jueves, 5 de mayo de 2011

MALJUT

Por Chic Cicero y Sandra Tabatha Cicero
(Traducido por Manon de Scrying on the tree of life)

     Maljút, la décima y última Sefirá, es la más densa y material de todas las esferas. Es conocida como “el Reino”, porque alude al universo físico en el que los humanos existimos. Es la esfera más cercana a nuestra consciencia despierta normal. Maljút es el cosmos corpóreo como lo conocemos- es la tierra, el aire, el océano y el sistema solar. Es lo divino vestido de materia- es granito, madera, arena y carne. Este es el nivel de la divinidad que tiene la más inmediata influencia sobre nuestro mundo material y circunstancias físicas. El planeta tierra es asignado a esta esfera.

     De acuerdo al Séfer Yetsirá:

     El Décimo Sendero es la Inteligencia Resplandeciente, así llamada porque está exaltada por encima de toda cabeza, y se asienta sobre el trono de Biná. Ilumina el esplendor de todas las Luces, y causa una influencia que emana desde el Príncipe de los Semblantes el Ángel de Kéter.

     El título “Inteligencia Resplandeciente” implica una relación cercana entre Maljút y Kéter, la primera y última esferas del Árbol. En este punto las emanaciones están completadas y el resultado es la brillantez del Árbol de la Vida unificado. Maljút ahora se convierte en el Kéter de otro Árbol en otro nivel. La mención del trono de Biná implica otra cercana relación – Biná, la gran madre, es la dadora primordial de forma, mientras que Maljút, la madre menor, es la dadora final de forma.
     Maljút es la única esfera que ha logrado la estabilidad e inercia (un periodo de descanso). También es la única esfera que no es parte de una triada. La décima y última esfera recibe el marco de trabajo etérico de manifestación (las influencias desde Yesod) y completa el proceso de construcción trayendo la energía a tierra en la materia. Maljút es el contenedor para las emanaciones de las otras nueve Sefirot.
    Otro título de esta esfera es “la puerta”, que implica que nosotros como seres físicos vivimos todas nuestras vidas en el reino de Maljút, sólo pasando a través de la puerta al dejar nuestros cuerpos detrás.

Una Visualización Guiada dentro de Maljút

     Sumario: En este trabajo de sendero, el estudiante entra al templo astral de Maljút, encuentra al arcángel Sandalfon, y tiene una visión de la Espada Flamígera de la Cabalá y los dos Kerubs del Árbol de la Vida, Sandalfon y Metatron. Después encuentra los arcángeles de los cuatro elementos que comprenden los cuatro subcuartos de Maljút. Emblema del sendero: La cruz de brazos iguales.
     En el ojo de tu mente, te ves a ti mismo encarando la puerta del templo astral de Maljút. Una gran puerta está frente a ti. La puerta está dividida en cuatro colores: cetrino, oliva, bermejo y negro. Los colores forman triángulos que se unen en el centro de la puerta.
     Grabado dentro de este portal está la letra Mem, la letra inicial de Maljút, pintada en blanco. Astralmente, haces el Signo de Proyección y después pasas a través de la puerta dentro del templo de Maljút. Una vez al otro lado, realizas el Signo de Silencio.
     El templo es una gran cámara de diez lados con paredes construidas de pesados y marrones ladrillos terrosos. El suelo está dividido en baldosas negras y blancas. Enormes columnas de roble rodeadas con gruesas parras soportan un techo de cristal de roca puro. En la pared sur del templo hay una gran chimenea rugiente. Integrada en la pared oeste hay un mosaico azul en relieve de un águila. El pico del ave forma un surtidor desde el que cae agua dentro de un pilón en la parte baja del mosaico. En el norte hay una grande, redonda y grisácea piedra de molino usada para moler el grano. En el este hay un gran brasero de incienso hecho de oro. La esencia de Díctamo de Creta llena el aire.
