el gozo inexplicable o la ira irracional que de repente invade la mente consciente y toma el mando. Los torrentes de sentimiento no tienen sentido para la mente consciente, porque la mente consciente no los produjo. El hombre de nuestro ejemplo no podía explicarse la intensidad de su reacción. Se preguntaba, “¿De dónde vino eso?” Sentía que su ira venía de algún lugar fuera de él. Sintió que “no era él” durante unos pocos momentos. Pero de hecho este impulso de emoción ingobernable vino de una parte de él, un lugar profundo dentro del que no podía ver con su mente consciente. Es por esta invisibilidad que este lugar interior es llamado el “inconsciente”.
La idea del inconsciente deriva de una simple observación en la vida humana diaria: Hay material contenido en nuestras mentes del que no somos conscientes la mayoría de las veces. Algunas veces nos hacemos conscientes de un recuerdo, una asociación placentera, un ideal, una creencia que mana inesperadamente desde un lugar desconocido. Sentimos que hemos portado estos elementos en algún lugar dentro de nosotros durante mucho tiempo – pero ¿dónde? En una parte desconocida de la psique total que yace fuera de los límites de la mente consciente.
El inconsciente es un universo maravilloso de invisibles energías, fuerzas, formas de inteligencia – incluso personalidades distintas – que viven dentro de nosotros. Es un reino mucho mayor de lo que la mayoría de nosotros conocemos, uno que tiene una completa vida propia corriendo paralela a la vida ordinaria que vivimos día a día. El inconsciente es la fuente secreta de muchos de nuestros pensamientos, sentimientos y conductas. Nos influye en formas que son más poderosas porque son inesperadas.
La mayoría de nosotros tenemos un sentido intuitivo sobre lo que quiere decir cuando oímos el término inconsciente. Todos hemos tenido la experiencia de hacer algo inconscientemente mientras nuestras mentes estaban en “algún otro lugar”, sorprendiéndonos entonces de lo que habíamos hecho. Recordamos habernos calentado durante una conversación y soltar alguna fuerte opinión que no sabíamos conscientemente que manteníamos.
Algunas veces nos hemos sorprendido: “¿De dónde vino eso? No sabía que sentía eso tan fuertemente.” Conforme nos hacemos más sensibles a los arrebatos de energía desde el inconsciente aprendemos en cambio a preguntar, “¿Qué parte de mí cree eso? ¿Por qué este asunto sale con tan intensa reacción de esa parte invisible de mí?”.
Aprendamos a mirar el asunto más detenidamente. Lo que “se apodera de mí” es una repentina invasión de energía desde el inconsciente. Si pienso que no estaba siendo “yo mismo”, es porque no me doy cuenta de que “yo mismo” también incluye a mi inconsciente. Estas partes ocultas de nosotros mismos tienen fuertes sentimientos y quieren expresarse a sí mismas. A pesar de todo, a menos que aprendamos a hacer trabajo interior, estas partes de nosotros estarán ocultas de nuestra visión consciente.
Algunas veces estas personalidades ocultas son embarazosas o violentas, y somos humillados cuando se muestran a sí mismas. En otros momentos despertamos a fuerzas y sutiles cualidades dentro de nosotros que nunca supimos que estaban ahí. Aprovechamos recursos internos y hacemos cosas que normalmente no hubiéramos podido haber hecho, decimos algo más claro e inteligente de lo que nunca hubiéramos sido capaces de decir con anterioridad, expresamos sabiduría que no sabíamos que teníamos, mostramos una generosidad o entendimiento del que nunca supimos que éramos capaces. En cada caso hay una reacción sorprendida: “Soy una persona diferente de lo que pensaba que era. Tengo cualidades – tanto positivas como negativas – que no sabía que fueran parte de mi definición”. Estas cualidades vivían en el inconsciente, donde estaban “fuera de la vista, fuera de la mente.”
Todos somos mucho más que el “Yo” del que somos conscientes. Nuestras mentes conscientes pueden enfocarse sólo sobre un limitado sector de nuestro ser total en cualquier momento dado. A pesar de nuestros esfuerzos en pos del autoconocimiento, sólo una pequeña porción del gran sistema de energía del inconsciente puede ser incorporado dentro de la mente consciente o funcionar en el nivel consciente. Por lo tanto tene-mos que aprender a acceder al inconsciente y a volvernos recep-tivos a sus mensajes: es la única forma para encontrar las partes desconocidas de nosotros mismos.

