domingo, 15 de diciembre de 2013

ESPÍRITUS DE LOS ELEMENTOS (V)

Por Jaq D. Hawkins
(Traducido por Manon de Spirits of the Aether)

La Naturaleza del Éter



Todo hombre y toda mujer es una estrella”
Aleister Crowley


El Éter es el elemento del Espíritu. Engloba la base para todos los otros elementos; Tierra, Aire, Fuego y Agua, y los magos creen que es el tejido de la existencia a través del cual la magia y la creación en sí mismas se transmiten. Es la materia de lo que Aristóteles llamó la “Primera Materia” o la fuente primigenia, algunas veces el “primer elemento” o “cuerpo primario”. Esta no es una referencia a una secuencia numérica, sino a la fuente de Todo, la cual debe existir con el fin de que todo lo demás pueda venir a existencia. Es, en esencia, el caos primordial de la misma creación. Aristóteles consideró a este elemento como puro e incorruptible, no afectado por el cambio y la decadencia.
En un reino de Espíritu puro, las cualidades de los elementos visibles se combinan y descomponen como la luz coloreada la cual es hecha visible separadamente a través de un prisma, pero con el Espíritu el prisma funciona en ambas direcciones, trayendo las cualidades de cualquier elemento dentro de la totalidad del Espíritu tan fácilmente como descompone el aspecto simple desde la totalidad. El elemento del Éter representa la magia y el Espíritu, y el misterio de cómo se relaciona la una con la otra.
La magia realizada a través del elemento Éter es del espíritu. Puede incluir prácticas que apelen a formas del Espíritu tales como elementales, Angélicas o incluso espíritus demoníacos, pero es generada muy estrechamente a través de la propia esencia espiritual personal. La magia etérica es magia del yo, del mago, y de las relaciones de los magos con el mundo del Espíritu como una totalidad interrelacionada. Es en el reino del Espíritu que uno puede ver la interrelacionalidad de los otros elementos; la base física de la Tierra, las cualidades inspiradoras del Aire, la fuerza impulsora del Fuego y la mutabilidad de la capacidad directiva en la naturaleza emocional del Agua que vienen juntas dentro de un delicado equilibrio de la magia que es a lo que llamamos Espíritu.
El Éter ha sido referido como el “tejido del espacio/tiempo”, la substancia a través de la que la magia es transferida desde la fuente al objeto. Es representado por muchos símbolos en diferentes culturas, quizá el más apto es la lemniscata que representa a la eternidad. Aristóteles dijo de su propia teoría de la eternidad que el universo en su presente arreglo cosmológico nunca ha sido generado en el pasado, y nunca cesaría de ser en el futuro. Esta es una temprana forma de teoría de tiempo continuo, en la que la científicamente aceptada teoría del “big bang” no tiene lugar, sino que la siempre cambiante materia del universo, como la energía, no es realmente creada o destruida, sólo transmutada. El argumento de Aristóteles para esta teoría es que la materia es no-generada porque si tuviera que venir a ser, entonces algo debe haber existido antes que ella con el fin de haberla generado, o como un substrato, porque nada viene a ser de la nada, y esto es materia en sí misma. Él considera la teoría del Éter como una confirmación de la creencia en un universo eterno. Algunos de sus argumentos expuestos en este diálogo De Philosophia son que:

1. El universo no puede ser destruido desde el exterior ni desde el interior, porque no hay nada exterior a él para destruirlo, y no hay nada lo bastante poderoso para destruirlo desde el interior.
2. Cuando quiera que un cuerpo compuesto perezca, sus partes, que han sido mantenidas juntas en una posición contra natura, retornan a sus lugares naturales. La composición del universo, sin embargo, es armoniosa y natural; por lo tanto, el universo no puede perecer.
3. Si el universo fuera creado, Dios mismo nunca lo destruiría, ni incluso con el fin de crear un nuevo universo. Porque el nuevo universo sería peor que, igual a, o mejor que el presente universo. Siendo las tres posibilidades incompatibles con la idea de un principio divino incambiable.