     En medio de la cámara hay un altar negro grabado en roble sólido. Está cubierto por un mantel dividido, como la puerta de acceso al templo, en los colores cetrino, oliva, bermejo y negro. El centro del mantel del altar es blanco, y sobre el mismo hay una brillante llama ardiendo en un bol de cristal.
     Acercándote a la luz, entonas el nombre divino de este templo, Adonai Ha-Aretz. La llama arde brillantemente mientras tú lo haces. Después, entonas el nombre del arcángel que gobierna las fuerzas de esta esfera, Sandalfon. Después vibras el nombre de la orden angélica que opera en Maljút, los Ashim, las “Almas de Fuego”, que son la esencia de la llama sagrada del templo. Son ángeles de la adoración que bailan como seres de ascuas flotando alrededor del altar central de fuego. Son, de hecho, las almas de seres humanos que están dedicadas al servicio de la Luz.
     Dentro de las nubes espirales de incienso en el este, una figura emerge. Apareciendo como una alta forma femenina en túnica de cetrino, oliva, bermejo y negro, es el arcángel Sandalfon, con pelo oscuro y compasivos ojos marrones. Instintivamente, das el Signo del que Entra. Sandalfon responde con el Signo de Silencio.
     Ella habla: “Has entrado en el Reino de la Inteligencia Resplandeciente. ¿Por qué símbolo has entrado aquí?
     Respondes: “Por este símbolo de la cruz de brazos iguales”. Mientras sostienes la cruz en alto.
     Encaras al arcángel a través de la luz del altar mientras ella dirige tu atención a la llama del templo que arde radiantemente en el bol de cristal. “Prepárate para Entrar a la Región Inmensurable,” te dice ella.
     El templo que te rodea parece hacerse transparente. Se desvanece de la vista y es reemplazado por nubes y niebla. Ante ti hay una imagen de una gran Espada Flamígera, que está quebrada como el rayo de un relámpago. Sandalfon emerge desde la niebla y permanece a la izquierda de la espada. Esta vez ella está vestida con túnica oscura, sus grandes alas echadas hacia atrás forman un halo de gloria alrededor de toda su figura. Dos rayos de luz emanan desde los lados de su cabeza, pareciendo un poco como los cuernos de la realeza en una corona Babilónica. Otra figura emerge a la derecha de la espada. Es una figura masculina con oscuro pelo rizado y barba. Su túnica blanca es tan brillante que es difícil apreciar dónde empieza y termina su gloria. Sus alas están también echadas hacia atrás en un halo, y su cabeza es agraciada con los dos rayos de luz como cuernos.
     Ambas figuras están a los lados de la Espada Flamígera, con sus brazos estirados en la forma de una cruz Tau. Comunicándose sin mover sus labios, Sandalfon te habla en tu mente:
     “Y Tetragrammaton Elohim plantó un jardín al Este del Edén, y del suelo hizo Elohim crecer todo árbol placentero para la vista y bueno de comer; el Árbol de la Vida también, en medio del Jardín, y el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Este es el Árbol que tiene dos senderos, y es la décima Sefirá Maljút, y tiene sobre ella siete columnas, y los cuatro esplendores giran sobre él como en la visión de la Mercabah de Ezequiel; y desde Guedulá deriva un influjo de Misericordia, y desde Guevurá un influjo de Severidad, y el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal estará hasta que sea unido con los Supernos en Daát.
     Pero el Bien que está abajo es llamado el arcángel Metatron, y el Mal es llamado Samael (el consorte de Lilith), y entre estos dos contrarios yace el recto y angosto camino donde el arcángel Sandalfon guarda vigilia. Las almas y los ángeles están sobre sus ramas, y los qlifot o demonios moran bajo sus raíces."
Metatron habla sin mover sus labios: “Aprende entonces a separar lo puro de lo impuro y refina el oro del Espíritu del Dragón Negro, el cuerpo corruptible.”