Acercándose al Inconsciente – Voluntaria o Involuntariamente

El inconsciente ha desarrollado un lenguaje especial para usarlo en los sueños y la imaginación: es el lenguaje del simbolismo. Como veremos, el trabajo interior es principalmente el arte de aprender este lenguaje simbólico del inconsciente. Por lo tanto dedicaremos la mayor parte de nuestro tiempo a trabajar con los sueños, la imaginación, y los usos del simbolismo.
Muchos de los esfuerzos comunicativos del inconsciente se han perdido para nosotros. El inconsciente asciende a la superficie en los sueños, pero pocas personas tienen la información necesaria para tomar sus sueños en serio y entender su lenguaje. La actividad del inconsciente también es evidente en el correr de la imaginación: los estallidos de imaginación que flotan como burbujas a través del paisaje de la mente consciente, apenas notados por nosotros; las verdaderas inundaciones de la imaginación que se apoderan regularmente de muchas personas y corren como ríos a lo largo de los bordes de sus mentes. Pensamos que estamos "pensando" o pensamos que estamos "planificando", pero lo que más a menudo ocurre es que estamos ensoñando, perdidos durante unos pocos minutos en esa corriente de fantasía antes de que retornemos a la situación física, el trabajo entre manos, las personas con las que estamos hablando.
Para conseguir un verdadero sentido de quienes somos, volvernos unos más completos e integrados seres humanos, debemos ir al inconsciente y establecer una comunicación con él. Mucho de nosotros y de los determinantes de nuestro carácter están contenidos en el inconsciente. Sólo acercándonos a él es que tenemos la oportunidad de volvernos conscientes, completos y totales seres humanos. Jung ha demostrado que a través del acercamiento al inconsciente y el aprendizaje de su lenguaje simbólico, vivimos vidas más ricas y plenas. Empezamos a vivir en colaboración con el inconsciente en lugar de a su merced o en constante conflicto con él.
La mayor parte de la gente, sin embargo, no se acerca voluntariamente al inconsciente. Sólo toman consciencia del inconsciente cuando tienen problemas con él. Las personas modernas estamos tan fuera de contacto con el mundo interior que lo encontramos principalmente a través del sufrimiento psico-lógico. Por ejemplo, una mujer que piensa que lo tiene todo bajo control puede encontrarse a sí misma horriblemente deprimida, incapaz tanto de sacudirse la depresión de encima como de entender qué le está ocurriendo. O un hombre puede encontrar que tiene terribles conflictos entre la vida que vive externamente y los ideales inconscientes que tiene profundamente dentro de sí, donde nunca mira. Se siente indeciso o atormentado por la ansiedad, pero no puede decir por qué.
Cuando experimentamos conflictos inexplicables que no podemos resolver; cuando nos hacemos conscientes de impulsos en nosotros mismos que parecen irracionales, primitivos o destructivos; cuando una neurosis nos aflige porque nuestras actitudes conscientes están tan en desacuerdo con nuestras identidades instintivas – entonces empezamos a darnos cuenta de que el inconsciente está jugando un rol en nuestras vidas y que necesitamos encararlo.
Históricamente, fue a través de este tipo de patologías que Jung y Freud redescubrieron la existencia del inconsciente – a través del sufrimiento psicológico de pacientes en los que la relación entre los niveles consciente e inconsciente se había roto.

