lunes, 21 de febrero de 2011

FETICHES

Por Nick Hall
(Traducido por Manon de Chaos & Sorcery)






    Un fetiche tiene diferentes connotaciones que un encantamiento o amuleto, es una parte integral de la hechicería tribal. Un fetiche puede ser visto como un almacén de poder mágico que es construido a lo largo de un prolongado periodo de uso continuado, siendo activado y recargado cada vez que es usado en un trabajo mágico. Un fetiche es, en ciertos casos, el tótem o dios de la tribu. Sería construido para servir a un solo propósito tal como proteger las propiedades de la tribu, o como fetiche (dios) de los cazadores. En ciertos casos un fetiche sería custodio del poder del líder de la tribu y se guardaría dentro de la choza o palacio del líder. Los fetiches de este tipo fueron pasados de una generación de líderes a la siguiente. Un fetiche a menudo es adorado de la misma manera que los dioses o espíritus de la tribu, y a menudo le es dado un nombre mágico. Este es otro rasgo distintivo de un fetiche, que los caracteriza separándolos de los encantamientos o amuletos. Un fetiche puede ser construido para servir a una variedad de propósitos. Estos incluyen consultar al fetiche para propósitos adivinatorios, en el que el dios que el fetiche representa es convocado para ayudar en la adivinación (Aleister Crowley convocaba al dios Hru para ayudarle cuando usaba la baraja del tarot de Thoth). Otras funciones mágicas incluyen los fetiches hechos específicamente para almacenar polvos, líquidos y otros encantamientos o amuletos. En este caso particular el fetiche es análogo a un reactor que almacenará el poder relevante para cargar cualquier objeto contenido dentro de él o colocado a su lado.
    Los fetiches son construidos generalmente de cualquier cantidad o combinación de materiales naturales usados también para construir amuletos, tales como madera, metales, arcilla o hueso. El fetiche de caza ‘Tembo’ de los Kuba-Ngongo es una figura de madera grabada con una cabeza humana de la cual sobresalen tres cuernos. Tembo tiene tiras de cobre sobre sus ojos, nariz y frente, está circundado con pequeños trozos de enredadera y la base está cubierta con tiras de tela. Mide cuarenta y ocho centímetros de altura. Los Kuba-Ngongo usaban este fetiche para ayudarles y protegerles en todos los aspectos de la cacería; los hechiceros de la tribu también usaban el Tembo para responder preguntas durante las adivinaciones relacionadas con la caza, entrando en trance para contactar con el espíritu astral del fetiche.
    Los Hechiceros del Caos pueden construir fetiches para actuar como sus sirvientes y dioses o diosas si así lo prefieren. Una vez construidos pueden ser modificados para mejorar su personalidad. Por ejemplo, plumas de pájaros tales como las del águila o el cuervo permiten al doble etérico del fetiche volar, la espina de un pez le dará la habilidad de explorar las profundidades de cualquier océano y huesos animales o humanos pueden ser triturados, para ser almacenados en una pequeña botella o saquito, y colocados alrededor del cuello del fetiche para guardar el espíritu del animal o humano muerto, dándole al fetiche una poderosa fuerza vital.
    La tribu Mbala fue al principio de este siglo, una de las tribus más primitivas que habitaban la región del Congo de África. Sus herramientas de hechicería eran similares a las usadas por el hombre prehistórico, siendo éstas dientes, cuernos y huesos. Los fetiches eran grabados principalmente en madera y el fetiche sólo podía ser cargado y activado si Kisi, una arcilla roja obtenida de sitios sagrados cuyos paraderos eran traspasados de generación en generación como una herencia mágica, era incluida en la confección del fetiche. Una vez había sido grabado, a menos que fuera cubierto con Kisi, no contenía poder mágico. Así el uso de Kisi era un secreto mágico fundamental de estos primitivos y poderosos hechiceros. Los hechiceros Mbala colocarían Kisi dentro de un pequeño agujero grabado dentro del tronco de un árbol, esto activaba al espíritu del árbol y entonces era considerado un fetiche viviente. El canibalismo también era parte de la cultura Mbala; se dividían en dos sectas distintivas, los Muri que no comían carne humana y los Fumu que sí lo hacían.
    Los Muri tenían privilegios especiales, estos incluían el derecho a ciertas partes de cualquier animal matado durante la cacería y eran los únicos custodios del uso mágico de las plantas, hierbas y polvos. Los Muri también enseñaban los rituales mágicos de la tribu a los sacerdotes/hechiceros del pueblo Mbala. Uno de los grandes hechiceros de los Ba-Mbala era Mwana N’gombe. Él tenía tres amuletos, heredados de sus ancestros, que llevaba en todo momento. Estos eran un brazalete (Mwena), un hacha y un tocado. Los N’gombe creían que incluso sólo ver el reflejo de los amuletos les mataría. Él también era un especialista en el uso de Kisi en la preparación de fetiches, encantamientos y amuletos y era considerado un anciano y excepcional hechicero entre la secta de los Muri de los Ba-Mbala. Los fetiches Mbala serían consultados o por un hechicero sólo, o en parejas de hombre y mujer. El fetiche se le frotaba con Kisi mientras el hechicero entraba en un trance (gnosis) para adivinar la respuesta a la pregunta de un cliente, o para ayudarles a solucionar algún problema que tuvieran entre manos. El fetiche generalmente era una figura humanoide grabada, pero sin la aplicación de Kisi solamente sería visto como un simple ornamento. Este es un ejemplo principal del uso y aplicación mágica del poder naturales extraído de la tierra, en este caso en la forma de arcilla roja Kisi.