     Los dos grandes arcángeles, Sandalfon y Metatron, cruzan sus brazos sobre sus pechos. En un relámpago de luz tanto ellos como la espada se han ido. En su lugar hay una gran cascada, la fuente de la cual surge se eleva hasta el cielo en sí mismo. Termina dentro de cuatro ríos, que fluyen hacia las cuatro direcciones cardinales. A tu derecha hay un río de fuego. A tu izquierda hay un río de agua. Ante ti hay un río de aire. Detrás de ti hay un río de tierra.
     Mijael, el arcángel del fuego, emerge desde el río de fuego en el sur. Es una figura masculina brillante, llameante, de pelo oscuro, y vestido con una armadura roja y una cota de malla verde. Una flotante capa roja cuelga desde sus hombros. Sus alas emplumadas son rojas con puntitas de verde. Lleva una espada, porque él es un gran guerrero y un protector.
     Parece extraño cómo una poderosa figura tal puede evocar sentimientos de sorpresa y confort a la misma vez. Le pides ver los trabajos del fuego elemental en el reino de Maljút. Mijael extiende su capa y saca un triángulo de fuego rojo con el que toca tu corazón. Un sentimiento de calidez empieza a irradiar a través de tu pecho. El arcángel te toma por la mano y juntos voláis a la cima de una montaña cubierta de árboles donde una feroz tormenta de relámpagos está azotando la tierra. Las negras nubes de tormenta se agitan ruidosamente contra el cielo nocturno.
     Mientras desciendes al suelo, un gran ruido de fractura rasga el aire. Un rayo parte una gran rama de un viejo roble en una explosión de luz y trueno. El extremo carbonizado de la rama partida todavía está ardiendo mientras Mijael la coge para que la examines. Miras el fuego, pero su calor es intenso, y no entiendes qué quiere el arcángel hacer. “Es caliente,” le dices.
    “Mira más profundamente,” replica. Miras dentro del fuego, no con tus ojos físicos, sino que con tu visión interior. Tu visión del fuego parece “deformarse” como si la imagen del fuego fuera una dimensión cambiante. El calor del fuego disminuye – al menos no parece molestarte más. Ahora ves llamas blancas, no rojas, y comprendes que estás mirando al fuego en un nivel microscópico, o más bien microcósmico.
     Puedes ver que la fuente física del fuego es un rápido cambio químico que libera calor, energía, y luz que es acompañada de llama, y es la oxidación de una substancia combustible. Todavía puedes ver también que la fuente espiritual de la reacción química que toma lugar es un resultado de los trabajos de criaturas espirituales conocidas como salamandras, los seres elementales de fuego. Ves pequeñas criaturas danzantes con forma de llama, formando “eses” y uniéndose para comenzar el proceso de combustión. Mientras dos salamandras giran juntas como serpientes sobre la vara de Hermes, producen una chispa llameante. También ves una entidad que es el líder de las otras, una pequeña figura humanoide de pelo rojo, que se sienta con las piernas cruzadas en el centro de las figuras llameantes. Mijael te dice que este es Djinn, el rey de las Salamandras.
     La visión se desvanece mientras alejas tu consciencia de la rama ardiente. Mijael apunta a un área de densa maleza próxima al roble destruido. El relámpago pone en marcha un fuego de matorral que se extiende ampliamente a través del bosque. Estás desanimado ante esta destrucción, pero Mijael te dice que este fuego particular es benéfico para el bosque, aclarando los viejos árboles muertos y matorrales para que los nuevos arbolitos tengan una oportunidad para tomar raíz y crecimiento. Tu ansiedad disminuye mientras comprendes que esta purificación será buena a largo plazo para el viejo bosque.
     Contemplas el calor dentro de tu propio cuerpo y cómo tu cuerpo trabaja para transformar la comida en calor y energía.
     Mijael parece complacido contigo. Toma tu mano una vez más, y los dos voláis de vuelta a la confluencia de los cuatro ríos.