El Modelo de Jung del Inconsciente

Jung descubrió que el inconsciente no es meramente un apéndice de la mente consciente, un lugar donde los recuerdos olvidados o los sentimientos desagradables son reprimidos. Él propuso un modelo del inconsciente tan crucial que el mundo occidental todavía no está inmerso en sus implicaciones. Mostró que el inconsciente es la fuente creativa de todo lo que evoluciona hacia la mente consciente y hacia la personalidad total de cada individuo. Es a partir del material en bruto del inconsciente que nuestras mentes conscientes se desarrollan, maduran y expanden para incluir todas las cualidades que portamos potencialmente dentro de nosotros. Es a partir de este cofre del tesoro que nos enriquecemos con fuerzas y cualidades que nunca supimos que poseíamos.

La Evolución de la Consciencia

Los estudios y trabajos de Jung le condujeron a la conclusión de que el inconsciente es la fuente real de toda nuestra consciencia como seres humanos. Es la fuente de nuestra capacidad como seres humanos para el pensamiento, el razonamiento, el conocimiento y el sentimiento ordenados. El inconsciente es la Mente Original de la humanidad, la matriz primigenia desde la que nuestra especie ha evolucionado hacia una mente consciente, habiéndola desarrollado posteriormente a lo largo de milenios hasta el alcance y refinamiento que tiene hoy. Toda capacidad, todo aspecto de nuestro funcionamiento consciente, estuvo en principio contenido en el inconsciente y después encontró su camino desde ahí hacia el nivel consciente.
Jung desarrolló una magnífica visión de esta capacidad humana para la consciencia, de su rol y significado. Vio una fuerza creativa en funcionamiento en la naturaleza - un cosmos trabajando a través de eones incontables para dar nacimiento a esta rara cualidad que llamamos consciencia. A través de la raza humana, la gran psique inconsciente de la Naturaleza lentamente ha hecho una parte de sí consciente. Jung creía que Dios y toda la creación se han esforzado a través del tiempo para traer el conocimiento consciente al universo, y que el rol de los seres humanos es llevar esa evolución todavía más allá.
La consciencia humana se desarrolla a partir de la materia primigenia del inconsciente. Su crecimiento es alimentado por una continua corriente de contenidos a partir del inconsciente que se elevan gradualmente al nivel de la consciencia, buscando dar forma a una más completa y consciente persona. La incorporación de materiales inconscientes debe continuar hasta que finalmente, la mente consciente refleje la totalidad del sí-mismo total.
Jung creía que todo mortal tiene un rol individual que jugar en esta evolución. Igual que nuestra capacidad colectiva como seres humanos para la consciencia evolucionó a partir de la psique inconsciente, lo hace cada individuo. Cada uno de nosotros debe, en el lapso de vida individual, recapitular la evolución de la raza humana, y cada uno de nosotros debe ser un contenedor individual en el que la evolución de la consciencia es llevada más allá.
Cada uno de nosotros es un microcosmos en el que el proceso universal se actualiza a sí mismo. Por lo tanto todos estamos inmersos en el movimiento de los contenidos del inconsciente hacia el nivel de la mente consciente. Cada uno de nosotros está involucrado en el contramovimiento del ego-mente de vuelta hacia el inconsciente, reconectando con su matriz elemento raíz que le dio su nacimiento.
Dentro del inconsciente de cada persona está el patrón primigenio, el "proyecto" si gustas, conforme al que la mente consciente y toda la personalidad funcional son formadas - desde el nacimiento y a través de todos los lentos años de crecimiento psicológico hacia la genuina madurez interior. Este patrón, esta celosía de energía, contiene todos los rasgos, todas las fuerzas, los fallos, la estructura básica y partes que crean un ser psicológico completo.
En la mayoría de nosotros, sólo una pequeña porción de este almacén de energía cruda, ha sido asimilado dentro de la personalidad consciente. Sólo una pequeña parte del esquema original ha sido actualizada en el nivel consciente.
El modelo inconsciente e interior del individuo es como el plano para una catedral: al principio, mientras el plano es traducido a una realidad física, sólo los contornos generales pueden ser vistos. Después de un tiempo, una pequeña parte de la estructura real está medianamente acabada como para dar un indicio de lo que la obra de arte final será. Conforme los años pasan el edificio se eleva, piedra a piedra, hasta que finalmente los últimos bloques están en su sitio y los toques finales están completos. Sólo entonces la magnífica visión del arquitecto es revelada.
De la misma forma, la verdadera profundidad y grandeza de un ser humano individual nunca está totalmente manifestada hasta que los elementos principales de la personalidad, son sacados del nivel de lo potencial en el inconsciente y actualizados en el nivel de funcionamiento consciente.
Cada uno de nosotros está construyendo una vida, constru-yendo un edificio. Dentro de cada persona el plano y la estructura básica se hallan establecidos en un profundo lugar en el inconsciente. Pero necesitamos consultar al inconsciente y cooperar con él con el fin de realizar todo el potencial que hay dentro de nosotros. Y tenemos que encarar los desafíos y dolo-rosos cambios que el proceso de crecimiento interior siempre traen consigo.