    El Hechicero del Caos puede adaptar estas primitivas técnicas de hechicería y usarlas en conjunción con su propio fetiche. La arcilla gris inglesa es su forma natural, excavada del suelo por el hechicero, puede ser restregada sobre el fetiche durante diferentes tipos de trabajos de hechicería, para activar ciertas partes del cuerpo del fetiche. Durante trabajos de adivinación, frotar la arcilla dentro del tercer ojo del fetiche, este está situado en el centro de la frente, justo por encima de las cejas. Esto activará al fetiche, permitiéndole obtener la información necesaria y confiarla al hechicero mientras esté en trance, al cual debería entrar después de que la arcilla haya sido aplicada. Durante los trabajos de hechicería de naturaleza sexual, la arcilla puede ser aplicada al área genital del fetiche. El Hechicero del Caos puede crear un fetiche vivo adoptando la práctica Mbala de colocar un poco de arcilla en un agujero grabado en el tronco de un árbol. Después de esto, el hechicero activará el espíritu del árbol y será capaz de usarlo para proteger el área a su alrededor durante subsecuentes trabajos de hechicería; un roble es excelente para este propósito. Una vez se ha descubierto un roble adecuado y es activado por la arcilla y la magia del hechicero, servirá al hechicero bien, ya que los robles han sido adorados en esta tierra por miles de años, incluso antes de los Druidas; así que los pocos robles supervivientes en Inglaterra son ya fetiches durmientes esperando a aquellos que sepan cómo despertar su poder.
    El pueblo Iban de Borneo decoraban cráneos humanos, usándolos como fetiches para guardar el reino sagrado de los muertos y proteger a sus ancestros. Un ejemplo en el Museum of Mankind en Londres tiene mandíbula de mimbre, nariz de madera y cuencas de los ojos decoradas con conchas de caracol marino. Los pueblos Mixteca y Azteca de América Central y del Sur usaron cráneos humanos decorados para representar a Tezcatlipoca el dios patrón de los hechiceros. Este dios también era apropiadamente conocido como ‘Espejo Humeante’ y ‘Señor del Cielo Nocturno’. El sacrificio humano, tan común en la religión Azteca, también era llevado a cabo en honor de este dios. Algunas de los cráneos de las víctimas eran decorados, adorados y considerados poderosos fetiches, ayudando a los sacerdotes Aztecas en subsecuentes trabajos de hechicería. Bafomet, uno de los dioses ampliamente usados por los Hechiceros del Caos, fue adorado por los Caballeros Templarios en la forma de un cráneo humano. Un cráneo humano es un poderoso fetiche y el moderno Hechicero del Caos puede decorar una para representar su voluntad y obediencia a su mandato.
    La tribu Baluba de Zaire construía un fetiche de seis cabezas que tiene una vasija en medio de las cabezas conteniendo imitaciones de madera de cuerno de antílope, tiras de cobre y piel de animal. Este es un ejemplo de un fetiche multipropósito, que contiene amuletos y encantamientos para ser usados por el hechicero Baluba cuando sea requerido. El pueblo del Río Sankuru usaba una potente substancia mágica conocida como bwanga, que era contenida en ciertos fetiches. Una de tales fetiches tenía dientes en la cara, un cuerno que contenía medicinas, plumas colocadas en la parte de atrás de la cabeza y tejido de rafia cubriendo la parte inferior del cuerpo, y de cuarenta y cinco centímetros de estatura.
    El Hechicero del Caos puede crear un fetiche multipropósito mejor que varios para hacer diferentes tareas. El fetiche debería ser visto como un dios o espíritu y conforme más se familiarice el hechicero con el fetiche más grande será su poder. Las gentes de la tribu bailarían y tocarían el tambor para activar al fetiche, entrando en trance para permitir que la comunicación sea lograda con el espíritu del fetiche. El fetiche sería colocado en un lugar sagrado durante ciertos rituales y celebraciones. El acto sexual puede también ser realizado para honrar y activar al fetiche y ofrecimientos de todo tipo, incluyendo sacrificios de sangre, eran llevados a cabo para que el fetiche accediera a sus peticiones.
    Al fetiche le puede ser dado un nombre sacando aleatoriamente un número de letras escritas en trozos de papel de un agujero excavado en el suelo, o entrando alternativamente en trance para descubrir su nombre. Si las letras son usadas, puede hacerse con ellas un sigilo combinándolas en una representación pictórica del nombre, en la forma descrita por Austin Osman Spare. Este sigilo puede entonces ser grabado o dibujado con la sangre sobre el fetiche.
    Usa tu fetiche a menudo, respétalo como si fuera un dios, pero contrólalo. El hechicero es el dueño del fetiche, no le permitas al fetiche controlarte – este es un aspecto muy importante que no debe ser descuidado, por tu propio riesgo.
------------------------------------------


Este texto ha sido extraído de un libro muy interesante que te recomiendo que compres para tu biblioteca personal en el siguiente enlace:



No hay comentarios:

Publicar un comentario