Obviamente este último argumento está basado en una creencia de la teología Cristiana que era la religión aceptada del tiempo y era, aunque las teorías de Aristóteles de la eternidad del movimiento y el tiempo en la física universal no concordaban algunas veces con esta teología y se adelantaban a los tiempos. Aristóteles, incluso a través del repudio, ha contribuido significativamente a las modernas teorías de la física y la cosmología, y consecuentemente a la filosofía de la magia. La creencia y la filosofía son memes mutables que cambian con el tiempo, la experiencia y los nuevos descubrimientos. El científico Lavosier postula, e incluso demuestra por el método científico, que el Éter no existe, porque como la magia misma, no puede ser detectado ni medido por los métodos científicos, por lo tanto los científicos no creen en el Éter. Sin embargo, los magos continúan practicando magia a través de él como un medio, sabiendo que el Espíritu puro nunca será demostrado por los científicos, quienes a menudo prefieren demostrar la no existencia de aquello que no pueden agarrar y controlar.
La magia Etérica puede ser practicada en cualquier momento y en cualquier lugar. Aunque los símbolos de la magia pueden ser empleados en el ritual Etérico, en la práctica real estas cosas son innecesarias. Aquello que es del Espíritu no depende de lo material. Los implementos son usados para enfocar el espíritu del mago, aunque llegará un tiempo para muchos en el que las cosas del ritual puedan ser transcendidas. El mago puede todavía usarlas, equilibrando los símbolos de los elementos colectivos, pero el mago trascendente reconocerá que los objetos no son estrictamente necesarios, y será capaz de realizar magia cuando sea necesario sin la presencia física de los objetos materiales.
Los hechizos etéricos podrían ser usados para casi cualquier cosa, pero son más apropiados para cosas tales como la autotransformación, el contacto con espíritus, alcanzar la consciencia más elevada o la búsqueda de los registros Akáshicos, y la magia benevolente otorgada a otros. También podría ser usada para magia maléfica, pero esto es extremadamente peligroso ya que la magia del Espíritu debe fluir a través de la propia esencia espiritual del mago, y los magos más experimentados que son capaces de hacer uso de esta área de la magia, generalmente serán conscientes de que hay formas menos arriesgadas de conseguir los propósitos que pueden inspirar la posiblidad.
Las creencias sobre los espíritus Etéricos son muchas y variadas. Algunos creen en Ángeles de varios tipos, algunos creen en hadas clásicas. Algunos sienten que son observados por sus ancestros, algunos creen en un panteón de dioses y diosas o un espíritu supremo que gobierna sobre todos. En todos estos casos, pueden ser encontrados ejemplos de la creencia en que la invocación de la asistencia de estos espíritus puede ser de beneficio. Hay algunos que creen que nuestro propio espíritu o alma es el único espíritu real, o en alguna versión del “yo superior” como es representado por el concepto del Santo Ángel Guardián de Aleister Crowley, un tipo de espíritu gemelo cósmico.
Algunos creen que el Espíritu puede ser más fácilmente encontrado en ciertos lugares, ya sea que esté en una iglesia o Templo o en un lugar misterioso como una niebla feérica. Algunos relatos y conceptos de espíritus específicos evolucionan con el tiempo, como la percepción de los espíritus vampíricos que han sido afectados tanto por la leyenda como la ficción a lo largo del tiempo. Aunque la esencia de tales espíritus siempre ha existido, sólo las percepciones y personificaciones son las que la adaptan. Para el practicante de magia del Espíritu, incluso estas fuerzas aparentemente negativas pueden ser dirigidas para buenos propósitos.
Como los elementos más físicos, el Éter es auto-purificador y auto-equilibrante. Aquellos que buscan abusar del mundo del Espíritu, rápidamente encontrarán que la “onda” se corregirá a sí misma, reduciendo los recursos mágicos propios del que busca usar esta forma de magia para intenciones ruines, o haciendo circular la energía negativa de vuelta a su originador. Aunque el que busca grandes ideales encontrará que muchas energías positivas también buscarán equilibrio en el mundo del Espíritu, reduciendo de nuevo la energía del practicante y revirtiendo sus efectos. Más que cualquiera de los elementos físicos, el Éter demanda equilibrio. Es en este equilibrio que el que busca la justa compensación a través de los senderos más oscuros puede encontrar el éxito, aunque haciéndolo así el mago recorre la fina línea que puede así fácilmente mover sus límites. El Espíritu requiere paz, no violencia o venganza. Es en la búsqueda de la paz del propio espíritu que la magia del espíritu oscuro puede ser exitosamente empleada.