     Mientras tomáis tierra sobre el suelo, Gabriel, el arcángel del agua, emerge desde el río de agua al oeste. Ella es una fluida figura femenina con un cuerpo y cara plenos, pelo rubio y vestida en túnica azul y naranja, con un cordón alrededor de su cintura. Sus alas brillan débilmente como cristal líquido, y lleva una gran copa azul. Es muy amorosa y reconfortante a la vista.
     Le pides que te muestre los trabajos del agua elemental en el reino de Maljút. Gabriel saca de los pliegues de su túnica un triángulo azul de agua. Con él toca tu ombligo. Un sentimiento de calidez empieza a irradiar allí. El arcángel te toma de la mano y juntos voláis sobre un vasto océano. Lejos, bajo vosotros hay varios delfines rompiendo la superficie de las olas juguetonamente. Más lejos por delante, divisas un par de ballenas azules, criaturas verdaderamente gigantes, expulsando agua como un spray desde sus enormes cabezas mientras exhalan. El arcángel y tú pasáis sobre estas criaturas pacíficas. En la lejanía ves pequeños puntitos de tierra – islas de tierra contra el lienzo del mar. Gabriel os baja a una de estas pequeñas bolsas de tierra.
En el centro de la isla hay un pequeño arroyo de agua fresca que fluye hacia el mar. Gabriel te instruye para ahuecar tus manos juntas, llenándolas con el agua fresca, y observar. Y así lo haces.
     “Es húmeda,” le dices.
     “Mira más profundamente,” replica ella.
     Miras dentro del agua de nuevo, esta vez con tu visión interior. Tu imagen del agua parece burbujear y deformarse como si sufriera un cambio dimensional. Las burbujas desaparecen conforme miras dentro del nivel microcósmico del agua. Contra la pura trasnlucidez del agua, ves átomos de diferentes compuestos químicos enlazados juntos, formando moléculas de nuevas substancias. Pero también ves diminutos seres espirituales, diminutas criaturas naranja y azul nadando en interminables círculos, penetrando los bordes de cada nueva molécula, incluso penetrando los cuerpos de animales microscópicos y plantas a través de la osmosis. Estas son las Ondinas, los seres elementales de agua, haciendo silenciosamente su trabajo divino, pasando información y consciencia desde una molécula a la próxima, patrones de energía cíclica, causando ondas de manifestación, movimiento y flujo, e iniciando el proceso de purificación. En medio de estas criaturas ondulantes está una que tiene rasgos humanos y piel azulada, parece un poco como un duende de agua del folclore Europeo de hace mucho tiempo. Gabriel te dice que esta es Nicksa, la reina de las Ondinas.
     La visión se desvanece mientras tu consciencia se aleja del agua en tus manos ahuecadas. Gabriel te dice que bebas el agua, y así lo haces, permitiendo que el fresco líquido apague tu sed. Imaginas las Ondinas moviéndose dentro de tu sangre, llevando alimento a todas las células de tu cuerpo y llevándose las toxinas fuera de él. El pensamiento de este proceso de purificación te deja una sensación de limpieza y frescor.
     Miras y ves los tranquilos rasgos de Gabriel. Toma tu mano una vez más, y lo dos voláis de vuelta a la confluencia de los ríos. Mientras tomas tierra, Rafael, el arcángel del aire, emerge desde el río de aire al este. Él es una figura etérea, rubia y vestida con túnica amarilla y violeta. Sus pálidas alas amarillas son diáfanas y transparentes, como la niebla en sí misma. Sostiene la Vara del Caduceo de Hermes. Nunca habías visto una figura más regia.
     Le pides que te muestre los trabajos del aire elemental en el reino de Maljút. Rafael busca entre los pliegues de su túnica y saca un triángulo amarillo de aire. Él te toca con el mismo en la base de tu garganta. Una sensación de calidez empieza a irradiar allí. El arcángel toma tu mano y juntos voláis muy alto, más allá de las nubes.