El Ego en Medio del Inconsciente

El inconsciente es un enorme campo de energía, mucho mayor que la mente consciente. Jung comparaba al ego – la mente consciente – con un corcho meciéndose en el enorme océano del inconsciente. También comparaba la mente consciente con la punta de un iceberg que sale por encima de la superficie del agua. El noventa y cinco por cierto de un iceberg está oculto bajo las oscuras y heladas aguas. El inconsciente, como la mayor parte del iceberg, está fuera de la visión. Pero es enormemente poderoso – y tan peligroso como un iceberg sumergido si no es respetado. La mayor parte de la gente se ha hundido después de colisionar con el inconsciente, igual que el Titanic después de colisionar con el iceberg.
Ego, en latín, simplemente significa “yo.” Freud y Jung se referían a la mente consciente como el ego porque esta es la parte de la psique que se llama a sí misma “yo”, que es “autoconsciente” - consciente de sí misma como un ser, como un campo de energía que es independiente y distinta de otros. Cuando decimos “yo”, nos estamos refiriendo a sólo ese pequeño sector de nosotros mismos del que somos conscientes. Asumimos que el “yo” sólo contiene esta personalidad, estos rasgos, estos valores y puntos de vista que están sobre la superficie dentro del rango de visión del ego, accesibles a la consciencia. Esta es mi limitada, altamente inadecuada versión de quien “yo” soy.
El ego-mente no es consciente de que el “yo” total es mucho mayor, más extenso que el ego, que la parte de la psique que está oculta en el inconsciente es mucho mayor que la mente consciente y mucho más poderosa.
Nuestros egos tienden a pensar del inconsciente como estando fuera de nosotros mismos, incluso aunque sus contenidos estén realmente dentro de nosotros. Este es el motivo de que oigamos a personas decir cosas como “No era yo cuando hice eso.” Cuando nos encontramos haciendo algo inesperado, algo que no se adecua con la concepción consciente que tenemos de nosotros, hablamos de ello como si otro estuviera actuando en lugar de nosotros mismos. La mente consciente se sorprende, porque hace como que el inconsciente no está allí. Dado que la psique total es mucho más grande y más compleja que lo que el ego-mente puede entender, estas cosas inesperadas siempre se sienten como si vinieran de fuera de nosotros en lugar de nuestro interior.
En sueños y mitos la mente consciente a menudo es simbolizada por una isla. Como una persona-isla en un mundo-isla, el ego se crea un pequeño mundo propio – un sistema de orden y un conjunto de asunciones sobre la realidad. Nuestros egos no son conscientes de que fuera de los límites de sus pequeñas islas, fuera de los estrechos parámetros de sus visiones, hay un completo universo de realidades y verdades contenidas en el vasto mar del inconsciente que nuestros egos no pueden percibir.
En las profundidades de este océano invisible de energía, grandes fuerzas están en funcionamiento. Reinos míticos, simbolizados por las leyendas de la Atlántida, existen allí en las profundidades y llevan vidas paralelas a la vida diaria de nuestras mentes conscientes. Centros de consciencia alternativa, valores, actitudes e ideas alternativas existen allí como otras islas en el gran mar. Esperan ser descubiertos y reconocidos por la mente consciente que busca.
El propósito de aprender a trabajar con el inconsciente no es sólo resolver nuestros conflictos o tratar con nuestras neurosis. Encontramos allí una profunda fuente de renovación, crecimiento, fuerza y sabiduría. Conectamos con la fuente de nuestro carácter evolutivo; cooperamos con el proceso a través del cual llevamos al sí mismo total a unión; aprendemos a aprovechar la rica veta de energía e inteligencia que espera dentro de nosotros.