El poder del Éter, o Espíritu, es la fuerza definitiva. Una persona que “tiene espíritu” puede superar cualquier desastre, sobrevivir a cualquier catástrofe. Una persona a la que le “falta espíritu” puede sucumbir a la depresión ante la más ligera dificultad o ceder ante las circunstancias sin hacer ningún esfuerzo por mejorar las condiciones. En casos extremos, la persona puede incluso caer en la psicosis con el fin de escapar de la responsabilidad del Yo. Este tipo de psicosis es generada de forma emocional más que biológica. He visto una persona que sufre de una psicosis biológicamente inducida superar sus efectos a través de la fuerza del espíritu que le permite buscar ayuda profesional, tomar la medicación apropiada y buscar métodos internos para la superación de los efectos debilitantes de una biología fuera de equilibrio. También he visto una persona con la misma condición alcanzar un nivel de estabilidad que la llevó a un nivel de funcionamiento que parecía verdaderamente impre-sionante, y después sobreconfiadamente dejar su medicación y sistemas de apoyo, el equilibrio fue inclinado y empezó a tener desilusiones sin sentido que la condujeron a abandonar amistades y aceptar la inevitabilidad de su propia auto-destrucción eventual. Tal es la naturaleza del Espíritu en la que un momento de fuerza o debilidad puede volcar el equilibrio.
Es a través de la fuerza del espíritu que algunas personas triunfan donde otras puedan fallar, ya sea a través del éxito financiero o de otras formas de lo que la gente llamaría “suerte”. De forma similar, la habilidad para trabajar esta forma de magia tiene el potencial para lograr metas aparentemente imposibles. El Éter es la materia prima de potencial infinito, del caos no formado, donde todas las posibilidades existen, e incluso lo improbable puede ocurrir si la correcta combinación de factores son empleados. La magia del Espíritu es infinita en su potencial. Aprender a enfocar y dirigir este potencial infinito es el carácter del Éter, y de la magia en sí.
La creación y destrucción toman un nuevo significado cuando son aplicados al reino del Éter. El potencial para crear y destruir sobre el plano espiritual es más terrorífico que las perturbaciones físicas de catástrofes tales como los terremotos, las grandes tormentas, fuegos y mareas estacionales. Aunque como con estas transformaciones físicas, el Espiritu puede ser transformado derribando lo antiguo para recrear lo nuevo. En esto está el concepto de la “noche oscura del alma”, la completa devastación del Espíritu a través de los desastres emocionales que tan inevitablemente tienden a volverse un rasgo del sendero mágico. Es derribando los antiguos conceptos y creencias en la arena del Espíritu que el mago se vuelve capaz de encarar sus propias fuerzas y debilidades, su propio lado más oscuro o “sombra” como Jung lo denominó, y esperanzadoramente emerger de la prueba espiritualmente más fuerte y lo que es más importante, conociendo los matices de su propia naturaleza. Este es el renacimiento del Éster, el despertar de la propia naturaleza espiritual individual.
A menudo la gente buscará ayuda de entidades espirituales de algún tipo a lo largo de las pruebas de la vida. Algunos creen que estas entidades son de algún modo amplificadas en lugares de adoración o a través de la devoción personal. Tales creencias están extendidas y toman muchas formas, desde la bella dama próxima a la puerta que va a la iglesia cristiana, al azteca sacrificando a sus dioses, al incienso que yo enciendo cada mañana a la estatua de una diosa que me hizo un muy grande favor una vez. Las formas de devoción varían, pero el concepto detrás de ellas es en todas básicamente el mismo. Dejar un platito de leche fuera para las hadas proviene del mismo concepto, apaciguar a los espíritus Etéricos sea cualquiera la forma que creamos que tomen. Incluso el ateo es conocido a menudo por “soplar sobre los dados para tener suerte” o hacer algún otro acto que huela a superstición, pero es en efecto una forma de pedir a una fuerza espiritual indefinida un poco de ayuda extrema.
Los espíritus del Éter, aunque atribuidos a las correspon-dencias y asociaciones alquímicas, son un poco diferentes de los elementos físicos en que los límites entre lo físico y lo espiritual están menos definidos. Aquellas cosas que son de los elementos físicos están permeadas también por el Espíritu, y por lo tanto los espíritus de cualquiera de los elementos pueden ser considerados como espíritus Etéricos. Aún así, hay algunos espíritus que no son de los elementos físicos, y nos enfocaremos sobre esos como el propósito de este volumen ya que los otros habrán sido tratados en los volúmenes apropiados de esta serie. Algunos se solaparán inevitablemente, especialmente en el reino de las hadas. Otros, mientras que estrictamente considerados como “del Espíritu”, todavía abarcan el equilibrio de los reinos elementales como una totalidad. Las correspondencias, como he explicado en los volúmenes anteriores de la serie, son las percepciones humanas y las formas de categorización que los interrelacionan en el reino del Espíritu. Aún así las asignaremos en nuestros intentos por crear sentido en lo que transciende las definiciones suministradas por el lenguaje humano. En el mundo del Espíritu, buscamos entender aquellas cosas que la ciencia es incapaz de pesar, medir y categorizar.

Al aprender a entender esas entidades espirituales que asociamos con el Éter o el mundo del Espiritu en sí, buscamos entender el equilibrio del universo, la naturaleza del Espíritu tal como se aplica a nuestros propios espíritus humanos y el poder del caos primordial que da nacimiento a toda la existencia y lo potencial. La naturaleza de la magia, como se relaciona con el mundo del Espíritu, es la meta que buscamos entender conforme aprendemos sobre el tejido del espacio/tiempo, el primer elemento, que podemos llamar Éter.


------------------------------------------

Este texto ha sido extraído de un libro muy interesante que te recomiendo que compres para tu biblioteca personal en el siguiente enlace:




No hay comentarios:

Publicar un comentario