     Pronto estáis planeando más altos que incluso que lo que los pájaros osan volar. El viento fustiga vuestro pelo y ropas. Entráis y salís de las nubes, sintiendo su fresca humedad en vuestra piel. Os precipitáis hacia la tierra a toda velocidad, sólo para retomar el vuelo en el último momento, ascendiendo muy alto hasta la estratosfera. Después Rafael te lleva más allá de la mesosfera, sobre setenta kilómetros por encima de la superficie de la tierra. Desde aquí puedes ver toda la masa de tierra en el espacio entre las nubes. Encima de vosotros está la vastedad del espacio oscuro – las estrellas y los planetas en su majestad silenciosa. “¿Qué ves abajo?” pregunta el ángel.
     “Nubes,” respondes.
     “Mira más profundamente”, replica él.
     Miras dentro de la atmósfera de nuevo, esta vez con tu visión interior. Tu visión de la superficie de la tierra parece deformarse y curvarse. Ahora vez los patrones de las corrientes de aire sobre el exterior del planeta, como si estuvieran pintados en diferentes colores con el pincel de un pintor. Las corrientes cambiantes, los cambios en la velocidad del viento y la temperatura del aire, la formación de tormentas, y los patrones espirales de los huracanes todos son visibles para ti. Puedes ver cómo de crucial es el volátil elemento aire para el clima de la tierra, y cómo de a menudo trabaja en unión con el elemento agua. Envuelve a la tierra con un manto protector que hace posible la vida.
     Rafael te baja a través de la atmósfera, cayendo hacia la tierra. Cuando estáis cerca de la tierra, disminuye la velocidad, y tomáis tierra graciosamente apenas sin esfuerzo después de todo. Rafael te muestra un campo de hierba rodeado por un bosquecillo de árboles. Con tu visión interior, ves miles de Silfos – diminutos seres espirituales con alas que parecen de telaraña portando lámparas. Desde la distancia parecen luciérnagas. Las lámparas que portan son los contenedores de la chispa dadora de vida que es llevada por el aire a todas las criaturas que respiran aire. Incluso las criaturas de agua necesitan esta chispa, obteniéndola a través de las agallas o la piel. El elemento fuego también necesita del aire dador de vida para la combustión. Un grupo de Silfos aletean alrededor de uno que es más grande que las otras, recuerda a un elfo o duendecillo con las alas de una libélula. Rafael te dice que este es Paralda, el rey de las Silfos.
     Mientras estás allí, respiras los Silfos – su oxígeno entra en tus pulmones y es llevado a todas las partes de tu cuerpo. Sientes la fuerza vital en todas las células.
     Vigorizado, miras y vez a Rafael sonriéndote. Toma tu mano una vez más, y los dos voláis de vuelta a la confluencia de los cuatro ríos.
     Mientras tomáis tierra, Uriel, el arcángel de la tierra emerge desde el río de tierra en el norte. Como una versión más hermosa de Sandalfon, Uriel está también vestida con túnica de cetrino, oliva, bermejo y negro. Sus alas son negras, punteadas con blanco, y sostiene tallos de trigo maduro en sus manos.
     Le pides que te muestre los trabajos de la tierra elemental en el reino de Maljút. Uriel rebusca entre los pliegues de su túnica y saca un triángulo negro de tierra. Te toca con el mismo en los pies. Una sensación de calidez empieza a irradiarse en ellos. El arcángel toma tu mano y juntos voláis sobre kilómetros de terreno montañoso, planicies de prados, y lujuriosas selvas.
     De repente, Uriel se precipita a tierra. Aunque sobresaltado no sufres daño. Los dos excaváis una madriguera dentro de la tierra. Finalmente, bajáis a una caverna con un arroyo subterráneo fluyendo a través de él que chispea aleatoriamente con piedras preciosas. El suelo de la cueva está vivo de criaturas, insectos y lombrices. Uriel se arrodilla para examinar el suelo. Te dice que hagas lo mismo.
     “¿Qué ves?” te pregunta.
     “Bichos y piedras,” le respondes.