El Inconsciente y la Vida Interior

La vida interior que Jung describió es la vida secreta que todos protagonizamos, de día y de noche, en constante compañía de nuestras identidades invisibles, inconscientes e internas. Cuando la vida humana está en equilibrio, la mente consciente y el inconsciente viven en relación. Hay un constante flujo de energía e información entre los dos niveles mientras se encuentran en la dimensión del sueño, la visión, el ritual y la imaginación.
El desastre que ha sobrepasado al mundo moderno es la completa escisión de la mente consciente de sus raíces en el inconsciente. Todas las formas de interacción con el inconsciente que nutrían a nuestros ancestros – sueños, visiones, rituales y experiencias religiosas – se han perdido en gran medida para nosotros, desechadas por la mente moderna como primitivas o supersticiosas. Por lo que, en nuestro orgullo y arrogancia, en nuestra fe en nuestra irrefutable razón, nos separamos de nuestros orígenes en el inconsciente y de las partes más profundas de nosotros mismos.
En la moderna sociedad occidental hemos alcanzado un punto en el que tratamos de seguir adelante sin reconocer en absoluto la vida interior. Actuamos como si no hubiera inconsciente, ni reino del alma, como si pudiéramos vivir vidas plenas fijándonos exclusivamente en el mundo externo y material. Intentamos tratar con todos los asuntos de la vida por medios externos - haciendo más dinero, consiguiendo más poder, iniciando una escarceo amoroso, o "logrando algo" en el mundo material. Pero descubrimos para nuestra sorpresa que el mundo interior es una realidad que en última instancia tenemos que encarar.
Jung observó que en la mayoría de las neurosis, el sentimiento de fragmentación, el vacío de sentido, en las vidas modernas, resulta de esta separación del ego-mente del inconsciente. Como seres conscientes todos nos conducimos con la vaga sensación de que hemos perdido una parte de nosotros, que algo que una vez nos perteneció se ha perdido.
Nuestra separación del inconsciente es sinónimo de nuestra separación del alma, de la vida y del espíritu. Resulta en la pérdida de nuestra vida religiosa, porque es en el inconsciente que encontramos nuestra concepción de Dios y la experiencia de nuestras deidades. La función religiosa - esta demanda innata de sentido y experiencia interna - se ha amputado del resto de la vida interior. Y sólo puede forzar su vuelta a nuestras vidas a través de la neurosis, los conflictos internos y los síntomas psicológicos que demandan nuestra atención.
Hace varios años fui invitado a hablar en un seminario católico romano. En el último minuto algún impulso travieso se apoderó de mí y titulé mi conferencia "Tu Neurosis como una Experiencia Religiosa de Bajo Nivel." Aparentemente la conferencia sacudió a la congregación profundamente. Tuve el mayor aluvión de preguntas, conversaciones vehementes y voces levantadas que he tenido nunca. El asunto tocó un nervio en carne viva, como puedes ver. La gente estaba sorprendida de oír que si no vamos al espíritu, el espíritu viene a nosotros como una neurosis. Esta es la inmediata, práctica conexión entre la psicología y la religión en nuestro tiempo.
Toda persona debe vivir la vida interior de una u otra forma. Consciente o inconscientemente, voluntaria o involuntariamente, el mundo interior nos reclamará y exigirá su pago. Si vamos a ese reino conscientemente, es a través de nuestro trabajo interior: nuestras plegarias, meditaciones, trabajo onírico, ceremonias e Imaginación Activa. Si intentamos ignorar al mundo interior, como la mayoría de nosotros hacemos, el inconsciente encontrará su camino hacia nuestras vidas a través de la patología: nuestros síntomas psicosomáticos, compulsiones, depresiones y neurosis.