     “Mira más profundamente,” replica ella. Mira dentro de la tierra de nuevo, esta vez con tu visión interior. Tu imagen del suelo parece burbujear y distorsionarse. Las distorsiones desaparecen mientras miras dentro del nivel microcósmico de la tierra. Mientras enfocas tu visión dentro del trasfondo negro del suelo, ves seres espirituales dirigiendo los movimientos de los insectos. Estas entidades son pequeñas criaturas negras de variadas formas. Son los Gnomos. Algunas parecen criaturas del folklore Europeo, pero otras parecen como lombrices negras o amebas con aura. ¡Gran variedad! Varias de las criaturas están realizando diferentes funciones. Algunas están comprimiendo la suciedad y los minerales en piedras preciosas. Algunas están creando menas minerales y metálicas. Algunas están dirigiendo lombrices para hacer túneles a través del suelo, aireando la tierra. ¡Tantas criaturas atareadas para un elemento “estático”! Uno de los más clásicos Gnomos, más grandes que la mayoría, está en medio de los otros. Uriel te dice que es Ghob, el rey de los Gnomos.
     Te agachas dentro de la tierra y encuentras cristales de sal. Te das cuenta que todo tu cuerpo está compuesto de minerales de la tierra. La tierra y tú estáis hechos de la misma substancia. Partes de ti una vez existieron en otras criaturas, en plantas, y en la tierra misma.
     Uriel interrumpe tu contemplación. Es tiempo de volver. El arcángel te toma por la mano y te eleva de la tierra. Ella vuela de vuelta a la confluencia de los cuatro ríos.
     Los cuatro arcángeles te rodean una vez más, como antiguos megalitos dominan sobre ti. Pero todavía tienen que mostrarte más. Con tu visión interior, ves el planeta tierra suspendido en medio de los cuatro arcángeles. Ves lo que el desequilibrio ambiental y el mal qlifótico liberado por la humanidad puede hacer al planeta. Ves una selva del tamaño del estado de Nueva Jersey quemada hasta el suelo en un día. Ves los combustibles fósiles ardiendo y las toneladas de polución que arrojan al aire. Y ves toxinas mortales vertidas en los océanos y ríos del planeta, rezumándose en las aguas que bebemos. También ves acres de áreas salvajes excavadas – reemplazadas por edificios y parking. Todos estos eventos ocurren sobre una base diaria. Esta visión muestra los deseos materiales de la humanidad corriendo furiosamente y poniendo en peligro la tierra en que vivimos. Es una imagen aleccionadora, y tú deseas usar tus poderes de discriminación para ayudar a restaurar el equilibrio de la tierra, en cualquier manera en la que puedas. Los arcángeles te ofrecen un consejo final.
     Rafael declara: “Sé puntual y activo como los Silfos, pero evitar la frivolidad y el capricho.”
     Mijael aconseja: “Sé enérgico y fuerte como las Salamandras, pero evitar la irritabilidad y la ferocidad.”
     Gabriel dice: “Sé flexible y atento para imaginar, como las Ondinas, pero evita la pereza y la mutabilidad.”
     Uriel declara: “Sé laborioso y paciente como los Gnomos, pero evita la grosería y la avaricia.”
     Sandalfon te dice: “Así desarrollarás gradualmente los poderes de tu alma, y te harás una vasija de valor para la luz divina.”
     Los cuatro arcángeles de los elementos se van en un relámpago de luz. Tú quedas en el templo de Maljút de nuevo, de pie frente al altar, al otro lado de Sandalfon. Nunca dejaste el templo en tu trabajo de sendero. Sandalfon parece complacido contigo. El halo de luz que la rodea en todo momento brilla incluso más resplandecientemente.
     Agradece a Sandalfon por esta, la primera de las exploraciones del Árbol de la Vida. Ella graciosamente inclina su cabeza y se desvanece de tu vista. Te vuelves y encaras el portal a través del que en principio entraste al templo. Haciendo el Signo de Proyección, pasas a su través. Una vez al otro lado, realizas el Signo de Silencio.


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