El Proceso de Individuación

Individuación es el término que Jung usó para referirse al proceso de toda una vida de llegar a ser seres humanos completos para el cual nacimos. La individuación es nuestro despertar a nuestros yoes totales, que permite que nuestras personalidades conscientes se desarrollen hasta que incluyan todos los elementos básicos que son inherentes en cada uno de nosotros en el nivel preconsciente. Esta es la "realización del proyecto" del que hablamos antes.
¿Por qué debería llamarse a esto "individuación"? Porque este proceso de realizarse uno mismo y volverse más completo también revela la estructura especial e individual de cada uno. Muestra cómo los rasgos y posibilidades humanas universales están combinados en cada individuo de una forma que es diferente a la de cualquier otro.
Jung enfatizó la singularidad de la estructura psicológica de cada persona. Por lo tanto, el nombre que le dio a este proceso no fue un accidente; reflejaba su convicción de que cuanto más encara uno al inconsciente y hace una síntesis entre sus contenidos y lo que es la mente consciente, más deriva un sentido de la propia individualidad como única.
A la misma vez, la individuación no significa volverse aislado de la raza humana. Una vez nos sentimos más seguros como individuos, más completos dentro de nosotros mismos, es natural buscar también la miríada de formas en las que nos parecemos a nuestros compañeros humanos - los valores, intereses y cualidades humanas esenciales que nos unen a la tribu humana. Si miramos más detenidamente, vemos que nuestra individualidad consiste en la forma especial en que combinamos los patrones psicológicos y sistemas de energía universales que todos los seres humanos tenemos en común. Jung llamó a estos patrones los arquetipos.
Dado que los arquetipos son universales, están todos presentes en el inconsciente de cada persona. Pero se combinan en infinitas variaciones para crear las psiques humanas individuales. Podemos comparar todo esto con el cuerpo físico. De alguna manera nuestros cuerpos son como el de todos los otros seres humanos. Todos tenemos brazos, piernas, corazones, hígados y piel de una u otra forma. Son características universales de la especie humana. Con todo, si comparo mis huellas dactilares o los filamentos del pelo con los de otras personas, encuentro que no hay dos cuerpos humanos que sean exactamente iguales.
En la misma forma las energías psicológicas universales y las capacidades de la raza humana están combinadas de manera distinta en cada uno de nosotros. Cada persona tiene una estructura psicológica distinta. Sólo viviendo con esa estructura inherente es que uno descubre lo que significa ser un individuo.
Si trabajamos en la individuación, empezamos a ver la diferencia entre las ideas y valores que vienen de nuestros propios yoes y las opiniones sociales que absorbemos del mundo que nos rodea. Podemos dejar de ser meros apéndices de una sociedad o un grupo de personas: aprendemos que tenemos nuestros propios valores, nuestras propias formas de vida, que proceden naturalmente de nuestras naturalezas innatas.

Una gran sensación de seguridad se desarrolla a partir de este proceso de individuación. Uno empieza a entender que no es necesario probar a ser como cualquier otro, porque siendo el propio yo de uno se está sobre el suelo más seguro. Nos damos cuenta de que conocernos completamente y desarrollar todas las fuerzas que se han erigido dentro de nosotros, es una tarea para toda la vida. No necesitamos hacer una imitación de la vida de otro. No hay más necesidad de pretensiones, porque lo que ya es nuestro es bastante riqueza, y mucho más de lo que esperábamos.


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Este texto ha sido extraído de un libro muy interesante que te recomiendo que compres para tu biblioteca personal en el siguiente enlace:



2 comentarios:

  1. dice que esta privado el archivo de scribd puedes ponerlo en modo publico por favor?

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    Respuestas
    1. Sí Sebastián, tuve que eliminar la opción de copiado en el blog y ocultar los textos que estaba subiendo a scribd porque ya he pillado a varias personas apropiándose de las traducciones para confeccionar libros que están vendiendo de manera ilegal. Me ha pasado en Chile y en Perú, así que sintiéndolo mucho tuve que optar por hacerlo así, para por lo menos ponérselo "más difícil".

      Manon

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